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Alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer,
emitida en el programa
"Claves para un mundo mejor" (Canal 9)

Cuaresma, misericordia y desarrollo

Sábado 18 de marzo de 2006

 

“Mis amigos televidentes, en este tiempo de Cuaresma, la Iglesia recuerda aquellas líneas fundamentales del Evangelio que tienen que ayudarnos a vivir un tiempo de conversión y por eso se insiste en la oración, en el ayuno y en la misericordia como las acciones características de este tiempo”.

 

“A propósito de la misericordia me gustaría comentarles hoy el mensaje cuaresmal que el Santo Padre Benedicto XVI nos ha ofrecido, a la Iglesia y al mundo, que tiene que ver con esto porque relaciona la misericordia, que debemos ejercitar especialmente en este período del año, con la temática -tan secular y profana- del desarrollo tomando una frase del Evangelio que destaca como Jesús se compadecía al ver la necesidad de la gente”.

 

“Nos dice el Papa que para promover un desarrollo integral es necesario que nuestra mirada sobre el hombre se asemeje a la de Cristo. El Evangelio nos dice que al ver Jesús a la gente “se compadecía de ellos”. Esto es que nosotros también podamos asumir esa mirada de Cristo”.

 

“¿Y cómo se hace pasar esto a una teoría del desarrollo y a una organización del desarrollo? La responsabilidad de la Iglesia no puede ir más allá que recordar estos principios fundamentales. El Papa nos recuerda la famosa encíclica “Populorum Progressio”, de Paulo VI, insistiendo que debemos promover un desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres, en todas las dimensiones de la persona humana y de todas las comunidades humanas donde todos seamos integrados en ella”.

 

“La primera contribución –dice el Papa- que la Iglesia ofrece al desarrollo del hombre y de los pueblos no se basa en medios materiales ni en soluciones técnicas sino en el anuncio de la Verdad de Cristo”.

 

“Es cierto que son necesarios los medios materiales. Es verdad que hay que afrontar técnicamente los problemas del desarrollo. Pero la misión característica de la Iglesia es anunciar la Verdad de Cristo y, por tanto, la verdad integral acerca del hombre, las condiciones de un auténtico desarrollo humano. El Santo Padre insiste también en que la misericordia es la barrera contra el mal, especialmente contra la indiferencia y el egoísmo. En este tiempo de Cuaresma nosotros tenemos que pensar en estas cosas”.

 

“Es verdad que no podemos hacer una gran contribución frente a los problemas tremendos del subdesarrollo en el mundo entero pero sí podemos ir creando ambientes diferentes, podemos ir cambiando la actitud ante las cosas”.

 

“Insiste, el Papa, en que ningún proyecto económico, social o político puede sustituir el don de uno mismo a los demás en el que se expresa la caridad. Aquí podemos conectar este mensaje cuaresmal con la Encíclica de Benedicto XVI que comienza con las palabras “Dios es Amor” y que es un tratado sobre la caridad. Les diría más es un tratado sobre la caridad no sólo en el ejercicio individual que cada cristiano hace sino de la caridad organizada de la Iglesia y la relación con los problemas de la justicia en el mundo”.

 

“Obras de caridad destinadas a promover el desarrollo han jalonado toda la historia de la Iglesia. Cuando no se hablaba del desarrollo ni existían las teorías desarrollista la Iglesia estaba en el tejido de los pueblos promoviendo el auténtico crecimiento de la persona humana y de las comunidades humanas”.

 

“Esta referencia a la mirada misericordiosa de Cristo que se compadecía y al ejercicio de la caridad es fundamental para encarar correctamente estas cuestiones, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un desarrollo integral en el cual deben tener su cabida los auténticos valores espirituales, los valores religiosos pues no se trata de subvenir a las necesidades más urgentes y materiales sino a la plenitud y a la perfecta maduración del hombre en su dimensión individual y social”.

 

“El Santo Padre cita una frase preciosa de la Madre Teresa de Calcuta que recuerda que “la primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo”. Y vaya si podemos hacer mucho en nuestra cuaresma con nuestro sacrificio personal, con la tradición de la Iglesia que liga el ayuno a la limosna o sea la austeridad de vida y el ejercicio de la misericordia y también ensayando esta mirada compasiva del Señor con la cual debemos afrontar los problemas cotidianos y que debe inspirar tantos discursos nuestros acerca de los problemas del mundo”.

 

“Mis amigos televidentes será, Dios mediante, hasta el próximo sábado”.

 

Mons. Héctor Aguer

Arzobispo de La Plata

 

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