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Comunicación social en
FAMILIARIS CONSORTIO
Exhortación Apóstolica de Juan Pablo II
22 de noviembre de 1981
76. Destinatarios y agentes de la comunicación
social
Una palabra aparte se ha de reservar a esta
categoría tan importante en la vida moderna. Es sabido que los
instrumentos de comunicación social "incide a menudo profundamente,
tanto bajo el aspecto moral y religioso, en el ánimo de cuantos los usan",
especialmente si son jóvenes.171 Tales medios pueden ejercer un influjo
benéfico en la vida y las costumbres de la familia y en la educación de los
hijos, pero al mismo tiempo esconden también "insidias y peligros no
insignificantes".172 y podrían convertirse en vehículo -a veces hábil y
sistemáticamente manipulado, como desgraciadamente acontece en diversos
países del mundo- de ideologías disgregadoras y de visiones deformadas de la
vida, de la familia, de la religión, de la moralidad y que no respetan la
verdadera dignidad y el destino del hombre.
Peligro tanto más real, cuando "el modo de
vivir, especialmente en las naciones más industrializadas, lleva muy a
menudo a que las familias se descarguen de sus responsabilidades educativas,
encontrando en la facilidad de evasión (representada en casa especialmente
por la televisión y ciertas publicaciones) el modo de tener ocupados tiempo
y actividad de los niños y muchachos".173 De ahí «el deber... de proteger
especialmente a los niños y muchachos de las "agresiones" que sufren también
por parte de los mass-media», procurando que el uso de éstos en familia sea
regulado cuidadosamente. Con la misma diligencia la familia debería buscar
para sus propios hijos también otras diversiones más sanas, más útiles y
formativas física, moral y espiritualmente "para potenciar y valorizar el
tiempo libre de los adolescentes y orientar sus energías".174
Puesto que además los instrumentos de
comunicación social -así como la escuela y el ambiente- inciden a menudo
de manera notable en la formación de los hijos, los padres, en cuanto
receptores, deben hacerse parte activa en el uso moderado, crítico,
vigilante y prudente de tales medios, calculando el influjo que ejercen
sobre los hijos; y deben dar una orientación que permita "educar la
conciencia de los hijos para emitir juicios serenos y objetivos, que después
la guíen en la elección y en el rechazo de los programas propuestos".175
Con idéntico empeño los padres tratarán de
influir en la elección y preparación de los mismos programas, manteniéndose
-con oportunas iniciativas- en contacto con los responsables de las diversas
fases de la producción y de la transmisión, para asegurarse que no sean
abusivamente olvidados o expresamente conculcados aquellos valores humanos
fundamentales que forman parte del verdadero bien común de la sociedad, sino
que, por el contrario, se difundan programas aptos para presentar en su
justa luz los problemas de la familia y su adecuada solución. A este
respecto, mi predecesor Pablo VI escribía: "Los productores deben conocer y
respetar las exigencias de la familia, y esto requiere a veces, por parte de
ellos una verdadera valentía, y siempre un alto sentido de responsabilidad.
Ellos, en efecto, están obligados a evitar todo lo que pueda dañar a la
familia en su existencia, en su estabilidad, en su equilibrio y en su
felicidad. Toda ofensa a los valores fundamentales de la familia -se trate
de erotismo o de violencia, de apología del divorcio o de actitudes
antisociales por parte de los jóvenes- es una ofensa al verdadero bien del
hombre".176
Yo mismo, en ocasión semejante, ponía de
relieve que las familias "deben poder contar en no pequeña medida con la
buena voluntad, rectitud y sentido de responsabilidad de los profesionales
de los mass-media: editores, escritores, productores, directores,
dramaturgos, informadores, comentaristas y actores".177 Por consiguiente, es
justo que también por parte de la Iglesia se siga dedicando toda atención a
estas categorías de personas, animando y sosteniendo al mismo tiempo a
aquellos católicos que se sienten llamados y tienen cualidades para trabajar
en estos delicados sectores.
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