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CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO

Y COMUNICACIÓN SOCIAL

666. Debe observarse la necesaria discreción en el uso de los   medios de  comunicación, y se evitará lo que pueda ser nocivo para la propia   vocación o  peligroso para la castidad de una persona consagrada.

747 . /1. La Iglesia, a la cual Cristo Nuestro Señor encomendó   el  depósito de la fe, para que, con la asistencia del Espíritu Santo,   custodiase  santamente la verdad revelada, profundizase en ella y la anunciase y   expusiese  fielmente, tiene el deber y el derecho ordinario, independiente de   cualquier  poder humano, de predicar el Evangelio a todas las gentes, utilizando   incluso  sus propios medios de comunicación social. 
         /2. Compete siempre y en todo lugar a la Iglesia proclamar los   principios  morales, incluso los referentes al orden social, así como dar su   juicio sobre  cualesquiera asuntos humanos, en la medida en que lo exijan, los   derechos  fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas.761. Deben emplearse todos los medios disponibles para anunciar   la  doctrina cristiana, sobre todo la predicación y la catequesis, que   ocupan  siempre un lugar primordial; pero también la enseñanza de la doctrina   en  escuelas, academias, conferencias y reuniones de todo tipo, así como   su  difusión mediante declaraciones públicas, hechas por la autoridad   legítima con  motivo de determinados acontecimientos, y mediante la prensa y otros   medios  de comunicación social.

804. /1. Depende de la autoridad de la Iglesia la formación y   educación  religiosa católica que se imparte en cualesquiera escuelas o se lleva   a cabo  en los diversos medios de comunicación social; corresponde a la   Conferencia  Episcopal dar normas generales sobre esta actividad, y compete al   Obispo  diocesano organizarla y ejercer vigilancia sobre la misma.           /2. Cuide el Ordinario del lugar de que los profesores que se   destinan a la  enseñanza de la religión en las escuelas, incluso en las no católicas,  destaquen por su recta doctrina, por el testimonio de su vida   cristiana y por  su aptitud pedagógica.

TITULO IV:
De los instrumentos de comunicación social y especialmente de los libros

822. /1. Los pastores de la Iglesia, en uso de un derecho   propio de la  Iglesia y en cumplimiento de su deber, procuren utilizar los medios de  comunicación social. 
         /2. Cuiden los mismos pastores de que se instruya a los fieles acerca   del  deber que tienen de cooperar para que el uso de los instrumentos de  comunicación social esté vivificado por espíritu humano y cristiano. 
        /3. Todos los fieles, especialmente aquellos que de alguna manera   participan  en la organización o uso de esos medios, han de mostrarse solícitos en   prestar  apoyo a la actividad pastoral, de manera que la Iglesia lleve a cabo  eficazmente su misión, también mediante esos medios.

823. /1. Para preservar la integridad de las verdades de fe y  costumbres, los pastores de la Iglesia tienen el deber y el derecho de   velar  para que ni los escritos ni la utilización de los medios de   comunicación  social dañen la fe y las costumbres de los fieles cristianos;   asimismo, de  exigir que los fieles sometan a su juicio los escritos que vayan a   publicar  y tengan relación con la fe o costumbres, y también reprobar los   escritos  nocivos para la rectitud de la fe o para las buenas costumbres. 
         /2. El deber y el derecho de que se trata en el /1 corresponden a   los  Obispos, tanto individualmente como reunidos en concilios particulares   o  Conferencias Episcopales, respecto a los fieles que se les   encomiendan; y a  la  autoridad suprema de la Iglesia respecto a todo el pueblo de Dios.

1369. Quien, en un espectáculo o reunión públicos, en un   escrito  divulgado, o de cualquier otro modo, por los medios de comunicación   social,  profiere una blasfemia, atenta gravemente contra las buenas   costumbres,  injuria la religión o la Iglesia o suscita odio o desprecio contra   ellas, debe  ser castigado con una pena justa.

 

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