Domingo 24 de Octubre
30° domingo durante el año (ciclo C)
Evangelio según
Elfariseo y el publicano
Este tema es central para todos nosotros,
para nuestros comportamientosy también para nuestras actitudes para con Dios y para
con los demás.
Parecieraque el humilde, el publicano,
es el que tiene que agachar la cabeza, el“desprolijo”, el “pobrecito”, el que
tiene que darlástima. No es esa la humildad. Estamos hablando de actitudes
profundas. Aveces eso puede ser una condición social u otras veces puede ser
una postura.Pero estamos hablando de cosas profundas.
Siempreel Señor nos lleva a la causa
primera, la causa principal, nos lleva a loesencial, cuando uno lee o escucha
el Evangelio, es esto pero nos lleva a otra cosa. Es mucho más profundo,tan
profundo que se juega toda nuestra vida. Esto sí que es básico y centralpara
nosotros.
Elfariseo se abastece a sí mismo. Por
supuesto que le reza a Dios, que cumple,que da limosna, que hace ayuno. El
cumplimiento ¿no? Cumple y miente. Pero noes un mentiroso sólo en el sentido de
que está mintiendo. Se está equivocandoporque no lo tiene a Dios como centro en
su vida. Tiene como centro su propiapersona.
¡Elha sustituido el lugar de Dios, y se
ha puesto en su lugar! El es el centro ytodo lo que hace está bien y lo
justifica. Podríamos decir que no necesita a Diospara salvarse, porque él se
salva por sus cosas, por lo que él realiza. Y no esasí.
Ningúnhombre puede salvarse por sí
mismo, sino que se salva en Jesucristo, por la feen El. Y también por la fe en
Jesucristo nosotros tenemos que responder con nuestrasvirtudes y con el mérito.
Pero siempre la salvación es gratuidad de Dios y noes acción de los hombres.
En segundo lugar, el fariseo mira al otro, lomide, lo mensura y lo
juzga: “¡no soy como este!, hago esto, hagoaquello.” Tiene una mirada muy
pequeña por más grande que se muestre o sepresente. Yo puedo decirles que el
fariseo se miente a sí mismo, porque no estádiciendo la verdad en lo más
profundo de su ser. Aunque no mienta en suspalabras, se miente a sí mismo
porque no está reconociendo la primacía de Diosen su vida. Por eso se miente.
En cambio el publicano sabe que, ante lagrandeza de Dios, está presente
su pequeñez y se presenta como lo que es, unpecador. Un pecador que tiene que
ser llevado a la conversión, a lareconciliación. Pero lo reconoce. Subsiste
concomitantemente, simultáneamente,la grandeza de Dios y la pequeñez de cada
uno de nosotros. Porque así esnuestra vida.
El que se reconoce limitado, el que se reconocepecador, el que se
reconoce pobre, el que no lo puede todo, el que no esautosuficiente, tiene la
convicción de que Dios sigue siendo Dios. Y uno es unapequeña cosa pero que
está santificada, está dignificada por la grandeza deDios. El humilde, como es
el publicano, dice la verdad. Y como dice Jesús“este volvió justificado” y el
otro volvió equivocado.
Pidámosle al Señor tener la actitud interna,que toque la motivación más
profunda, que toque nuestro corazón, que toquenuestra mente y la ilumine, que
nos lleve a dar respuestas propias y profundas,que se exprese en actitudes.
Pero cuando uno es humilde y vive en verdad,respeta a todos, no manipula
a nadie, no maneja a nadie, respeta la dignidad decada persona, los toma como
son, no como quiere que sean. No se relacionacaprichosamente. El humilde, el
sabio, acepta al otro como es.
Les dejo mi bendición y hoy, antes de entrar enla Iglesia, pensemos con
qué actitud vamos a entrar. Si como el fariseo o comoel publicano. Dios nos da
la gracia pero las actitudes las ponemos nosotros.
Que así sea.