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REFLEXIÓN DE MONS. HÉCTOR AGUER, Arzobispo de La Plata,
 
en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (Canal 9)
 

“NECESITAMOS CONOCER MEJOR A JESÚS”

        

“Tal vez recuerden que el sábado pasado, hablando a propósito del estreno de la película “El Código Da Vinci”, les decía que para nosotros, los católicos, esta es una nueva ocasión de ponernos a estudiar a Jesucristo”.

“Este estudio tiene que tener un sentido profundo y personal. No sólo un estudio teórico, teológico o catequístico sino para contemplar a Jesucristo, para profundizar nuestro conocimiento de Él, para poder hablar con competencia de Él y poder anunciarlo que esa es, después de todo, la misión de un discípulo, la misión de la Iglesia”.

“Creo que si hoy hiciéramos una encuesta de estas que se hacen en la calle o si ustedes quieren a la salida de un colegio católico o de alguna otra institución mas o menos cercana a la Iglesia y le preguntáramos a cada uno: ¿quién es Jesucristo?, ¿qué piensas de Jesucristo? No haciendo sugerencia al sentimiento subjetivo o a la impresión personal sino a la realidad, nos llevaríamos una sorpresa tremenda”.

“Por eso me parece que aquí tenemos mucho que profundizar. Piensen ustedes en los datos fundamentales que nosotros tenemos que tener en claro y tenemos que meditar de continuo. Sobre ellos tenemos que elaborar un discurso o una manera de hablar para proponer la persona y el mensaje de Jesús”.

Lo primero es que Jesucristo es el Hijo de Dios hecho Hombre. Que es verdadero Dios y verdadero Hombre. Que su nacimiento y su vida son una realidad histórica que ha cambiado la marcha de la humanidad”.

En segundo lugar, lo central de su Misterio y Misión: esto es su muerte y resurrección. Estas realidades también han producido una especie de revolución en el mundo. El nacimiento del cristianismo no seria pensable si Jesucristo no hubiera muerto en la cruz y si no hubiera sido visto resucitado por aquellos testigos que luego han difundido el Evangelio por el mundo entero y han comenzado la fundación de la Iglesia”.

Y en tercer lugar, y esto tiene que ver también con la identidad de Jesucristo, su continuidad con la Iglesia católica. La Iglesia no es una cosa ajena a Jesucristo, no es un invento circunstancial del mismo Cristo o de sus seguidores sino que existe una misteriosa continuidad entre Jesús y la Iglesia”.

“San Pablo utilizaba la imagen del cuerpo humano: Cristo -dice- es la cabeza y sus discípulos, los cristianos, somos sus miembros. Todos constituimos una unidad. Por eso la Iglesia tiene una dimensión visible, temporal, histórica y una dimensión de misterio, invisible, sobrenatural. Pero es inseparable de Cristo”. 

“Estas tres ideas centrales nos permitirían ir elaborando una meditación continua de Jesucristo y también, como decía, ir aprontando las palabras con las cuales tenemos que hablar de Nuestro Señor Jesucristo”. 

“Por eso es importante lograr que este tipo de manifestaciones adversas que creen a veces hacer daño a nuestra fe tienen que ser para nosotros ocasiones, desafíos, como para conocer mas intensamente al Señor y para vincularnos con un amor mas ardiente hacia Él”.

“Si no lo conocemos bien tampoco lo podremos amar y, luego, poder hablar de Él con toda naturalidad como de alguien que es una presencia real en nuestra vida y de la cual nuestra vida depende porque estamos ligados a El. Eso significa nuestro nombre de cristianos. Llevamos el nombre de cristianos por Jesucristo y por Cristo como una realidad viva en la historia de los hombres y en nuestra existencia personal”.

 

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