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Carta del Obispo de Posadas – Domingo de Pascua – 27.03.05

 

La Pascua en la Argentina

Después de haber acompañado a Jesucristo, el Señor, en estos días desde la celebración “de Ramos” en su llegada a Jerusalén, donde el Dios hecho hombre dio su vida , sufrió y murió por nosotros; este domingo celebramos aquello que es central para nuestra fe: “La Resurrección del Señor”. Por eso en el Evangelio que leemos (Jn. 20,1-9), nos dice: “(Pasado el sábado) El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos donde lo han puesto...” El relato nos señala que los dos fueron al sepulcro y vieron que el Señor no estaba y termina diciéndonos: “Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, Él debía resucitar de entre los muertos” (Jn. 20,9).

 

Es importante repasar y leer desde la fe estos momentos cruciales de la historia humana, que por el amor que Dios nos tiene se transforman en la historia de la Salvación. Este domingo celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte: la Resurrección de Cristo. ¡Es la celebración de la Pascua y de la Esperanza!

 

Los argentinos necesitamos detenernos a reflexionar sobre esta certeza de la fe: Nuestra esperanza se fundamenta en Cristo resucitado. ¿Esta esperanza cómo repercute en nuestra actitud de vida en las cosas cotidianas y en la vida pública? ¿estamos dispuestos a asumir el misterio pascual en nuestra Patria y ser capaces de enterrar la Argentina que no queremos y generar un nuevo tiempo en este inicio de siglo?

 

Hace algún tiempo los obispos argentinos en el contexto de la crisis de 2002 reflexionamos sobre la necesidad que nuestra Nación deba “morir a las concepciones sociales corruptas de la vida política, económica, social y cultural, para que pueda nacer un país regido por la verdad, la justicia, el amor y la solidaridad”.

 

Transitamos la pascua de 2005 y lamentablemente seguimos conviviendo con interrogantes profundos que no se resuelven. Situaciones de corrupción que siguen instaladas en nuestra Patria. Insertar la Pascua en nuestra sociedad significará morir a esa Argentina que no queremos, para que podamos vivir realmente en una Nación con esperanza.

 

Hace algunos días he leído un artículo de la diputada Castro sobre el contrabando masivo de drogas en la Argentina y sobre todo el “caso-Ezeisa”, que como tantos temas claves pasan de moda y quedan en el olvido y en un silencio sospechoso. Al respecto la diputada señalaba: “Es impensable que el tráfico de una tonelada de cocaína (es lo mínimo que se estima, dadas las 372 valijas sin pasajeros registradas) pueda ser maniobrada por cuatro empleados en Buenos Aires y Madrid. Es preciso investigar a las autoridades y accionistas de la empresa y a sus cómplices. La remoción de la cúpula de la Fuerza Aérea es espectacular y puede resultar simpática en un país que ha sufrido golpes y dictaduras sangrientas; pero si ésta es la única medida, se corre el riesgo de encubrir a los actores involucrados, permitiendo que siga operando la organización mafiosa”. Después que se tranquilizó “la ola mediática”, un funcionario de alto nivel de alguna manera trataba de cerrar la cuestión diciendo que este era un hecho policial. Ahora parece que todo quedó en silencio. Lamentablemente el lavado de dinero, los negocios de la droga y contrabando están delante de nuestras narices; todos saben que es un grave problema, pero todo sigue igual. Esta es la Argentina que no queremos. Insertar la Pascua en la vida pública, implica que los argentinos debemos ser actores que nos comprometamos con la justicia, la solidaridad y la vida, para desterrar esta red generadora de la muerte. La muerte de nuestros jóvenes y adolescentes. La muerte de una sociedad que corre el riesgo de convivir con apariencia de normalidad con aquello que es totalmente inmoral. Es en estos temas que necesitamos que nuestros dirigentes y sobre todo los poderes de Estado: gobiernos, justicia y legisladores, estén comprometidos a insertar la Pascua, en orden a sanear nuestra Patria. Lamentablemente de esto o no se habla, o bien se habla poco y con miedo. Reitero lo dicho por los obispos en el 2002, que para vivir la Pascua en la vida pública se requiere morir a las concepciones sociales corruptas de la vida política, económica, social y cultural, para que pueda nacer un país regido por la verdad, la justicia, el amor y la solidaridad.

 

Al celebrar esta Pascua de 2005, celebramos nuestra certeza de la fe: ¡el Señor Resucitó!, por lo tanto que la Vida triunfa sobre la muerte. En este día queremos renovar nuestro compromiso de ser testigos de la Esperanza.

 

Por cada uno, por nuestras familias y por nuestra Patria: ¡Felices Pascuas!

                                                                                                          Mons. Juan Rubén Martínez