Estatutos de la

Conferencia Episcopal Argentina

-         Naturaleza y finalidad

-         Plenaria La Asamblea

-         La Comisión Permanente

-         La Comisión Ejecutiva

-         Los Vicepresidentes

-         El Secretariado General

-         Normas generales

 

 

 

Prot. Nº 423/02 a

 

VISTO el Decreto Nº 711/56 del 29 de abril de 2002 por el que la Congregación para los Obispos reconoce y confirma los nuevos Estatutos de la Conferencia Episcopal Argentina, que fueran aprobados por la 82ª Asamblea Plenaria de la C.E.A. (12-17 de noviembre de 2001) mediante la Resolución N° 21 de la misma;

CONSIDERANDO la necesidad de proceder a su promulgación, por el presente

DECRETO

y conforme a lo establecido en el Canon 8 § 2 del Código de Derecho Canónico, se declaran promulgados los Estatutos de la Conferencia Episcopal Argentina y se establece que entrarán en vigencia el 29 de junio de 2002, Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, Apóstoles.

Buenos Aires, 20 de mayo de 2002

Memoria de María, Madre de la Iglesia 

+ Estanislao Esteban Karlic

Arzobispo de Paraná

Presidente de la

Conferencia Episcopal Argentina

+ Guillermo Rodríguez-Melgarejo

Obispo titular de Ucres y auxiliar de Buenos Aires

Secretario General de la

Conferencia Episcopal Argentina

 

 

 

Naturaleza y finalidad

Artículo 1

La Conferencia Episcopal Argentina:

a)   congrega de manera permanen­te a los Obispos de la Repúbli­ca Ar­gen­ti­na que, en co­mu­nión con el Romano Pon­tífi­ce, ejer­cen con­juntamen­te al­gunas fun­ciones pastora­les al servi­cio del pue­blo de Dios;

b) ejerce esta común responsa­bilidad con pleno respeto y reconoci­miento de la autoridad que cada Obispo tiene en el servicio pastoral de su Iglesia particular;

c)   es una expresión del afecto colegial de los Obispos del país que, animados por la caridad evan­gélica, guía su acción evangelizadora y afianza la comunión eclesial.

Artículo 2

La Conferencia Episcopal Argentina se propone:

a)   promover la evangelización con unidad de fines y acción, animando la pastoral orgánica en el orden nacional;

b) buscar y señalar la mejor manera de hacer más eficaz la actividad de los presbíteros y de los diáco­nos, de los con­sa­grados y de los fieles laicos en la misión salvífica de la Iglesia, según su propia voca­ción y res­ponsa­bilidad;

c)   estudiar los asuntos que inciden en la vida de la Iglesia.

Artículo 3

Son miembros de la Con­fe­ren­cia Episco­pal Argentina:

a)   los Obispos diocesanos y quienes se les equi­pa­ran en derecho, aunque no sean Obis­pos;

b) los Obispos coadjutores;

c)   los Obispos auxiliares;

d) los Obispos orientales que tengan sede en la Repú­blica Argenti­na;

e)   los Obispos titulares que, por designación de la Santa Sede o por elección de la Conferencia Episcopal, tienen un oficio eclesiástico en la República Argentina.

Artículo 4

Los Obispos eméritos y titulares pueden ser elegidos para integrar las Comi­siones Episcopales y demás orga-nismos. Asimismo, te­niendo en cuenta su experiencia pasto­ral, se apre­ciarán sus inicia­tivas y opinio­nes sobre los asun­tos que se traten en las diversas reuniones de la Conferen­cia Episco­pal.

Artículo 5

La Conferencia Episcopal Argentina tiene personería jurídica pública de acuerdo con el canon 449 § 2 del Código de Derecho Canónico y el art. 33 inciso 3º del Código Civil

de la República Argentina (cf. Decreto del Poder Ejecutivo Nacional Nº 230 del 27.7.1973 y Decreto del Poder Ejecutivo Nacional Nº 1475 del 19.10.1988).

Artículo 6

La Conferencia Episcopal puede adquirir, retener, admi­nis­trar y enajenar bienes tem­pora­les para alcanzar sus fines propios. La Conferencia Episco­pal cuenta con bienes in­muebles y muebles de su pro­pie­dad, y tiene como principales fuentes de in­gresos:

a)   los réditos del patrimonio de la Conferencia Episco­pal;

b) los aportes de las Iglesias particulares para el sosteni­miento de los organismos de la Conferencia Episcopal;

c)   las utilidades de la Oficina del Libro;

d) los derechos de autor que correspondan a la Conferen­cia Episcopal;

e)   las donaciones y subsidios.

Artículo 7

Tenien­do en cuenta las legítimas competencias, la Conferencia Epis­copal -de ordina­rio, a través de la Comisión Ejecuti­va- trata con las auto­ri­dades civiles federa­les las cuestio­nes de carácter nacio­nal.

Artículo 8

Son organismos de la Conferencia Episcopal Argenti­na:

a)   la Asamblea Plenaria;

b) la Comisión Permanente;

c)      la Comisión Ejecutiva;

 

d) el Secretariado General;

e)   las Comisiones Episcopales y demás organismos;

f)   el Consejo de Asuntos Econó­micos.

La Asamblea Plenaria

Artículo 9

La Asamblea Plenaria es el órgano primario y principal de la Conferencia Episcopal que expresa de forma particular el afecto cole­gial de sus miem­bros. Son sus atribu­ciones, entre otras:

a)   tratar y resolver los temas que figuran en el orden del día;

b) recibir, cuando correspon­diera, los informes de los orga­nismos de la Confe­ren­cia Epis­copal;

c)   publicar, cuando lo estime conveniente, cartas pastorales o documentos de carácter colec­tivo;

d) dar decretos generales y declara­ciones doctrinales;

e)   aprobar el presupuesto y el balance anual de la Conferencia Episcopal;

f)   elegir al Presidente, a los Vicepresidentes y al Secreta­rio General, a los Presidentes y miembros de las Comisiones Episcopales y demás organismos, y a los delegados y represen­tantes de la Conferencia Epis­copal en organis­mos eclesiales o civiles;

g)   constituir y suprimir Comi­siones Epis­copales y otros or­ganis­mos, tanto estables como transito­rios, determi­nando su finalidad y el número de sus miem­bros;

h) aprobar el Reglamento de la Conferencia Epis­copal y sus modificaciones;

i)   erigir asociaciones públi­cas y reconocer o aprobar aso­cia­cio­nes priva­das de fie­les que se proponen ejer­cer su activi­dad en todo el país, cu­yos es­tatutos hayan sido re­vi­sados o aprobados pre­viamente por la Comisión Ejecu­tiva;

j)   constituir fundaciones (cf. CIC can. 115 § 3).

Artículo 10

Todos los miembros de la Conferencia Episcopal con voto deliberativo tienen la obli­gación de participar de las reuniones de la Asamblea Plena­ria. Los miem­bros impedi­dos de asistir por justa causa lo co­muni­carán al Presiden­te y po­drán dar su pa­recer por es­crito acerca de los temas pre­vistos.

Artículo 11

En las reuniones de la Asamblea Plenaria, solamente tienen voto delibera­tivo los miembros de la Conferencia Episcopal, que están mencionados en el art. 3.

Artículo 12

Son invitados a la Asamblea Plenaria:

a)   el Nuncio Apostólico;

b) los Obispos eméritos y titulares que residen en la República Argentina y no tienen un oficio eclesiástico por designación de la Santa Sede o por elección de la Conferencia Episcopal;

c)                  los Obispos electos y lo ordenados aunque no hayan tomado posesión de su oficio.

 

Artículo 13

La Asamblea Plenaria, por sí o por medio de la Comi­sión Perma­nente, puede invitar excepcionalmente y en casos particulares a otras personas y convocar a los expertos necesarios. En caso de no haber tiempo su­fi­ciente, también puede disponer­lo la Comisión Ejecuti­va. Siem­pre deberá establecerse el tiempo y la modali­dad de su participación.

Artículo 14

La Asamblea Plenaria se realiza ordinariamente dos veces al año, pudiendo convocarse Asambleas extraor­di­na­rias siem­pre que, a juicio de la Comi­sión Permanente o de más de la mitad de los miembros de la Conferencia Episcopal, fuera considerado necesario.

Artículo 15

La Asamblea Plenaria puede dar decretos generales sólo en los casos en que así lo prescriba el derecho universal o cuando lo establezca un man­dato peculiar de la Sede Apos­tólica, otorgado motu proprio o a petición de la Conferencia Episcopal. Para su validez es necesario que se aprueben en Asamblea Plenaria con al menos dos tercios de los votos de los miembros de la Conferencia Episcopal con voto delibera­ti­vo, y no son jurídicamente vin­culantes hasta que, habiendo sido reconocidos por la Sede Apostólica, sean legítima­mente promulgados (cf. CIC can. 455 §§ 1-2).

Artículo 16

En los casos en que ni el derecho universal ni un man­dato peculiar de la Santa Sede haya concedido a la Conferencia Episcopal la facultad de dar decretos generales:

a)   permanece íntegra la compe­tencia de cada Obispo diocesa­no, y ni la Conferencia Episco­pal ni su Presi­dente pueden actuar en nombre de todos los Obispos, a no ser que todos y cada uno dieran su consenti­miento (cf. CIC cáns. 119, 3°; 455 § 4);

b) si algún Obispo, por causa justa, considera oportuno no aplicar en su diócesis las de­cisiones de la Asam­blea Plena­ria que no sean de­cretos gene­rales, lo co­municará al Presidente de la Conferencia Episcopal;

c)   en virtud del bien común y de la comunión jerárqui­ca, pro­curen los miembros de la Confe­rencia Episcopal ejecutar lo establecido en la Asamblea Ple­naria y abstenerse de pronun­ciamientos públicos contra lo acordado.

Artículo 17

La Asamblea Plenaria puede dar declaraciones doc­tri­na­les sobre aquellas nuevas cuestiones que se plantean en el mundo actual, con el fin de iluminar y guiar desde el Evan­gelio las conciencias y conduc­tas de los hombres.

Para que las declara­ciones doctrina­les de la Con­ferencia puedan constituir Magisterio auténtico y puedan ser publi­cadas en nombre de la mis­ma Conferencia, deben ser aprobadas en Asa­mblea Ple­na­ria, sea con el voto unánime de los Obispos miembros, sea con la mayoría de al menos dos tercios de los Obispos que tengan derecho a voto deliberativo; en este último caso, sin embargo, a la publicación debe preceder la “recognitio” de la Santa Sede.

Artículo 18

Cumplidas las normas del derecho, los decretos gene­ra­les son promulgados y las de­clara­ciones doctrina­les son publica­das me­diante decreto del Presidente de la Conferen­cia Episcopal firmado también por el Secreta­rio Gene­ral de la misma y dados a conocer mediante Comunicación Circular a los miembros de la Conferencia Episcopal. En cuanto sea posible, también serán publicados por la Oficina del Libro y/o el Boletín de la Conferencia Episcopal Argentina. 

Artículo 19

Las re­solu­ciones de la Asam­blea Ple­na­ria entran en vigor inmedia­ta­mente o en el tiempo en que la misma lo de­termine.

La Comisión Permanente

Artículo 20

La Comisión Per­manente mantiene una atención pastoral constante sobre la realidad argentina, tanto general como regional, procurando reco­nocer en ella los desafíos que pre­senta a la acción evangeli­zado­ra. En respuesta a tales desafíos, propone a la Asamblea Ple­naria las grandes líneas u op­ciones pasto­rales para su oportu­na consideración.

Artículo 21

Corresponde tam­bién a la Comisión Permanen­te:

a)   preparar el desarrollo y el tema­rio de cada Asam­blea Plena­ria;

b) velar por el cumplimiento de las decisio­nes tomadas por la Asamblea Plenaria para asegurar la continuidad de la acción pastoral en el país;

c)   publicar declara­ciones o comunicados cuando las circuns­tancias lo re­quie­ran y no fuera posible espe­rar la decisión de la Asamblea Plena­ria;

d)                 resolver, cuando corresponda, las cuestiones que no exijan la deci­sión de la Asamblea Plena­ria;

 

e)   aprobar los Reglamentos de las Comisio­nes Episcopales, del Consejo de Asuntos Económicos y demás organismos de la Con­fe­rencia Episco­pal, como así tam­bién sus modificaciones;

f)   designar al Rector de la Iglesia Argentina en Roma a propuesta de la Comisión Ejecutiva (cf. Estatuto aproba­do por el Vicariato de Roma, 16.2.1989, art. 3);

g)   observando el proceder indicado en sus Estatutos, proponer a la Santa Sede el candidato a Rector del Colegio Sacerdotal Argentino en Roma;

h) ratificar la designación del Rector de la Pontificia Univer­sidad Santa María de los Buenos Aires (UCA);

i)   designar al Presidente, Vi­cepresidente, demás Jue­ces, Defensor del Vínculo y Promotor de Justicia del Tribunal Ecle­siás­tico Nacional a propuesta del Modera­dor del mismo (cf. CEA, Decreto de erección 22.4.1982; Supremo Tribunal de la Signatura Apos­tólica, Decre­to de aproba­ción 2.6.1982, Prot. N. 472/70 VT).

Artículo 22

La Comisión Per­manente está compuesta por:

a)   el Presidente, los dos Vice­pre­sidentes y el Secretario Gene­ral;

b) los Cardenales que sean Obispos diocesanos en la Repú­blica Argentina;

c)   el Arzobispo de Buenos Ai­res;

e)                  los Presidentes de las Comi­siones Episcopales estables que se determinen en el Reglamento de la Conferencia Episcopal;

 

e)   un Obispo diocesano elegido por cada una de las Regiones Pastorales, que no sea miem­bro de la Comisión Permanente por otro título;

f)   el Presidente del Consejo de Asuntos Económicos.

Artículo 23

La Comisión Per­ma­nente se reúne, al menos, tres veces durante el año, en las fechas que determine la Comi­sión Ejecutiva. También puede reunirse cuando la Comi­sión Ejecuti­va lo considere necesa­rio o a pedido de los dos ter­cios de los inte­gran­tes de la misma Comisión Permanen­te.

Artículo 24

Las resoluciones de la Comisión Permanente pue­den ser revocadas por ella o por la Asamblea Plenaria.

La Comisión Ejecutiva

Artículo 25

La Comisión Eje­cuti­va ejerce la conducción ordina­ria de la Conferencia Episcopal y, por lo tanto, le corresponde:

a)   determinar el orden del día de las reuniones de la Comisión Permanente;

b) completar, cuando sea nece­sa­rio, el temario de la Asam­blea Plenaria;

c)                  en los períodos entre una y otra Asamblea Plenaria, y ante la imposibilidad práctica de reunir a la Comisión Permanen­te, puede resolver asuntos im­previs­tos, graves y urgentes y, eventualmente, publicar comuni­cados, infor­mando de todo lo ac­tuado en la si­guie­nte Asam­blea Ple­na­ria;

 

d) revisar o aprobar, según corresponda, los esta­tu­tos de las asociacio­nes pri­va­das y públicas de fie­les que se proponen ejercer su activi­dad en todo el país, previa pre­sen­tación de la respec­tiva Comi­sión Epis­co­pal y ha­biendo con­sulta­do al Conse­jo para Asuntos Jurídicos;

e)   nombrar, confirmar o instituir, según corresponda, al moderador nacional de las asociaciones públicas de fieles antes mencionadas, previa presentación de la respectiva Comisión Directiva.

Artículo 26

La Comisión Eje­cutiva está integrada por:

a)   el Presidente;

b) los Vicepresidentes primero y segundo;

c)   el Secretario General.

Artículo 27

El Presidente y los Vicepresidentes serán Obis­pos diocesa­nos. El Se­cre­ta­rio Gene­ral será un Obispo.

 

El Presidente

Artículo 28

El Presidente de la Conferencia Episcopal es el responsa­ble principal de la actividad de la misma. Sin per­juicio de las atribuciones se­ñaladas en otros artículos de estos Esta­tutos, le correspon­de:

a)                  dirigir, conforme al derecho común y a los Estatutos, todas las actividades de la Conferen­cia Episcopal;

 

b) representar a la Conferencia Episcopal en todos los asuntos, pudiendo firmar toda clase de docu­men­tos administrativos y escrituras en nombre de la mis­ma;

c)   convocar y presidir la Asam­blea Plenaria, la Comisión Per­manen­te y la Comisión Ejecuti­va.

Artículo 29

En caso de au­sen­cia del Presidente, lo suple el Vice­presi­dente 1º. Si esto no fuera posible, el Vicepre­siden­te 2º asume la presiden­cia, acompaña­do por los dos Metropolitano­s más an­ti­guos. Si coin­cidie­ra la au­sen­cia del Presi­dente y los dos Vicepre­si­den­tes, asumen tempo­rariamente sus cargos los tres Metropoli­ta­nos más anti­guos.

 

Los Vicepresidentes

Artículo 30

La Conferencia Episco­pal tiene dos Vicepre­si­den­tes que colaboran con el Presidente y lo reemplazan, por su or­den, en caso de au­sen­cia o imposibi­lidad tran­si­to­ria.

Si la impo­sibi­lidad del Presi­dente fuera defi­ni­tiva, el Vicepresi­dente 1º asu­me la pre­siden­cia hasta el tér­mino del período, y el Vice­pre­si­dente 2º pasará a de­sempe­ñar­se como Vi­cepre­sidente 1º. En la siguien­te Asamblea Plena­ria se elegirá al nuevo Vice­pre­si­dente 2º para comple­tar el pe­ríodo.

Artículo 31

El Vicepresiden­te que suple al Presidente, ejerce todas las facultades que compe­ten al Presidente.

Artículo 32

En caso de impo­sibili­dad definitiva de uno de los Vicepre­sidentes, la Asam­blea Plenaria procederá a ele­gir un nuevo Vicepresidente 2º para terminar el período.

 

El Secretariado General

Artículo 33

El Secretario General preside el Secreta­riado General que es el órgano habi­tual de servi­cio de la Confe­ren­cia Epis­copal para la coor­di­nación, comuni­ca­ción e infor­ma­ción de la misma. Por lo cual, de acuerdo a las indi­ca­ciones del Presidente de la Conferen­cia Episcopal, com­pete al Secreta­rio General:

a)   ser enlace entre los distin­tos or­ganismos de la Conferen­cia Episcopal y entre éstos y los miembros de la misma, para cuyo fin les en­viará oportuna­mente la in­forma­ción y las co­muni­ca­cio­nes que corres­pon­dan, parti­cularmente las Resolucio­nes de la Asamblea Plenaria y de la Comisión Permanente;

b) coordinar la acción de las Comisiones Episcopa­les y demás organismos, para lo cual con­vo­cará periódicamente a sus Se­cretarios Ejecutivos.

Artículo 34

Son también funciones del Se­cretario General:

a)   preparar y disponer lo ne­ce­sario para la Asamblea Plena­ria y las reuniones de la Comi­sión Permanente y de la Comi­sión Ejecutiva;

b)      ejecutar, dentro de los lí­mites de su mandato, los encar­gos que la Asamblea Plenaria, la Comisión Perma­nente y la Comisión Ejecutiva le confíen;

 

c)   redactar las actas de las distintas reuniones de la Asam­blea Plenaria, de la Comisión Permanente y de la Comisión Ejecutiva, y firmarlas a conti­nuación del Presidente;

d) disponer y coordinar los tra­bajos del Subse­creta­rio Eje­cu­tivo y demás auxiliares;

e)   or­denar y custodiar los ar­chivos de la Conferencia Epis­copal;

f)   autorizar las diversas acti­vidades que se desarrollen en la sede de la Conferencia Epis­copal;

g)   designar por escrito a todos los empleados de la Conferencia Episcopal;

h) estar en contacto con los organismos de la Sede Apostóli­ca, con el Secretario General del CELAM y con los Secretarios de otras Confe­rencias Episcopa­les, para facilitar todo inter­cambio de información que pueda ser provechoso a los Obispos en su ministerio pastoral;

i)   preparar y coordinar cuanto fuera necesario para el desa­rrollo de la visita «ad limina Apostolorum».

Artículo 35

La administra­ción de los bienes de la Con­fe­ren­cia Epis­copal está a cargo del Se­creta­rio General de acue­rdo con las prescripcio­nes del derecho. Al mismo corres­ponde, además de las funcio­nes enun­ciadas en el can. 1284 del CIC:

a)                  contratar, a tenor de la legislación civil vigente en la materia, previa presentación del organismo corres­pondiente y con la conformidad de la Co­misión Ejecutiva, los empleados del Secretariado General, de las Comisiones Episcopales y demás organis­mos de la Confe­rencia Episcopal (cf. 63ª Asam­blea Plenaria CEA, 23-30 abril 1992, Resolución n.7);

 

b) elaborar y presentar a la Asamblea Plenaria para su apro­bación el presupuesto y el ba­lance anual de la Conferencia Episco­pal, con el parecer del Consejo de Asuntos Económicos;

c)   proponer a la Asamblea Ple­naria para su aprobación, con el parecer del Consejo de Asun­tos Económicos, los criterios que conforman el monto de la contribu­ción de las Iglesias particula­res para atender los gastos de la Conferencia Epis­copal;

d) realizar, con el parecer del Consejo de Asuntos Económicos, el consentimiento de la Comi­sión Permanente y la licencia de la Santa Sede si fuera necesario a tenor del can. 1292 § 2 del CIC, los actos que sobrepasan el fin y el modo de la adminis­tración ordinaria enunciados en el De­creto general de la Conferencia Episcopal Argentina comple­men­tario  del can. 1277 del CIC.

Artículo 36

En caso de va­cancia del cargo de Secretario General, la Co­misión Ejecutiva desig­na un Obispo como Secretario Sustitu­to para ejercer el cargo hasta la si­guiente Asamblea Plenaria.

Artículo 37

Dependen del Se­creta­rio Gene­ral:

a)   el Subsecretario Ejecutivo y todos los empleados de la Con­ferencia Episcopal;

b) la Tesorería;

c)   la Oficina de Prensa;

d) la Oficina del Libro;

e)   la Oficina de Informática;

f)   otras dependencias que de­ter­mi­ne la Conferencia Episco­pal.

Artículo 38

El Subsecretario Eje­cu­ti­vo, quien ayuda al Se­creta­rio General en las funcio­nes que se le asignaren, es un sa­cerdote de­sig­nado por la Co­mi­sión Per­ma­nen­te a pro­puesta del Secre­ta­rio Ge­ne­ral. Perma­nece en sus funcio­nes has­ta el término del trie­nio para el que fue nombra­do cual­quiera haya sido el mo­mento de su de­signa­ción.

Artículo 39

En sus tareas adminis­trativas, el Secretario General es ayudado por un Tesorero de­signado por la Comisión Perma­nente hasta el término del trienio para el que fue nom­brado, cualquiera haya sido el momento de su designación.

Artículo 40

El Secretario General tiene a su cargo la Oficina de Prensa, la cual tiene por fun­ción informar sobre las activi­da­des y resolu­cio­nes de los diversos organismos de la Con­ferencia Episcopal según las instrucciones de cada uno de ellos.

Artículo 41

El Secretario General tiene a su cargo la Oficina del Libro, la cual edi­ta y distri­buye las publicacio­nes de los diversos organismos de la Con­fe­rencia Episcopal. Asi­mismo, podrá edi­tar o dis­tri­buir otras publi­ca­ciones que sean conside­radas de interés para la vida de la Iglesia (cf. Re­gla­mento de la Ofi­cina del Li­bro aproba­do en la 98ª Comi­sión Perma­nente, di­ciem­bre 1990 nn.1-2).

Artículo 42

Del Secretario General depende la Oficina de Informá­tica la cual coor­dina e imple­menta los servi­cios en la mate­ria.

Las Comisiones Episcopales y demás organismos

Artículo 43

Las Comisiones Episco­pales son organismos es­tables o transitorios consti­tuidos por miembros de la Con­feren­cia Episcopal para el es­tudio de los asun­tos en un campo determina­do de la evangelización. Podrán organi­zar actividades de ca­rác­ter nacional según las orien­tacio­nes y decisiones aprobadas pre­viamente por la Asam­blea Ple­naria.

Artículo 44

Corresponde al Presi­dente de cada Comisión Episco­pal proponer a la Asam­blea Ple­naria para su aproba­ción la modificación del nom­bre, la competencia y el número de miembros de la misma.

Artículo 45

Los miembros de la Co­misión Ejecutiva no presi­den de ordinario ninguna Comi­sión Episcopal, salvo mandato de la Asamblea Plena­ria.

Artículo 46

Los miembros de la Con­ferencia Episco­pal no pueden pertene­cer simultánea­mente a más de dos Comisio­nes, Consejos o Delegaciones Episco­pa­les es­tables. Tampoco pueden presidir al mismo tiempo dos de dichos organismos.

Artículo 47

Si alguna causa impi­diera definitivamente el desem­peño del cargo, el Presi­dente de una Comisión Episcopal será reemplazado hasta el final del período por el Obispo miembro que le sigue en la lista de elegidos para esa Comisión. Dicho reemplazo deberá ser de­clarado por la Comisión Ejecu­tiva.

Artículo 48

Cada Comisión Episcopal tiene un Secretario Ejecutivo desig­nado por la Co­misión Per­manen­te, a propuesta del respectivo Presidente, ha­biendo consultado a los demás miem­bros. Dicho Se­creta­rio Eje­cu­tivo cesa en su cargo al fin del trienio de la res­pectiva Comisión Epis­copal, cualquiera haya sido el momento de su de­signa­ción. Pue­de ser nombrado para un solo trienio conse­cuti­vo.

Artículo 49

Cuando sean ne­ce­sarios, el Presidente de cada Comisión Episcopal, previa con­sulta a la Comisión Permanente, puede de­signar peritos y con­sultores por el trienio. El Secreta­rio General dejará cons­tancia es­crita de la desig­na­ción.

Artículo 50

Toda Comisión Episcopal estable deberá redac­tar su propio Reglamento y el de los or­ganismos que de ella dependan, y presentarlos para su aproba­ción a la Comisión Perma­nen­te, como también sus eventuales modifi­cacio­nes.

Artículo 51

La Asamblea Ple­naria puede constituir Consejos Epis­copales formados por dos o más Obispos, y Dele­ga­ciones Episco­pales a cargo de un solo Obis­po.

El Consejo de Asuntos Económi­cos

Artículo 52

La Confe­rencia Episco­pal cuenta con un Consejo de Asuntos Económicos compuesto por al menos tres Obispos de­signados por la Asamblea Plena­ria.

Artículo 53

Competen al Con­sejo de Asuntos Económicos, entre otras, las siguientes funcio­nes:

a)   revisar periódicamente la gestión admi­nis­trativa del Se­cre­tario Gene­ral y del Teso­re­ro, como así tam­bién de los orga­nis­mos de la Conferen­cia Epis­copal que cuen­ten con fon­dos propios;

b) disponer cuando fue­ra nece­sa­rio la realización de audi­to­rías tan­to de los orga­nismos propios de la Confe­ren­cia Epis­copal como de los que dependen de la mis­ma;

c)   colaborar con el Secretario General para procurar fuentes de finan­ciamiento para las ac­ti­vidades de la Conferen­cia Epis­copal;

d) dar su parecer, en cuanto se refiere a su financia­miento, acerca de los programas ordina­rios y extraordina­rios de la Conferencia Episcopal;

e)   supervisar el Fondo Integral de Solidari­dad (FIDES) para la previsión so­cial del clero (cf. 33ª Asam­blea Plena­ria CEA, 10-15 mayo 1976, Resolu­ción n. 8; 55ª Asamblea Plenaria CEA, 2-7 noviembre 1987, Resolución n.16);

f)   recibir los informes de la Asociación Eclesiástica de San Pedro para la atención médica del clero.

Las Regiones Pastorales

Artículo 54

Para fomentar la coope­ración y la común acción pasto­ral entre los Obispos de una misma zona geográfi­ca, las Iglesias particulares se agru­pan en las Regiones Pastorales que se determinen en el Reglamento de la Confe­rencia Episcopal.

Artículo 55

Las Regiones Pastorales se rigen por las normas comunes aprobadas al respecto por la Confe­rencia Episcopal y por el Re­glamento dado para cada una de ellas por los Obispos dioce­sa­nos que las integran.

Normas generales

Artículo 56

Todos los parti­cipantes en las reuniones de la Asam­blea Plenaria, de la Comi­sión Perma­nente y de la Comi­sión Ejecuti­va están obligados a guardar secreto según la na­tu­ra­leza de los temas tratados, las exigen­cias pastora­les o el que se impusiera a petición expresa de la mayo­ría de los presentes.

Artículo 57

Las reuniones, convo­cadas oportunamen­te por el respectivo Presiden­te, podrán ce­le­brarse valida­mente con los miembros que es­tén pre­sentes. Para la validez de las votaciones se requiere la pre­sen­cia de la mayoría ab­soluta de los miem­bros del or­ganis­mo de que se trate.

Artículo 58

Todas las vota­ciones, excepto las que se re­fieren a eleccio-nes de perso­nas para cargos permanentes, decre­tos generales y de­clara­ciones doctri­nales, se deci­den por mayoría absoluta de los presen­tes.

Artículo 59

Las votaciones serán secretas siempre que se trate de dar un decreto gene­ral, una declaración doctrinal y en las elecciones de perso­nas, y asi­mismo cuando el Pre­sidente o al menos dos miembros del organis­mo así lo soliciten. En todos los demás casos, las votaciones serán manifiestas. Si el voto es escrito, el Pre­sidente de­signará una comisión escrutado­ra.

Artículo 60

Las elecciones de per­sonas se rigen por lo dis­puesto en el can. 119, 1º del CIC, ex­cepto cuanto sigue:

a)   Para los cargos permanentes, en los dos primeros escruti­nios se requiere el voto de los dos ter­cios de los presen­tes.

b) En paridad de votos, resulta elegido el Obispo más antiguo en ordenación episcopal, y si hubieran sido ordena­dos el mis­mo día, el de mayor edad.

Artículo 61

Todos los cargos elec­tivos, a no ser que expre­sa­men­te se haya establecido otra cosa, duran tres años. Se per­mite la reelección sólo por otro período consecutivo, a no ser que se hubiese asumido para comple­tar el trienio.

Artículo 62

Los miembros ele­gidos para un cargo pueden no aceptar o renunciar. La no aceptación y la renuncia se presentan, con sus motivos, al Presiden­te de la Conferen­cia Episcopal para su aceptación por la Asamblea Plena­ria. En casos urgentes, la Comisión Ejecutiva puede acep­tar o re­cha­zar la renuncia.

Artículo 63

Cuando haya cau­sa gra­ve, la Asamblea Plena­ria podrá declarar que un Obispo elegido para cualquiera de los cargos de la Conferencia Epis­copal, cesa de ejercerlo por el voto de dos ter­cios de sus mie­mbros.

Artículo 64

Este Estatuto pue­de modifi­carse en Asamblea Plena­ria por mayoría absoluta de los presen­tes. A tal efecto, en virtud del can. 454 § 2 del CIC, compete voto delibera­tivo solamen­te a los Obispos diocesanos, a quienes se les equiparan en derecho, aunque no sean Obispos y a los Obispos coadjutores. Las modifi­caciones introdu­cidas rigen luego de ser reconocidas por la Sede Apostó­li­ca.