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TE DEUM  25/05/05

 

Lc 4, 16-32

 

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor….. Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de escuchar”

 

La Palabra de Dios no basta saberla de memoria, hay que reactualizarla.

Los acontecimientos históricos no basta celebrarlos como recuerdo, hay que reactualizarlos.

No hay que volver al núcleo histórico de nuestros comienzos para ejercitar nostalgias formales, sino hay que buscar en ellos la huella de la esperanza. Hacemos memoria del camino andado para abrir espacios al futuro.

Nuestra fe nos enseña que de la memoria de la plenitud se hace posible vislumbrar los nuevos caminos. Dios se vuelve a hacer presente en la historia, vivimos en el hoy la historia de la salvación y por eso podemos recomenzar, inspirarnos, fortalecernos y proyectarnos.

Pero para eso hay que escuchar la voz del Señor y dejarnos cuestionar íntimamente por ella.

Jesús fue muy claro: hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura, en su persona.

Hoy también se cumple en nosotros, si estamos abiertos a la misión que el Señor nos confía: anunciar la Buena Nueva a los pobres, liberar a los cautivos y oprimidos y dejar actuar a Dios en nuestra vida y en nuestra sociedad.

 

Sufrimos opresiones internas y externas. Hay cadenas para romper dentro de nosotros mismos (egoísmos, envidias, competencias desleales, chismes, críticas que no construyen, indiferencia frente a las necesidades de los demás, superficialidad, modelos de vida y valores que nada tienen que ver con nuestras raíces cristianas, etc.

Y hay cadenas externas como la deuda externa, los modelos de vida impuestos por los intereses de la masificación, de una globalización que nos hace pensar con la cabeza ajena, una mentalidad economicista liberal que no tiene en cuenta a los más débiles, etc.

 

Frente a todo esto Jesús nos vuelve a decir que  un mundo nuevo es posible, que  el hombre tiene en sí recursos que le permiten revertir el rumbo de la historia para que sea una historia fundada en los verdaderos valores de la hermandad, de la solidaridad; del ojo y oído atento al prójimo más que mirarnos a nosotros mismos para sacar ventajas egoístas de todas las circunstancias que se nos presentan…

¿El que tiene aspiraciones políticas está pensando verdaderamente en los demás? ¿Quiere una Provincia y un País renovado según el espíritu que nos propone Jesús?

El que educa lo hace pensando en el futuro del País, inculcando estos valores trascendentes, eternos y evangélicos de la abnegación, la entrega hasta el don de sí, la búsqueda del bien común por encima del propio interés?

¿Las familias ayudan a entender que el amor al otro, a costa de sacrificios personales, es la base de la sana y alegre convivencia?

¿La Iglesia, que la constituimos todos los bautizados,  forma para profundizar estos valores fundados en la Palabra de Dios que nos pide servir y no ser servido como lo hizo Jesús?

¿Estamos programando una sociedad para el futuro o solamente nos conformamos con aguantar el presente, buscando salir del paso lo mejor posible, pero sin perspectivas?

 

El mundo se asombra de que nuestro País, lleno de posibilidades materiales y con tanta riqueza humana e intelectual, viva constantes crisis. Necesitamos profundizar las causas para proyectar el futuro.

Jesús ha venido a dar la vista a los ciegos, nos decía el Evangelio.

Nosotros a veces somos ciegos porque no miramos la realidad con objetividad. Nos conformamos a no aceptar lo distinto, no vemos lo complementario, ridiculizamos y censuramos al que piensa diferente, no reconocemos las virtudes y grandezas de los otros y así provocamos la mediocridad.

Los judíos decían de Jesús: No es acaso el hijo del carpintero?... Y no creyeron en él, por el contrario tomaron piedras para apedrearlo… Les molestaba su actitud que invitaba a mirar la verdad con la frente alta.

Puede sucedernos también a nosotros.

Si hacemos una campaña electoral solamente para sacar ventajas personales, no vemos la verdad.

Si pensamos en nuestros mezquinos intereses, no vemos la verdad

Si programamos sólo nuestro futuro, sin pensar en los más pobres y desamparados, no vemos la verdad…

Nuestra sociedad necesita educación en valores, dirigentes abnegados y de excelencia, formadores de personas en lo humano y espiritual que reflejen la figura de Jesús.

 

Celebrar el día de la Patria …

Es celebrar el heroísmo de nuestros próceres, pero también celebrar las posibilidades que hoy tenemos de construir una Patria soñada por ellos.

Es recordar el pasado para construir un futuro comprometido con el hombre y con todos los hombres

Es admirar para imitar

Es celebrar la vida como don de Dios desde el primer instante de la concepción y defender la vida de toda la comunidad para reflejar la comunidad divina, la Trinidad.

Es decirnos mutuamente: “podemos salir adelante”, trabajando codo a codo, pensando juntos en el respeto de las diversidades, sin tomar piedras para echarlas al que piensa distinto, sino enriqueciéndonos mutuamente.

 

San Martín de Porres, gran y humilde Santo latinoamericano decía:

Quien tiene fe tiene amor.

Quien tiene amor tiene Paz

Quien tiene Paz tiene a Dios

Y quien tiene a Dios… no le falta nada.

 

Dejémosle a Dios el mejor lugar en nuestra vida personal y en nuestra sociedad y lo tendremos  todo.

 

p. Marcelo Palentini
obispo de Jujuy