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REFLEXIÓN DE MONS. HÉCTOR AGUER, Arzobispo de La Plata
en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (Canal 9)
 

“PENTECOSTÉS, EL ESPÍRITU SANTO NOS REDEFINE COMO CRISTIANOS”



Mañana celebramos la Festividad de Pentecostés con la cual culmina el tiempo pascual y recordamos el día en que se produjo la primera gran efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia que allí nacía según la promesa de Jesús”.

Al Espíritu Santo se lo llama en el Evangelio de San Juan Paráclito, esa palabra griega que significa Aquel a quien invocamos para que venga y se quede a nuestro lado. Nosotros le damos diversos nombre y Jesús le da el nombre del Espíritu de la Verdad y nos dice que es el Espíritu que el mundo no puede recibir porque no lo ve ni lo conoce pero es el Espíritu que reciben sus discípulos”.

Dice también que el Espíritu Santo dará testimonio de Él, de Jesucristo, y que nosotros también podremos dar testimonio, precisamente porque el Espíritu de la Verdad nos animará a hacerlo. Es el Espíritu de la Verdad que nos introduce en la Verdad completa, en la Verdad completa y la plena comprensión de sus palabra y de su Evangelio”.

“Por eso me parece que hoy, con la ocasión de Pentecostés, podemos reflexionar sobre nuestra relación con el Espíritu Santo porque los cristianos nos definimos por nuestra adhesión a Cristo –cristiano viene de allí- pero no siempre advertimos que es el Espíritu Santo el que nos hace cristianos”.

El Espíritu Santo es quien en el Bautismo perdona el pecado original, quien nos unge en la Confirmación para ser testigos de Cristo, quien produce la trasformación de los dones del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor en la Eucaristía. Es a quien la Iglesia invoca en cada uno de los sacramentos para que la gracia sacramental llegue a cada uno de sus fieles”.

“Por eso nuestra relación con el Espíritu Santo no puede ser la que nuestras abuelas tenían por ejemplo con San Antonio a quien invocaban cuando se les perdía el dedal o los anteojos. A veces escuchamos que hay gente que dice: “Hay al Espíritu Santo hay que pedirle porque me olvidé de esto o aquello”. Esas son banalidades porque hay algo mucho más serio aquí”.

“Nosotros no podríamos confesar a Jesús como el Señor y el centro de nuestra vida y de la historia si no nos impulsara a ello el Espíritu Santo. No podríamos llamar a Dios como Padre si no es porque el Espíritu Santo nos da los sentimientos filiales de Jesús”.

Tenemos que profundizar en esta especie de redefinición del cristiano por su relación al Espíritu Santo. Aprovechemos esta Solemnidad de Pentecostés para pensar estas cosas que tienen mucho que ver con la intimidad de nuestra relación con Dios y, también, con la configuración concreta de nuestra vida cristiana y de nuestro testimonio de Jesús. Hasta el próximo sábado si Dios quiere”.

 

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