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Queridos Hermanos:

                                   Queridas autoridades que hoy se han hecho presente en esta Iglesia Catedral para la celebración del Día de la Patria.

                                   Reflexionemos sobre algunas frases de nuestro Himno Nacional:

                                   Oíd mortales el grito sagrado”. A veces lo cantamos pero no nos detenemos en su contenido, en su letra. Estamos llamados a oír, a escuchar, a estar atentos, más que con el oído con el corazón de hombre, de cristiano, de ciudadano. El corazón es la sede de la audición, y somos capaces de comprender porque escuchamos.

                                   “Oíd mortales” nos define a nosotros, hombres en el tiempo, entre el principio y el fin, caducos y esta realidad nos hace humildes, por eso debemos aprovechar el tiempo que Dios nos concede. 

                                   “Oíd mortales el grito sagrado” no es un grito más. Es sagrado porque proviene del pueblo que clama. Es la voz del desocupado, del que no tiene salud, del que no tiene trabajo, de los jóvenes que no tienen acceso a la educación, sin posibilidades, etc. Es un grito que no debemos desoír porque toca la conciencia, llega al corazón. “Dios mismo escucha los gemidos de su pueblo, se acordó de su alianza, dirigió su mirada hacia ellos y los tuvo en cuenta”, dice el libro del Éxodo. 2, 24-25

                                   Es una invitación de nuestro himno, escuchar con profundidad para hablar con verdad, con caridad, con ejemplos de vida. Es escuchar la voz de la conciencia, la voz de Dios que se expresa por estos medios, es decir por el hombre creado a imagen y semejanza de Dios.

                                   “Sean eternos los laureles que supimos conseguir” considero también esta otra frase de nuestro himno que pareciera una contradicción porque antes nos dijo que éramos caducos, mortales, pero el hombre es capaz de hechos que sobrepasan el tiempo y a la persona, hechos perennes, superadores del tiempo. Hoy celebramos lo que otros construyeron y nos dejaron, superando sus vidas y quedando presente sus obras. 

                                   En este día de la patria hay dos palabras que me gustaría que tengan en cuenta, la Comunión y el Progreso, Dios no vio con buenos ojos que el hombre esté solo, y por eso dándose cuenta de esa situación crea a alguien semejante a él. Con ella hace su primer encuentro. El hombre no puede entrar en comunión con los animales, con la naturaleza, sino de persona a persona.   Sólo así progresa, crece. Cuando vemos a un matrimonio separado, lamentablemente se quedan solos y no progresan, decrecen.

                                               “Juremos con gloria morir”. Otra frase para tener en cuenta de nuestro Himno que nos ayuda a tomar conciencia. Hace algunos días estuve en la Universidad. Ver mas de 100 profesionales jurar por Dios, por la Patria, por el Evangelio y también por el Honor. No importa por quien juramos, lo importante es ser fiel al juramento, eso es lo que interesa. Por eso no puede pasar por una simple ceremonia de rutina, cuando hacemos ese juramento como ejecutivos, como legislativos, como jueces, como profesionales.  Es una toma de posesión de mi persona frente a la sociedad a la cual pertenezco.  El hombre asume un compromiso, un empeño personal, vivir una vida digna y lograrla para otros y así realizamos el destino de la Patria.

                                               Dios, cuando nos crea, lo hace para subsistencia, Dios no ha creado la muerte, estamos llamados a la grandeza, a la gloria, cómo Él vive, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Estamos llamados a esa grandeza de ciudadanos de hijos de Dios. 

                                               Queremos recordar el 1810, el 1910 y celebrar el 2010. El bicentenario de nuestra patria. Ella se gestó con ideales, con voluntad firme, la gestaron hombres y mujeres de distintas profesiones, lograron esta gesta de mayo, pero eso es pasado, es importante.  Nos faltan 5 años para el 2010, por tanto en ese tiempo debemos prepararnos de manera que no nos sorprenda el bicentenario, sino que lleguemos preparados. Es verdad también que los plazos políticos son cortos y en ese tiempo hemos de hacer lo que Dios nos ha pedido a todos y a cada uno. 

                                               Como ciudadanos, debemos prepararnos para este 2010. Cinco años es poco, la Iglesia tiene una formula que desgraciadamente ni nosotros los cristianos a veces tenemos en cuenta; “Anunciamos tu muerte, proclamamos Tu Resurrección, Ven Señor Jesús”, anunciar la muerte es anunciar los fracasos, las desilusiones, los errores, las desviaciones, todo eso que es fruto nuestro, de hombres débiles.  Para superar eso, debemos proclamar la resurrección, es el triunfo de la vida sobre la muerte, de la gracia sobre el pecado, de la luz sobre las tinieblas.  “Ven Señor Jesús” es decir venga algo nuevo, superador, algo que nos haga tener siempre la mirada hacia el futuro, con esperanza, con decisión firme, con sentido del tiempo y de la eternidad. 

                                               Estamos llamados a construir la Patria, y ella se construye con el esfuerzo de todos, con los carismas que Dios ha puesto en cada persona y que debemos organizarlos de tal manera para que funciones coordinadamente. Que nadie quede excluido.

                                               Tenemos una oración por la Patria. No es una oración piadosa, Es una oración del hombre y mujer maduros, responsables de su Patria. En esa oración están los valores que debemos sustentar siempre si queremos una  patria digna. Propongo que a esta oración se la tenga en cuenta todos los días. Desde el más pequeño, porque ese niño desde la infancia está llamado a construir también su patria. Es él presente y queremos para él un futuro cada vez mejor. Él puede hacer mucho desde esa oración, porque va creándose en él una conciencia de ciudadano responsable, de aquel que no se limita solamente a ir en la escuela, sino a prepararse en ella, a querer su patria, a descubrirla como suya, como herencia.  Me gustaría, no es una imposición, sino un pedido.

                                               Distribuimos en nuestros niños, en nuestras escuelas esta oración por la patria, por la grandeza de nuestra patria, a la que le debemos tanto.

                                               Con ustedes queridos hermanos, en esta Iglesia Catedral quiero rezar esta oración por mi patria, por nuestra patria:

 

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.

Nos sentimos heridos y agobiados.

Precisamos tu alivio y fortaleza.

Queremos ser nación,

una nación cuya identidad

sea la pasión por la verdad

y el compromiso por el bien común.

Danos la valentía de la libertad

de los hijos de Dios

para amar a todos sin excluir a nadie,

privilegiando a los pobres

y perdonando a los que nos ofenden,

aborreciendo el odio y construyendo la paz.

Concédenos la sabiduría del diálogo

y la alegría de la esperanza que no defrauda.

Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor,

cercanos a María, que desde Luján nos dice:

¡Argentina! ¡Canta y camina!

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.

Amén