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DIÓCESIS DE RECONQUISTA

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Pascua de Resurrección 2005

Mensaje del Obispo

 

“Al amanecer del primer día de la semana...” (Mt 28, 1)

Con esas palabras empieza el relato de la resurrección de Jesús. Desde aquel amanecer, ese día se convierte en el día más importante de la semana, del año y de la historia. Porque ese día es la Pascua del Señor, es decir, la muerte y resurrección de Jesucristo. Es el domingo, Día del Señor.

Hace dos mil años que los cristianos celebramos la Eucaristía los días domingos, renovando sobre la mesa del altar el maravilloso misterio de la muerte y resurrección del Señor. Por eso, el domingo nos identifica y nos distingue. Los cristianos somos ese pueblo que se reúne el día domingo en el templo para celebrar la Pascua del Señor. Por su parte, el pueblo judío, nuestros hermanos mayores, se reúnen el sábado para conmemorar el Éxodo, la pascua judía. Lo propio hacen el día viernes nuestros hermanos musulmanes.

Preguntémonos ¿qué importancia le damos nosotros al día domingo y a la Misa dominical? Son actualísimas las palabras del Santo Padre, en las que pide a los cristianos que no confundamos la celebración del domingo, que debe ser una verdadera santificación del día del Señor, con el fin de semana, entendido fundamentalmente como tiempo de mero descanso o diversión. Necesitamos, sigue diciendo el Papa, una comprensión más profunda del domingo, para vivirlo, incluso en situaciones difíciles, con plena docilidad al Espíritu Santo. (Cf. Dies Domini, n. 4).

Tenemos que recuperar el domingo como Día del Señor para poder recuperarnos a nosotros mismos como seres humanos y como comunidad humana, como Hijos de Dios y como miembros de la Iglesia. Y para poder hacerlo, renovemos nuestra fe en la resurrección de Jesucristo. Abramos nuestro corazón a Cristo y escuchemos el grito que anuncia nuestra esperanza: ¡Cristo resucitó, Aleluya!

Así, el “amanecer del primer día de la semana”, será también nuestro amanecer, porque en ese amanecer Cristo venció la muerte y el pecado y con Él, adhiriéndonos firmemente a Él, recibiremos la vida de Dios en nosotros. Él nos alimenta con su Palabra y al “partir el pan” en la Misa dominical. En Él apoyamos toda nuestra esperanza y por Él esperamos poseer un día la vida eterna.

Que nuestro saludo pascual no sea algo exterior, sino un gesto profundo de encuentro y compromiso con los demás, especialmente con los que estamos alejados. Que ese saludo cristiano nos acerque más a Dios y a la comunidad de mi parroquia. Que al desearle felices pascuas a mi vecino, me haga pensar qué puedo hacer por mi comunidad, por mi barrio, por mi escuela, por mi hospital o por mi centro de salud. Que nuestro saludo pascual sea cordial, sincero y comprometido, y nos regale la esperanza de un nuevo amanecer en nuestra vida.

Caminando hacia el Jubileo diocesano, en este año dedicado a la Familia y al Matrimonio, deseo saludar especialmente a todas las familias de nuestra Diócesis y desearles la paz y la alegría de Jesús Resucitado. A todas las hermanas y hermanos de buena voluntad, mientras los saludo de corazón deseándoles muy Felices Pascuas, los invito repetir juntos el lema de nuestro Jubileo: Abramos el corazón a Cristo y anunciemos con María la esperanza.

+Andrés Stanovnik OFMCap.

Obispo de Reconquista