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Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales
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Ética en las
Comunicaciones Sociales
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Ciudad del
Vaticano, 4 de Junio del 2000 |
Índice
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1. El uso que la gente hace de
los medios de comunicación social puede producir efectos positivos o
negativos. Aunque se dice comúnmente --y lo diremos a menudo aquí-- que en
los medios de comunicación social « cabe de todo », no son fuerzas ciegas de
la naturaleza fuera del control del hombre. Porque aun cuando los actos de
comunicación tienen a menudo consecuencias no pretendidas, la gente elige
usar los medios de comunicación con fines buenos o malos, de un modo bueno o
malo. |
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Estas opciones, importantes para
el aspecto ético, no sólo las realizan quienes reciben el mensaje
--espectadores, oyentes y lectores--, sino especialmente quienes controlan
los medios de comunicación social y determinan sus estructuras, sus
políticas y sus contenidos. Incluyen a funcionarios públicos y ejecutivos de
empresas, miembros de consejos de administración, propietarios, editores y
gerentes de emisoras, directores, jefes de redacción, productores,
escritores, corresponsales y otras personas. Para ellos, la cuestión ética
es particularmente importante: los medios de comunicación social ¿se usan
para el bien o para el mal? |
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2. El impacto de la comunicación
social es enorme. Por medio de ella la gente entra en contacto con otras
personas y con acontecimientos, se forma sus opiniones y valores. No sólo se
transmiten y reciben información e ideas a través de estos instrumentos,
sino que a menudo las personas experimentan la vida misma como una
experiencia de los medios de comunicación social (1) |
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La evolución tecnológica está
teniendo como consecuencia inmediata que los medios de comunicación resulten
cada vez más penetrantes y poderosos. « La llegada de la sociedad de la
información es una verdadera revolución cultural» (2); y las innovaciones
deslumbrantes del siglo XX pueden haber sido sólo un preludio de lo que
traerá consigo este nuevo siglo. |
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El alcance y la diversidad de los
medios de comunicación accesibles a la gente en los países ricos ya son
asombrosos: libros y periódicos, televisión y radio, películas y vídeos,
grabaciones y comunicaciones electrónicas transmitidas por radio, cable,
satélite e Internet. Los contenidos de esta vasta difusión van desde las
noticias rigurosas hasta el mero entretenimiento, desde las oraciones hasta
la pornografía, desde la contemplación hasta la violencia. |
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La gente, dependiendo de cómo usa
los medios de comunicación social, puede aumentar su empatía y su compasión
o puede encerrarse en un mundo narcisista y aislado, con efectos casi
narcóticos. Ni siquiera los que rehuyen los medios de comunicación social
pueden evitar el contacto con quienes están profundamente influidos por
ellos. |
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3. Además de estas razones, la
Iglesia tiene sus propios motivos para estar interesada en los medios de
comunicación social. La historia de la comunicación humana, vista a la luz
de la fe, puede considerarse como un largo camino desde Babel, lugar y
símbolo del colapso de las comunicaciones (3), hasta Pentecostés y el don de
lenguas (4), cuando se restableció la comunicación mediante el poder del
Espíritu Santo, enviado por el Hijo. La Iglesia, enviada al mundo para
anunciar la buena nueva (5), tiene la misión de proclamar el Evangelio hasta
el fin de los tiempos. Hoy sabe que es preciso usar los medios de
comunicación social (6). |
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La Iglesia también se reconoce a
sí misma como una communio, una comunión de personas y comunidades
eucarísticas, que « se fundamenta en la comunión íntima de la Trinidad »
(7). En efecto, toda la comunicación humana se basa en la comunicación entre
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Más aún, la comunión trinitaria llega
hasta la humanidad: el Hijo es la Palabra, « pronunciada » eternamente por
el Padre; y en Jesucristo y por Jesucristo, Hijo y Palabra hecha carne, Dios
se comunica a sí mismo y comunica su salvación a los hombres y mujeres. «
Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por
medio de los profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del
Hijo » (8). La comunicación en la Iglesia y por medio de ella encuentra su
punto de partida en la comunión de amor entre las Personas divinas y en su
comunicación con nosotros. |
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4. La Iglesia asume los medios de
comunicación social con una actitud fundamentalmente positiva y estimulante.
No se limita simplemente a pronunciar juicios y condenas; por el contrario,
considera que estos instrumentos no sólo son productos del ingenio humano,
sino también grandes dones de Dios y verdaderos signos de los tiempos (9).
La Iglesia desea apoyar a los profesionales de la comunicación,
proponiéndoles principios positivos para asistirles en su trabajo, a la vez
que fomenta un diálogo en el que todas las partes interesadas --hoy está
implicada una gran parte de la humanidad-- puedan participar. Estos
propósitos constituyen la razón de ser del presente documento. |
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Lo decimos una vez más: los
medios de comunicación social no hacen nada por sí mismos; son únicamente
instrumentos, herramientas que la gente elige usar de uno u otro modo. Al
reflexionar en los medios de comunicación social, debemos afrontar
honradamente la cuestión « más esencial » que plantea el progreso
tecnológico: si, gracias a él, la persona humana « se hace de veras mejor,
es decir, más maduro espiritualmente, más consciente de la dignidad de su
humanidad, más responsable, más abierto a los demás, particularmente a los
más necesitados y a los más débiles, más disponible a dar y prestar ayuda a
todos » (10). |
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Damos por supuesto que la gran
mayoría de las personas dedicadas con toda su capacidad a la comunicación
social es gente consciente que quiere hacer las cosas como se debe. Los
funcionarios públicos, los políticos y los ejecutivos de empresas desean
respetar y promover el interés público, tal como lo entienden. Los lectores,
los oyentes y los telespectadores quieren emplear bien su tiempo, con miras
a un crecimiento y un desarrollo personales que les permitan llevar una vida
más feliz y más productiva. Los padres sienten la inquietud de saber si lo
que entra en sus hogares a través de los medios de comunicación social es
beneficioso para sus hijos. Los comunicadores más profesionales desean usar
sus talentos para servir a la familia humana, y están preocupados por las
crecientes presiones económicas e ideológicas tendentes a bajar los modelos
éticos presentes en numerosos sectores de los medios de comunicación social. |
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Los contenidos de las
innumerables opciones hechas por todas esas personas en relación con los
medios de comunicación social se diferencian de un grupo a otro y de una
persona a otra; pero todas las opciones tienen su peso ético y están
sometidas a una evaluación ética. Para elegir correctamente, es necesario
que quienes eligen « conozcan las normas del orden moral en este campo y las
lleven fielmente a la práctica » (11). |
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5. La Iglesia aporta diversos
elementos a esta cuestión. |
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Aporta una larga tradición de
sabiduría moral, enraizada en la revelación divina y en la reflexión humana
(12). Una parte de esa tradición está formada por un conjunto fundamental y
creciente de doctrina social, cuya orientación teológica es un importante
correctivo tanto para la « solución atea, que priva al hombre de una parte
esencial, la espiritual, como para las soluciones permisivas o consumistas,
las cuales con diversos pretextos tratan de convencerlo de su independencia
de toda ley y de Dios mismo » (13). Más que pronunciar simplemente un juicio
pasajero, esta tradición se ofrece a sí misma al servicio de los medios de
comunicación social. Por ejemplo, « la cultura de la sabiduría, propia de la
Iglesia, puede evitar que la cultura de la información, propia de los medios
de comunicación, se convierta en una acumulación de hechos sin sentido »
(14). |
La Iglesia también aporta algo más en esta cuestión. Su contribución
especial a las realidades humanas, incluyendo el mundo de las comunicaciones
sociales, es « precisamente el concepto de la dignidad de la persona, que se
manifiesta en toda su plenitud en el misterio del Verbo encarnado » (15).
Como afirma el Concilio Vaticano II, « Cristo el Señor, Cristo el nuevo
Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta
plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su
vocación » (16).
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6. La Instrucción Pastoral sobre
las comunicaciones sociales Communio et progressio, en continuidad con la
Constitución Pastoral del Concilio sobre la Iglesia en el mundo actual,
Gaudium et spes (17), subraya que los medios de comunicación están llamados
a servir a la dignidad humana, ayudando a la gente a vivir bien y a actuar
como personas en comunidad. Los medios de comunicación realizan esa misión
impulsando a los hombres y mujeres a ser conscientes de su dignidad, a
comprender los pensamientos y sentimientos de los demás, a cultivar un
sentido de responsabilidad mutua, y a crecer en la libertad personal, en el
respeto a la libertad de los demás y en la capacidad de diálogo. |
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La comunicación social tiene un
inmenso poder para promover la felicidad del hombre y su realización. Sin
pretender dar más que una visión de conjunto, presentamos aquí, como hemos
hecho en otro documento (18), algunos beneficios económicos, políticos,
culturales, educativos y religiosos. |
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7. Económicos. |
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El mercado no es una norma de
moralidad o una fuente de valores morales, y se puede abusar de la economía
de mercado; pero el mercado puede servir a la persona (19), y los medios de
comunicación desempeñan un papel indispensable en una economía de mercado.
La comunicación social sostiene los negocios y el comercio, contribuye a
estimular el progreso económico, el empleo y la prosperidad, promueve
mejoras en la calidad de los bienes y servicios existentes y el desarrollo
de otros nuevos, fomenta la competencia responsable con vistas al interés
público, y permite que la gente haga opciones informadas, dándole a conocer
la disponibilidad y las características de los productos. |
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En resumen, los complejos
sistemas económicos nacionales e internacionales actuales no podrían
funcionar sin los medios de comunicación. Si se prescindiera de ellos se
derrumbarían las estructuras económicas fundamentales, con gran perjuicio
para numerosas personas y para la sociedad. |
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8. Políticos. |
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La comunicación social beneficia
a la sociedad, facilitando la participación informada de los ciudadanos en
los procesos políticos. Los medios de comunicación unen a la gente en la
búsqueda de propósitos y objetivos comunes, ayudándoles así a formar y
apoyar auténticas comunidades políticas. |
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Los medios de comunicación son
indispensables en las sociedades democráticas actuales. Proporcionan
información sobre cuestiones y hechos, sobre funcionarios y candidatos a
cargos públicos. Permiten que los líderes se comuniquen rápida y
directamente con el público sobre asuntos urgentes. Son importantes
instrumentos de responsabilidad, llamando la atención sobre la
incompetencia, la corrupción y los abusos de confianza, a la vez que ponen
de relieve los casos de competencia, espíritu cívico y cumplimiento del
deber. |
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9. Culturales. |
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Los medios de comunicación social
facilitan el acceso de la gente a la literatura, al teatro, a la música y al
arte, que de otro modo serían inasequibles para ella, y promueven así un
desarrollo humano respetuoso del conocimiento, la sabiduría y la belleza. No
hablamos sólo de representaciones de obras clásicas y de los frutos de la
erudición, sino también de espectáculos populares sanos y de información
útil que reúne a las familias, ayuda a la gente a resolver los problemas
diarios, eleva el espíritu de las personas enfermas, solas y ancianas, y
alivia el tedio de la vida. |
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Los medios de comunicación
también hacen posible que los grupos étnicos se estimen y celebren sus
tradiciones culturales, compartiéndolas con los demás y transmitiéndolas a
las nuevas generaciones. En particular introducen a los niños y a los
jóvenes en su patrimonio cultural. Los comunicadores, como los artistas,
sirven al bien común preservando y enriqueciendo el patrimonio cultural de
las naciones y los pueblos (20). |
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10. Educativos. |
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Los medios de comunicación son
importantes instrumentos de educación en diferentes ámbitos, desde la
escuela hasta el lugar de trabajo, y en muchas etapas de la vida. Los niños
que son iniciados en los rudimentos de la lectura y las matemáticas; los
jóvenes que procuran realizar su formación vocacional o quieren conseguir
títulos de estudio; y los ancianos que quieren aprender nuevas cosas en sus
últimos años: éstos, como muchos otros, gracias a los medios de
comunicación, tienen acceso a un rico y creciente tesoro de recursos
educativos. |
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Los medios de comunicación son
instrumentos educativos normales en muchas aulas. Y, más allá de las paredes
del aula, los medios de comunicación, incluida Internet, superan las
barreras de la distancia y el aislamiento, ofreciendo la oportunidad de
aprender a pobladores de áreas remotas, a los religiosos en conventos, a las
personas obligadas a permanecer en su hogar, a los detenidos, y a muchos
otros. |
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11. Religiosos. |
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La vida religiosa de mucha gente
se enriquece mucho gracias a los medios de comunicación, que transmiten
noticias e información de acontecimientos, ideas y personalidades del ámbito
religioso, y sirven como vehículos para la evangelización y la catequesis.
Diariamente proporcionan inspiración, aliento y oportunidades de participar
en funciones litúrgicas a personas obligadas a permanecer en sus hogares o
en instituciones. |
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A veces los medios de
comunicación también contribuyen de un modo extraordinario al
enriquecimiento espiritual de las personas. Por ejemplo, es incontable en
todo el mundo el número de personas que ven y, en cierto sentido, participan
en importantes acontecimientos de la vida de la Iglesia televisados
regularmente por satélite desde Roma. Y a lo largo de los años los medios de
comunicación han llevado las palabras y las imágenes de las visitas
pastorales del Santo Padre a miles de millones de personas. |
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12. En todos estos ámbitos
--económico, político, cultural, educativo y religioso--, y en otros más,
los medios de comunicación pueden usarse para construir y apoyar a la
comunidad humana. En efecto, toda comunicación debe estar abierta a la
comunión entre las personas. |
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« Para llegar a ser
verdaderamente hermanos y hermanas es necesario conocerse. Para conocerse es
muy importante comunicarse cada vez de forma más amplia y profunda » (21).
La comunicación que sirve genuinamente a la comunidad « lleva consigo algo
más que la sola manifestación de ideas o expresión de sentimientos. Según su
más íntima naturaleza es una entrega de sí mismo por amor » (22). |
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Este tipo de comunicación busca
el bienestar y la realización de los miembros de la comunidad dentro del
respeto al bien común de todos. Pero para discernir este bien común se
requieren la consulta y el diálogo. Por esta razón, es imprescindible que
las partes implicadas en la comunicación social se comprometan en dicho
diálogo y acepten la verdad sobre lo que es bueno. De este modo los medios
de comunicación pueden cumplir su deber de « atestiguar la verdad sobre la
vida, sobre la dignidad humana, sobre el verdadero sentido de nuestra
libertad y mutua interdependencia » (23). |
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13. Los medios de comunicación
también pueden usarse para bloquear a la comunidad y menoscabar el bien
integral de las personas alienándolas, marginándolas o aislándolas;
arrastrándolas hacia comunidades perversas organizadas alrededor de valores
falsos y destructivos; favoreciendo la hostilidad y el conflicto; criticando
excesivamente a los demás y creando la mentalidad de «nosotros» contra «
ellos »; presentando lo que es soez y degradante con un aspecto atractivo e
ignorando o ridiculizando lo que eleva y ennoblece. |
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Pueden difundir noticias falsas y
desinformación, favoreciendo la trivialidad y la banalidad. Los tópicos
--basados en la raza y en la pertenencia étnica, en el sexo, en la edad y en
otros factores, incluyendo la religión-- son tristemente comunes en los
medios de comunicación. Además, con frecuencia la comunicación social
descuida lo que es auténticamente nuevo e importante, incluyendo la Buena
Nueva del Evangelio, y se concentra en lo que está de moda o en lo
excéntrico. |
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Existen abusos en cada una de las
áreas que acabamos de mencionar. |
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14. Económicos. |
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Los medios de comunicación se
usan a veces para construir y apoyar sistemas económicos que sirven a la
codicia y a la avidez. El neoliberalismo es un caso típico: «Haciendo
referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias
y las leyes del mercado como parámetros absolutos, en detrimento de la
dignidad y del respeto de las personas y los pueblos » (24). En dichas
circunstancias, los medios de comunicación, que deben beneficiar a todos,
son explotados en provecho de unos pocos. |
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El proceso de globalización «
puede crear oportunidades extraordinarias de mayor bienestar » (25); pero
con él, e incluso como parte de él, algunas naciones y pueblos sufren la
explotación y la marginación, quedándose cada vez más atrás en la lucha por
el desarrollo. Estas bolsas de miseria cada vez más amplias en medio de la
abundancia son semilleros de envidia, resentimiento, tensión y conflicto.
Esto subraya la necesidad de « adecuados órganos internacionales de control
y de guía válidos, que orienten la economía misma hacia el bien común »
(26). |
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Frente a graves injusticias, no
basta que los comunicadores digan simplemente que su trabajo consiste en
referir las cosas tal como son. Eso es indudablemente su tarea. Pero algunos
casos de sufrimiento humano son en gran parte ignorados por los medios de
comunicación, mientras informan acerca de otros; y en la medida en que esto
refleja una decisión de los comunicadores, también refleja una selectividad
inadmisible. De forma más fundamental aún, las estructuras y las políticas
de comunicación y la distribución de tecnología son factores que hacen que
algunas personas sean « ricas en información » y otras « pobres en
información », en una época en que la prosperidad, e incluso la
supervivencia, depende de la información. |
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Por tanto, de este modo los
medios de comunicación a menudo contribuyen a las injusticias y
desequilibrios que causan el sufrimiento sobre el que informan: « Hay que
romper las barreras y los monopolios que colocan a tantos pueblos al margen
del desarrollo, y asegurar a todos --individuos y naciones-- las condiciones
básicas que les permitan participar en dicho desarrollo» (27). |
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La tecnología de las
comunicaciones y la información, junto con la formación para su uso, es una
de esas condiciones básicas. |
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15. Políticos. |
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Los políticos sin escrúpulos usan
los medios de comunicación para la demagogia y el engaño, apoyando políticas
injustas y regímenes opresivos. Ridiculizan a sus adversarios y
sistemáticamente distorsionan y anulan la verdad por medio de la propaganda
y de planteamientos falsamente tranquilizadores. En este caso, más que unir
a las personas, los medios de comunicación sirven para separarlas, creando
tensiones y sospechas que constituyen gérmenes de nuevos conflictos. |
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Incluso en países con sistemas
democráticos, también es frecuente que los líderes políticos manipulen la
opinión pública a través de los medios de comunicación, en vez de promover
una participación informada en los procesos políticos. Se observan los
convencionalismos de la democracia, pero ciertas técnicas copiadas de la
publicidad y de las relaciones públicas se despliegan en nombre de políticas
que explotan a grupos particulares y violan los derechos fundamentales,
incluso el derecho a la vida (28). |
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A menudo, también los medios de
comunicación difunden el relativismo ético y el utilitarismo, que
caracterizan la actual cultura de la muerte. Participan en la contemporánea
«conjura contra la vida », « creando en la opinión pública una cultura que
presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la
misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras
muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones
incondicionales a favor de la vida» (29). |
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16. Culturales. |
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La crítica condena con frecuencia
la superficialidad y el mal gusto de los medios de comunicación que, sin
estar obligados a la estrechez de miras o la uniformidad, no deberían
tampoco caer en la vulgaridad o la degradación. No sirve de excusa afirmar
que los medios de comunicación social reflejan las costumbres populares,
dado que también ejercen una poderosa influencia sobre esas costumbres, y,
por ello, tienen el grave deber de elevarlas y no degradarlas. |
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El problema presenta diversos
aspectos. Uno de ellos se refiere a los temas complejos, cuando en vez de
ser presentados con esmero y veracidad, los noticiarios los evitan o los
simplifican excesivamente. Otro serían los programas de entretenimiento de
tipo corruptor y deshumanizante, que incluyen y explotan temas relacionados
con la sexualidad y la violencia. Es una grave irresponsabilidad ignorar o
disimular el hecho de que « la pornografía y la violencia sádica deprecian
la sexualidad, pervierten las relaciones humanas, explotan a los individuos
--especialmente a las mujeres y a los niños--, destruyen el matrimonio y la
vida familiar, inspiran actitudes antisociales y debilitan la fibra moral de
la sociedad » (30). |
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En el ámbito internacional, el
dominio cultural impuesto a través de los medios de comunicación social
también constituye un problema cada vez más serio. En algunos lugares las
expresiones de la cultura tradicional están virtualmente excluidas del
acceso a los medios populares de comunicación y corren el riesgo de
desaparecer; mientras tanto, los valores de las sociedades ricas y
secularizadas suplantan cada vez más los valores tradicionales de las
sociedades menos ricas y poderosas. Teniendo esto en cuenta, habría que
prestar particular atención a los niños y jóvenes, proporcionándoles
programas que les permitan tener un contacto vivo con su herencia cultural. |
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Es de desear que la comunicación
se haga según modelos culturales. Las sociedades pueden y deben aprender
unas de otras. Pero la comunicación transcultural no debería realizarse en
detrimento de las más débiles. Hoy « incluso las culturas menos extendidas
no están aisladas. Se benefician de intercambios cada vez mayores, y al
mismo tiempo sufren presiones ejercidas por una fuerte corriente
uniformadora » (31). El hecho de que un gran número de informaciones fluya
actualmente en una única dirección --desde las naciones desarrolladas hacia
las naciones en vías de desarrollo y pobres-- plantea serias cuestiones
éticas. ¿Los ricos no tienen nada que aprender de los pobres? ¿Los potentes
son sordos a la voz de los débiles? |
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17. Educativos. |
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En lugar de promover la
enseñanza, los medios de comunicación pueden distraer a la gente y llevarla
a perder el tiempo. De este modo, los más perjudicados son los niños y los
jóvenes, pero los adultos también sufren esa influencia de programas banales
e inútiles. Una de las causas de este abuso de confianza por parte de los
comunicadores es la avidez, que pone el lucro por encima de las personas. |
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De igual modo, los medios de
comunicación se usan en algunas ocasiones como instrumentos de
adoctrinamiento, con la intención de controlar lo que la gente sabe y
negarle el acceso a la información que las autoridades no quieren que tenga.
Ésta es una perversión de la educación auténtica, que se esfuerza por
ampliar el conocimiento y la capacidad de las personas y ayudarles a
perseguir propósitos elevados, sin limitar sus horizontes y sin aprovechar
sus energías al servicio de ideologías. |
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18. Religiosos. |
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En la relación entre los medios
de comunicación social y la religión existen tentaciones por ambas partes. |
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Entre las tentaciones de los
medios de comunicación están el ignorar o marginar las ideas y las
experiencias religiosas; tratar a la religión con incomprensión, quizá hasta
con desprecio, como un objeto de curiosidad que no merece una atención
seria; promover las modas religiosas con menoscabo de la fe tradicional;
tratar a los grupos religiosos legítimos con hostilidad; valorar la religión
y la experiencia religiosa según criterios mundanos de lo que debe ser;
preferir las concepciones religiosas que corresponden a los gustos seculares
a las que no corresponden; y tratar de encerrar la trascendencia dentro de
los confines del racionalismo y el escepticismo. Los actuales medios de
comunicación reflejan la situación posmoderna del espíritu humano, encerrado
« dentro de los límites de su propia inmanencia, sin ninguna referencia a lo
trascendente » (32). |
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Por su parte, la religión puede
tener tentaciones como formarse un juicio exclusivamente crítico y negativo
de los medios de comunicación; no comprender que los criterios razonables de
un buen uso de los medios de comunicación, como son la objetividad y la
imparcialidad, pueden excluir un trato especial para los intereses
institucionales de la religión; presentar los mensajes religiosos con un
estilo emotivo y manipulado, como si fueran productos que compiten en un
mercado saturado; usar los medios de comunicación como instrumentos para el
control y el dominio; practicar innecesariamente el secreto, por lo demás
pecando contra la verdad; minimizar la exigencia evangélica de conversión,
arrepentimiento y cambio de vida, sustituyéndola con una religiosidad tibia
que pide poco a la gente; e impulsar el integrismo, el fanatismo y el
exclusivismo religioso, que fomentan el desprecio y la hostilidad hacia los
demás. |
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19. En síntesis, los medios de
comunicación pueden usarse para el bien o para el mal; es cuestión de
elegir. « No conviene olvidar que la comunicación a través de los medios de
comunicación social no es un ejercicio práctico dirigido sólo a motivar,
persuadir o vender. Mucho menos, un vehículo para la ideología. Los medios
de comunicación pueden a veces reducir a los seres humanos a simples
unidades de consumo, o a grupos rivales de interés; también pueden manipular
a los espectadores, lectores y oyentes, considerándolos meras cifras de las
que se obtienen ventajas, sea en venta de productos sea en apoyo político. Y
todo ello destruye la comunidad. La tarea de la comunicación es unir a las
personas y enriquecer su vida, no aislarlas ni explotarlas. Los medios de
comunicación social, usados correctamente, pueden ayudar a crear y apoyar
una comunidad humana basada en la justicia y la caridad; y, en la medida en
que lo hagan, serán signos de esperanza » (33). |
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20. Los principios y las normas
éticas importantes en otros campos se aplican también a la comunicación
social. Se pueden aplicar siempre los principios de la ética social, como la
solidaridad, la subsidiariedad, la justicia, la equidad y la responsabilidad
en el uso de los recursos públicos y en el cumplimiento de funciones de
responsabilidad pública. La comunicación debe ser siempre veraz, puesto que
la verdad es esencial a la libertad individual y a la comunión auténtica
entre las personas. |
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La ética en la comunicación
social no sólo concierne a lo que aparece en las pantallas de cine y de
televisión, en las transmisiones radiofónicas, en las páginas impresas o en
Internet, sino implica también muchos otros aspectos. La dimensión ética no
sólo atañe al contenido de la comunicación (el mensaje) y al proceso de
comunicación (cómo se realiza la comunicación), sino también a cuestiones
fundamentales, estructurales y sistemáticas, que a menudo incluyen múltiples
asuntos de política acerca de la distribución de tecnología y productos de
alta calidad (¿quién será rico y quién pobre en información?). Estas
cuestiones remiten a otras, con implicaciones económicas y políticas para la
propiedad y el control. Por lo menos en las sociedades abiertas con
economías de mercado, el problema ético de todos puede ser cómo armonizar
beneficio con servicio de interés público, entendido según una concepción
integral del bien común. |
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Incluso a las personas de buena
voluntad no siempre les resulta evidente cómo aplicar los principios éticos
y las normas a los casos particulares; hacen falta reflexión, discusión y
diálogo. Ofrecemos las siguientes consideraciones con la esperanza de
alentar esta reflexión y este diálogo entre los responsables de la política
de la comunicación, los comunicadores profesionales, los expertos en ética,
los moralistas, los usuarios de la comunicación y demás personas implicadas. |
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21. En estas tres áreas
--mensaje, proceso y cuestiones estructurales y sistemáticas-- el principio
ético fundamental consiste en que la persona humana y la comunidad humana
son el fin y la medida del uso de los medios de comunicación social; la
comunicación debería realizarse de personas a personas, con vistas al
desarrollo integral de las mismas. |
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El desarrollo integral requiere
que exista una cantidad suficiente de bienes materiales y productos, pero
también exige atención al « parámetro interior » (34). Cada uno debe tener
la oportunidad de crecer y florecer con respecto a la amplia gama de los
bienes físicos, intelectuales, afectivos, morales y espirituales. Las
personas tienen una dignidad y una importancia irreducibles, y jamás pueden
ser sacrificadas en aras de intereses colectivos. |
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22. El segundo principio es
complementario del primero: el bien de las personas no puede realizarse
independientemente del bien común de las comunidades a las que pertenecen.
Este bien común debería entenderse de modo íntegro, como la suma total de
nobles propósitos compartidos en cuya búsqueda se comprometen todos los
miembros de la comunidad, y para cuyo servicio existe la misma comunidad. |
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Así, mientras la comunicación
social se ocupa --y es natural-- de las necesidades e intereses de grupos
particulares, no debería hacerlo de manera que enfrente a un grupo contra
otro: por ejemplo, en nombre de la lucha de clases, del nacionalismo
exagerado, de la supremacía racial, de la limpieza étnica u otros temas
similares. La virtud de la solidaridad, que es « la determinación firme y
perseverante de empeñarse por el bien común » (35), debería gobernar todas
las áreas de la vida social, económica, política, cultural y religiosa. |
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Los comunicadores y los
responsables de la política de la comunicación deben servir a las
necesidades y a los intereses reales, tanto de las personas como de los
grupos, en todos los niveles y de todos los modos. Urge la equidad en el
ámbito internacional, donde la mala distribución de los bienes materiales
entre el Norte y el Sur se ha agravado a causa de la mala distribución de
los recursos de la comunicación y de la tecnología de la información, de los
que dependen en gran medida la productividad y la prosperidad. Problemas
análogos existen también en los países ricos, « donde la transformación
incesante de los modos de producción y de consumo devalúa ciertos
conocimientos ya adquiridos y profesionalidades consolidadas » y « los que
no logran ir al compás de los tiempos pueden quedar fácilmente marginados »
(36). |
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Es evidente, por tanto, la
necesidad de una amplia participación en la toma de decisiones no sólo
acerca de los mensajes y los procesos de comunicación social, sino también
acerca de las cuestiones sistemáticas y la distribución de los recursos. Los
responsables de las decisiones tienen el serio deber moral de reconocer las
necesidades y los intereses de quienes son particularmente vulnerables --los
pobres, los ancianos, los hijos por nacer, los niños y los jóvenes, los
oprimidos y los marginados, las mujeres y las minorías, los enfermos y los
minusválidos--, así como las necesidades e intereses de las familias y los
grupos religiosos. |
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Hoy más que nunca la comunidad
internacional y los intereses de las comunicaciones internacionales deberían
tener una actitud más generosa y abierta con respecto a las naciones y las
regiones donde aquello que los medios de comunicación hacen o dejan de
hacer, los hace partícipes de la vergonzosa persistencia de males como la
pobreza, el analfabetismo, la represión política, la violación de los
derechos humanos, los conflictos entre grupos y entre religiones, y la
supresión de las culturas indígenas. |
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23. Aun así, seguimos creyendo
que « la solución de los problemas nacidos de esta comercialización y de
esta privatización no reglamentadas no siempre reside en un control del
Estado sobre los medios de comunicación, sino en una reglamentación más
importante, conforme a las normas del servicio público, así como en una
responsabilidad pública mayor. Hay que destacar, a este respecto, que si los
cauces jurídicos y políticos en los que funcionan los medios de comunicación
de ciertos países están actualmente en franca mejora, hay otros lugares en
los que la intervención gubernamental es un instrumento de opresión y de
exclusión» (37). |
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Hay que estar siempre a favor de
la libertad de expresión, porque « cuantas veces los hombres, según su
natural inclinación, intercambian sus conocimientos o manifiestan sus
opiniones, están usando de un derecho que les es propio, y a la vez
ejerciendo una función social » (38). Sin embargo, considerada desde una
perspectiva ética, esta presunción no es una norma absoluta e irrevocable.
Se dan casos obvios en los que no existe ningún derecho a comunicar, por
ejemplo el de la difamación y la calumnia, el de los mensajes que pretenden
fomentar el odio y el conflicto entre las personas y los grupos, la
obscenidad y la pornografía, y las descripciones morbosas de la violencia.
Es evidente también que la libre expresión debería atenerse siempre a
principios como la verdad, la honradez y el respeto a la vida privada. |
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Los comunicadores profesionales
deberían participar activamente en la elaboración y aplicación de códigos
éticos de comportamiento para su profesión, en colaboración con
representantes públicos. Los organismos religiosos y otros grupos también
deben participar en este esfuerzo continuo. |
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24. Otro principio importante, ya
mencionado, concierne a la participación pública en la elaboración de
decisiones sobre la política de las comunicaciones. En todos los niveles,
esta participación debería ser organizada, sistemática y auténticamente
representativa, sin desviarse en favor de grupos particulares. Este
principio se aplica siempre y, tal vez de manera especial, cuando los medios
de comunicación son de propiedad privada y operan con fines de lucro. |
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En el interés de la participación
pública, los comunicadores « deben tratar de comunicarse con la gente, no
sólo de hablarle. Eso implica conocer las necesidades de la gente, ser
consciente de sus luchas y presentar todas las formas de comunicación con la
sensibilidad que la dignidad humana exige » (39). |
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Se suele considerar que la
circulación, los índices de audiencia y las taquillas, junto con el análisis
de mercado, son los mejores indicadores del sentimiento público; de hecho,
son los únicos necesarios para que funcione la ley del mercado. No cabe duda
de que la voz del mercado puede oírse de esas maneras. Pero las decisiones
sobre los contenidos y la política de los medios de comunicación no deberían
depender sólo del mercado y de factores económicos --los beneficios--,
puesto que éstos no contribuyen a salvaguardar el interés público en su
integridad ni tampoco los legítimos intereses de las minorías. |
|
|
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Hasta cierto punto, puede
responderse a esta objeción con el concepto de « nicho », según el cual los
periódicos, los programas, las emisoras y los canales particulares se
dirigen a audiencias particulares. Este enfoque es legítimo, en cierto
sentido. Pero la diversificación y la especialización, que organizan los
medios de comunicación para corresponder a las audiencias divididas en
unidades cada vez más pequeñas basadas en gran parte en factores económicos
y en modelos de consumo, no deberían llegar tan lejos. |
|
|
|
Los medios de comunicación social
deben seguir siendo un « areópago » (40), un foro para el intercambio de
ideas e información en el que participan personas y grupos, fomentando la
solidaridad y la paz. En particular, Internet despierta preocupación con
respecto a « las consecuencias radicalmente nuevas que entraña: pérdida del
"peso específico" de la información, reducción de los mensajes a pura
información, ausencia de reacciones pertinentes a los mensajes de la red por
parte de personas responsables, efecto disuasorio en cuanto a las relaciones
interpersonales » (41). |
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|
25. Los comunicadores
profesionales no son los únicos que tienen deberes éticos. También las
audiencias --los usuarios-- tienen obligaciones. Los comunicadores que se
esfuerzan por afrontar sus responsabilidades merecen a su vez audiencias
conscientes de las propias. |
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|
El primer deber de los usuarios
de la comunicación social consiste en discernir y seleccionar. Deberían
informarse acerca de los medios de comunicación --sus estructuras, su modo
de actuar y sus contenidos-- y hacer opciones responsables, de acuerdo con
sólidos criterios éticos, sobre lo que conviene leer, ver o escuchar. Hoy
todos necesitan alguna forma de formación permanente acerca de los medios de
comunicación, sea mediante el estudio personal, sea mediante la
participación en un programa organizado, sea con ambos. La educación en el
uso de los medios de comunicación, más que enseñar algo acerca de las
técnicas, ayuda a la gente a formarse criterios de buen gusto y juicios
morales verdaderos, que constituyen un aspecto de la formación de la
conciencia. |
|
|
|
A través de sus escuelas y de sus
programas de formación, la Iglesia debería proporcionar este tipo de
educación para el uso de los medios de comunicación social (42). Las
siguientes palabras, dirigidas originalmente a los institutos de vida
consagrada, tienen una aplicación más amplia: « La comunidad, consciente del
influjo de los medios de comunicación, se educa para utilizarlos en orden al
crecimiento personal y comunitario con la claridad evangélica y la libertad
interior de quien ha aprendido a conocer a Cristo (43). |
|
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|
En efecto, esos medios proponen,
y con frecuencia imponen, una mentalidad y un modelo de vida que debe ser
confrontado continuamente con el Evangelio. A este propósito desde muchos
lugares se pide una profunda formación para la recepción y el uso crítico y
fecundo de esos medios » (44). |
|
De igual modo, los padres tienen
el serio deber de ayudar a sus hijos a aprender a valorar y usar los medios
de comunicación, formando correctamente su conciencia y desarrollando sus
facultades críticas (45). Por el bien de sus hijos, y por el suyo, los
padres deben aprender y poner en práctica su capacidad de discernimiento
como telespectadores, oyentes y lectores, dando ejemplo en sus hogares de un
uso prudente de los medios de comunicación. De acuerdo con la edad y las
circunstancias, los niños y los jóvenes deberían ser introducidos en la
formación respecto a los medios de comunicación, evitando el camino fácil de
la pasividad carente de espíritu crítico, la presión de sus coetáneos y la
explotación comercial. Puede ser útil a las familias --padres e hijos
juntos-- reunirse en grupos para estudiar y discutir los problemas y las
ventajas que plantea la comunicación social. |
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26. Además de promover la
educación en el uso de los medios de comunicación, las instituciones, las
organizaciones y los programas de la Iglesia tienen otras importantes
responsabilidades en lo que atañe a la comunicación social. En primer lugar,
y sobre todo, el ejercicio de la comunicación por parte de la Iglesia
debería ser ejemplar, reflejando los elevados modelos de verdad,
responsabilidad y sensibilidad con respecto a los derechos humanos, así como
otros importantes principios y normas. |
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|
|
Además de esto, los medios de
comunicación de la Iglesia deberían esforzarse por comunicar la plenitud de
la verdad acerca del significado de la vida humana y de la historia,
especialmente como está contenida en la palabra de Dios revelada y expresada
por la enseñanza del Magisterio. Los pastores deberían estimular el uso de
los medios de comunicación social para difundir el Evangelio (46). |
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|
|
Quienes representan a la Iglesia
deben ser honrados e íntegros en sus relaciones con los periodistas. Aun
cuando « sus preguntas provocan algunas veces perplejidad y desencanto,
sobre todo cuando corresponden poco al contenido fundamental del mensaje que
debemos transmitir », debemos tener presente que « esos interrogantes
desconcertantes coinciden con los de la mayor parte de nuestros
contemporáneos » (47). Si la Iglesia quiere hablar de modo creíble a la
gente de hoy, quienes hablan en su nombre tienen que dar respuestas creíbles
y verdaderas a esas preguntas aparentemente incómodas. |
|
|
|
Los católicos, como los demás
ciudadanos, tienen el derecho a expresarse libremente y por ello también el
de acceder a los medios de comunicación para este fin. El derecho de
expresión incluye la posibilidad de manifestar opiniones acerca del bien de
la Iglesia, con el debido respeto a la integridad de la fe y la moral,
respeto a los pastores, y consideración por el bien común y la dignidad de
las personas (48). Sin embargo, nadie tiene derecho a hablar en nombre de la
Iglesia, ni a implicarla en lo que haga, sin haber sido designado
expresamente; y las opiniones personales no deberían presentarse como
enseñanza de la Iglesia (49). |
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Sería un gran bien para la
Iglesia que un mayor número de personas que tienen cargos y cumplen
funciones en su nombre se formaran en el uso de los medios de comunicación.
Esto no vale solamente para los seminaristas, para miembros de comunidades
religiosas en período de formación y para los jóvenes laicos católicos; vale
para todo el personal de la Iglesia. Si los medios de comunicación son «
neutrales, abiertos y honrados », ofrecen a los cristianos bien preparados «
un papel misionero de primer plano », y es importante que éstos estén « bien
formados y se les apoye » (50). Los pastores también deberían ofrecer a sus
fieles orientación acerca de los medios de comunicación y de sus mensajes, a
veces discordantes e incluso destructivos (51). |
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|
|
Una consideración análoga es
válida también respecto a la comunicación interna en la Iglesia. Un flujo
recíproco de información y puntos de vista entre los pastores y los fieles,
una libertad de expresión que tenga en cuenta el bien de la comunidad y el
papel del Magisterio al promoverla, y una opinión pública responsable, son
expresiones importantes del « derecho fundamental al diálogo y a la
información en el seno de la Iglesia » (52). |
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|
|
El derecho de expresión debe
ejercerse con deferencia a la verdad revelada y a la enseñanza de la
Iglesia, y respetando los derechos eclesiales de los demás (53). Como sucede
en otras comunidades e instituciones, a veces la Iglesia necesita --y en
ocasiones tiene el deber-- de practicar la reserva y la discreción. Pero no
debería hacerlo con miras a la manipulación y al control. Dentro de la
comunión de fe, quienes « poseen la sagrada potestad están al servicio de
sus hermanos para que todos los que son miembros del pueblo de Dios y
tienen, por tanto, la verdadera dignidad de cristianos, aspirando al mismo
fin, en libertad y orden, lleguen a la salvación » (54). La práctica
correcta de la comunicación es uno de los modos de realizar esta concepción. |
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27. Al comenzar el tercer milenio
de la era cristiana, la humanidad está creando una red global de transmisión
instantánea de información, de ideas y de juicios de valor en la ciencia, el
comercio, la educación, el entretenimiento, la política, el arte, la
religión, y en todos los demás campos. |
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|
Esta red ya es accesible
directamente a muchas personas en sus hogares, en las escuelas y en los
lugares de trabajo, es decir, prácticamente dondequiera que se encuentren.
Es común ver en tiempo real acontecimientos, desde deportes hasta guerras,
que suceden en el otro extremo del planeta. La gente puede entrar
directamente en contacto con una infinidad de datos que hasta hace poco no
estaban siquiera al alcance de especialistas y estudiantes. |
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Una persona puede ascender a las
alturas del genio humano y de la virtud, o caer en el abismo de la
degradación mientras está sentada sola ante un teclado o una pantalla. La
tecnología de la comunicación logra constantemente nuevos avances, con
enormes potencialidades para el bien y para el mal. Al mismo tiempo que
aumenta la interactividad, se desdibuja la distinción entre comunicadores y
usuarios. Se necesita una investigación continua sobre el impacto y, en
especial, sobre las implicaciones éticas de los medios de comunicación,
tanto nuevos como emergentes. |
|
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|
28. Pero, a pesar de su inmenso
poder, los medios de comunicación son y seguirán siendo sólo medios, es
decir, instrumentos, herramientas disponibles tanto para un uso bueno como
para uno malo. A nosotros corresponde elegir. Los medios de comunicación no
exigen una nueva ética; lo que exigen es la aplicación de principios ya
establecidos a las nuevas circunstancias. Y ésta es la tarea en la que todos
tienen un papel que desempeñar. La ética en los medios de comunicación no
sólo es tarea de especialistas en comunicación social o en filosofía moral;
la reflexión y el diálogo que este documento pretende impulsar y fomentar
deben alcanzar horizontes más amplios y globales. |
|
|
|
29. La comunicación social puede
unir a las personas en comunidades presididas por la simpatía y los
intereses comunes. ¿Estarán dichas comunidades basadas en la justicia, la
decencia y el respeto de los derechos humanos? ¿Se comprometerán en favor
del bien común? ¿O, por el contrario, serán egoístas e introvertidas,
buscando el beneficio de grupos particulares --económicos, raciales,
políticos e incluso religiosos-- a expensas de los demás? ¿Servirá la nueva
tecnología a todas las naciones y a todos los pueblos, respetando las
tradiciones culturales de cada uno, o será un instrumento para aumentar la
riqueza de los ricos y el poder de los poderosos? Corresponde a nosotros
elegir. |
|
|
|
Los medios de comunicación
también pueden usarse para separar y aislar. La tecnología permite cada vez
más a la gente reunir informaciones y servicios elaborados exclusivamente
para ella. Eso supone ventajas reales, pero plantea una cuestión inevitable:
¿será la audiencia del futuro una multitud de audiencias de una sola
persona? |
|
|
|
La nueva tecnología, a la vez que
puede aumentar la autonomía individual, tiene otras implicaciones menos
positivas. El « web » del futuro, en lugar de ser una comunidad global,
¿podría convertirse en una vasta y fragmentada red de personas aisladas
--abejas humanas en sus celdas--, que interactúan con datos y no
directamente unos con otros? ¿Qué sería de la solidaridad, o qué sería del
amor, en un mundo como ese? |
|
|
|
Aún en el mejor de los casos la
comunicación humana tiene serias limitaciones; es más o menos imperfecta y
corre el riesgo de fracasar. A las personas les resulta difícil comunicarse
siempre unas con otras honradamente, de un modo que no haga daño y sirva lo
mejor posible a los intereses de todos. Además, en el mundo de los medios de
comunicación, las dificultades inherentes a ella a menudo son acrecentadas
por la ideología, por el afán de lucro y control político, por rivalidades y
conflictos entre grupos, y por otros males sociales. Los actuales medios de
comunicación aumentan mucho el alcance de la comunicación social, su
cantidad, su velocidad; pero no hacen menos frágil ni menos susceptible de
fracasar la disposición humana a comunicarse de mente a mente, de corazón a
corazón. |
|
|
|
30. Como hemos dicho, la
contribución especial que la Iglesia ofrece al debate en este campo consiste
en una visión de la persona humana, de su incomparable dignidad y de sus
derechos inviolables, y en una visión de la comunidad humana cuyos miembros
están unidos en virtud de la solidaridad con vistas al bien común de todos.
La necesidad de estos dos conceptos es especialmente urgente « cuando se
está obligado a constatar el carácter parcial de propuestas que elevan lo
efímero al rango de valor, creando ilusiones sobre la posibilidad de
alcanzar el verdadero sentido de la existencia »; al faltar esas visiones, «
muchos llevan una vida casi hasta el límite de la ruina, sin saber bien lo
que les espera » (55). |
|
|
|
Ante esta crisis, la Iglesia se
presenta como « experta en humanidad », cuya experiencia « la mueve a
extender necesariamente su misión religiosa a los diversos campos » del
comportamiento humano (56). No puede conservar exclusivamente para sí misma
la verdad sobre la persona humana y sobre la comunidad humana; al contrario,
debe compartirla abiertamente, siempre consciente de que la gente puede
responder en forma negativa a la verdad, y también a ella misma. |
|
|
|
La Iglesia, al tratar de fomentar
y apoyar elevados modelos éticos en el uso de los medios de comunicación
social, busca el diálogo y la colaboración con los demás: con los
funcionarios públicos, que tienen el deber particular de proteger y promover
el bien común de la comunidad política; con los hombres y mujeres del mundo
de la cultura y las artes; con estudiosos y profesores comprometidos en la
formación de los comunicadores y los oyentes futuros; con los miembros de
las demás Iglesias y grupos religiosos que comparten su deseo de que los
medios de comunicación se usen para la gloria de Dios y el servicio al
género humano (57); y, en especial, con los comunicadores profesionales:
escritores, directores, reporteros, corresponsales, actores, productores y
personal técnico, así como con los propietarios, los administradores y los
responsables de la política en este campo. |
|
|
|
31. A pesar de sus limitaciones,
la comunicación humana encierra en sí algo de la actividad creadora de Dios.
« El Artista divino, con amorosa condescendencia, transmite al artista
humano » --y, podríamos añadir, también a los comunicadores-- « un destello
de su sabiduría trascendente, llamándolo a compartir su potencia creadora »;
si llegan a comprender esto, los artistas y los comunicadores « pueden
comprenderse a fondo a sí mismos, y su propia vocación y misión » (58). |
|
|
|
El comunicador cristiano en
particular tiene una tarea, una vocación profética: clamar contra los falsos
dioses e ídolos de nuestro tiempo --el materialismo, el hedonismo, el
consumismo, el nacionalismo extremo y otros--, ofreciendo a todos un cuerpo
de verdades morales basadas en la dignidad y los derechos humanos, la opción
preferencial por los pobres, el destino universal de los bienes, el amor a
los enemigos y el respeto incondicional a toda vida humana, desde la
concepción hasta la muerte natural; y buscando la realización más perfecta
del Reino en este mundo, conscientes de que, al final de los tiempos, Jesús
restablecerá todas las cosas y las restituirá al Padre (59). |
|
|
|
32. Para concluir, dado que estas
reflexiones se dirigen a todas las personas de buena voluntad, y no sólo a
los católicos, conviene hablar de Jesús como modelo para los comunicadores.
« En estos últimos tiempos » Dios Padre « nos ha hablado por medio del Hijo
» (60); y este Hijo nos comunica ahora y siempre el amor del Padre y el
sentido último de nuestra vida. |
|
|
|
« El mismo Cristo en su vida se
presentó como el perfecto comunicador. Por la encarnación se revistió de la
semejanza de aquellos que después iban a recibir su mensaje, proclamado
tanto con palabras como con su vida entera, con fuerza y constancia, desde
dentro, es decir, desde en medio de su pueblo. Sin embargo, se acomodaba a
su forma y modo de hablar y pensar, ya que lo hacía desde su misma situación
y condición » (61). |
|
|
|
Durante la vida pública de Jesús
las muchedumbres se reunían para escuchar su predicación y su enseñanza
(62); él enseñaba « como quien tiene autoridad » (63). Les hablaba del Padre
y, al mismo tiempo, los dirigía hacia sí mismo, explicando: « Yo soy el
camino, la verdad y la vida » (64) y « el que me ha visto a mí, ha visto al
Padre » (65). No perdió tiempo en discursos insustanciales o justificándose
a sí mismo, ni siquiera cuando fue acusado y condenado (66), pues su «
alimento » era hacer la voluntad del Padre que lo había enviado (67); y todo
lo que decía y hacía guardaba relación con esa voluntad. |
|
A menudo la enseñanza de Jesús
adoptaba la forma de parábolas y relatos coloridos que expresaban profundas
verdades con las palabras sencillas que se usaban a diario. No sólo sus
palabras, sino también sus obras, especialmente sus milagros, eran actos de
comunicación, que revelaban su identidad y manifestaban el poder de Dios
(68). En sus comunicaciones mostraba respeto por sus oyentes, solicitud por
su situación y sus necesidades, compasión por su sufrimiento (69), y firme
determinación de decirles lo que necesitaban oír, de un modo que debía
atraer poderosamente su atención y ayudarles a recibir el mensaje, sin
coerción ni componendas, sin engaño ni manipulación. Invitaba a los demás a
abrir su mente y su corazón a él, sabiendo que éste era el modo de llevarles
hacia él y hacia su Padre (70). |
|
|
|
Jesús enseñaba que la
comunicación es un acto moral: « De lo que rebosa el corazón habla la boca.
El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas; y el hombre malo, del
tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen
los hombres darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás
declarado justo y por tus palabras serás condenado » (71). Criticaba
severamente a quienes escandalizaran a los « pequeños », y aseguraba que a
quien lo hiciera « era mejor que le pusieran al cuello una piedra y lo
echaran al mar » (72). Era completamente sincero; un hombre de quien se
podía decir que « en su boca no se halló engaño »; y también: « al ser
insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba, sino que se
ponía en manos de aquel que juzga con justicia » (73). Insistía en la
sinceridad y en la veracidad de los demás, al mismo tiempo que condenaba la
hipocresía, la inmoralidad y cualquier forma de comunicación que fuera
torcida y perversa: « Sea vuestro lenguaje: "Sí, sí"; "no, no", pues lo que
pasa de aquí viene del maligno » (74). |
|
|
|
33. Jesús es el modelo y el
criterio de nuestra comunicación. Para quienes están implicados en la
comunicación social --responsables de la política, comunicadores
profesionales, usuarios, sea cual sea el papel que desempeñen-- la
conclusión es clara: «Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad
cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. (...)
No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para
edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen » (75).
Servir a la persona humana, construir una comunidad humana fundada en la
solidaridad, en la justicia y en el amor, y decir la verdad sobre la vida
humana y su plenitud final en Dios han sido, son y seguirán ocupando el
centro de la ética en los medios de comunicación. |
|
|
|
John P. Foley
Presidente |
|
Pierfranco Pastore
Secretario |
|
|
|
Notas |
|
1. cf. Pontificio Consejo para
las Comunicaciones Sociales, Aetatis novae, 2.. |
|
2. Pontificio Consejo para la
Cultura, Para una pastoral de la cultura, 9. |
|
3. cf. Gn 11,4-8.
|
|
4. cf. Hch 2,5-11.
|
|
5. cf. Mt 28,19-20;
Mc 16,15. |
|
6. cf. Concilio Vaticano II,
Inter mirifica, 3; Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 45; Juan Pablo II,
Redemptoris missio, 37; Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales,
Communio et progressio, 126-134, Aetatis novae, 11. |
|
7. Aetatis novae, 10;
Congregación para la Doctrina de la Fe, Algunos aspectos de la Iglesia
entendida como comunión. |
|
8. Hb 1,1-2. |
|
9. cf. Inter mirifica, 1;
Evangelii nuntiandi, 45; Redemptoris missio, 37. |
|
10. Juan Pablo II, Redemptor
hominis, 15.. |
|
11. Inter mirifica, 4.
|
|
12. cf. Juan Pablo II, Fides et
ratio, 36-48. |
|
13. Juan Pablo II, Centesimus
annus, 55. |
|
14. Juan Pablo II, Mensaje para
la XXXIII Jornada mundial de las comunicaciones sociales de 1999, n. 3.
|
|
15. Centesimus
annus, 47. |
|
16. Gaudium et spes, 22.
|
|
17. cf. nn. 30-31. |
|
18. cf. Pontificio Consejo para
las Comunicaciones Sociales, Ética en la publicidad, 4-8. |
|
19. cf. Centesimus
annus, 34. |
|
20. cf. Juan Pablo II, Carta a
los artistas, 4. |
|
21. Congregación para los
Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Vida
fraterna en comunidad, 29. |
|
22. Communio et progressio, 11:
L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de junio de 1971, p. 3.
|
|
23. Juan Pablo II, Mensaje para
la XXXIII Jornada mundial de las comunicaciones sociales de 1999, n. 2.
|
|
Notas |
|
24. Juan Pablo II, Ecclesia in
America, 56 |
|
25. Centesimus
annus, 58. |
|
26. Centesimus
annus, 58. |
|
27. Centesimus annus, 35.
|
|
28. cf. Juan Pablo II, Evangelium
vitae, 70. |
|
29. Evangelium vitae, 17.
|
|
30. Pontificio Consejo para las
Comunicaciones Sociales, Pornografía y violencia en las comunicaciones
sociales: una respuesta pastoral, 10. |
|
31. Para una pastoral de la
cultura, 33. |
|
32. Fides et ratio,
81. |
|
33. Juan Pablo II, Mensaje para
la XXXII Jornada mundial de las comunicaciones sociales de 1998, n. 4.
|
|
34. Juan Pablo II, Sollicitudo
rei socialis, 29; cf. 46. |
|
35. Sollicitudo rei socialis, 38.
|
|
36. Centesimus annus, 33.
|
|
37. Aetatis novae, 5.
|
|
38. Communio et progressio, 45:
L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de junio de 1971, p. 5.
|
|
39. Juan Pablo II, Discurso a los
especialistas en comunicación, Los Ángeles, 15 de septiembre de 1987, n. 4;
L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 18 de octubre de 1987, p.
12. |
|
40. cf. Redemptoris
missio, 37. |
|
41. Para una pastoral de la
cultura, 9. |
|
42. cf. Aetatis
novae, 28; Communio et progressio, 107. |
|
43. cf. Ga 4,17-23. |
|
44. Congregación para los
institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, Vida
fraterna en comunidad, 34. |
|
45. cf. Juan Pablo II, Familiaris
consortio, 76. |
|
46. cf. Código de derecho
canónico, can. 822, SS 1. |
|
47. Para una pastoral de la
cultura, 34. |
|
48. cf. Código de derecho
canónico, c. 212, SS 3; c. 227. |
|
49. cf. ib., c. 227. |
|
50. Para una pastoral de la
cultura, 34. |
|
51. cf. Código de derecho
canónico, c. 822, SS 2 y 3. |
|
52. Aetatis novae,
10; cf. Communio et progressio, 20. |
|
53. cf. Código de derecho
canónico, c. 212, SS 1, 2 y 3; c. 220. |
|
54. Lumen gentium,
18. |
|
55. Fides et ratio,
6. |
|
56. Sollicitudo rei socialis, 41;
cf. Pablo VI, Populorum progressio, 13. |
|
57. cf. Pontificio Consejo para
las Comunicaciones Sociales, Criterios para la cooperación ecuménica e
interreligiosa en las comunicaciones. |
|
58. Juan Pablo II, Carta a los
artistas, 1. |
|
59. cf. 1 Co 15, 24.
|
|
60. Hb 1,2.
|
|
61. Communio et progressio, 11:
L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de junio de 1971, p. 3.
|
|
62. cf. Mt 8,1.18; Mc 2,2; 4,1;
Lc 5,1, etc.. |
|
63. Mt 7,29; cf. Mc
1,22; Lc 4,32. |
|
64. Jn 14,6.
|
|
65. Jn 14,9.
|
|
66. cf. Mt 26,63;
27,12-14; Mc 15,5; 15,61. |
|
67. cf. Jn 4,34. |
|
68. cf. Evangelii nuntiandi, 12.
|
|
69. por ejemplo, véase Lc 7,13.
|
|
70. véase, por ejemplo, Jn
3,1-15; 4,7-26. |
|
71. Mt 12,34-37.
|
|
72. Mc 9,42; cf. Mt
18,6; Lc 17,2. |
|
73. 1 P 2,22-23.
|
|
74. Mt 5,37.
|
|
75. Ef 4,25.29. |
|