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LEY DE ESTERILIZACIÓN:
LA MUTILACIÓN DE LOS MAS POBRES

 

Reflexión del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en el programa “Claves para un mundo mejor”
Sábado 24 de
junio de 2006

 


     Ha recibido la aprobación de las comisiones respectivas un proyecto que está a punto de pasar a discusión en la Cámara de Diputados de la Nación que promueve y legaliza la esterilización quirúrgica. Así como ustedes han oído. Se trata de la ligadura de trompas en la mujer o la vasectomía en el varón. Es un método anticonceptivo al parecer barato y eficaz.

Algunos dicen y quieren presentarlo como un método reversible. Sí, es reversible, pero a costa de una delicada operación de microcirugía que es por otra parte muy costosa y a la cual seguramente no se podrán someter de un modo fácil aquellos que han sido sometidos anteriormente a este proceso de esterilización.

En el proyecto hay otras cosas interesantes a tener en cuenta. La persona que quiere de este modo aniquilar su capacidad procreativa no necesita de la autorización o consentimiento de su cónyuge o de su pareja. Esto va  a ser una prestación obligatoria en todos los centros de salud. Sí, allí mismo donde usted sabe que faltan los insumos básicos y en un sistema global en el cual muchos enfermos terminales o con enfermedades gravísimas no pueden disponer de los medicamentos que necesitan.

Aquí hay algo realmente para preocuparse. Se trata de una mutilación, de una mutilación grave y desde el punto de vista ético esto es enorme porque nosotros no somos dueños de nuestro cuerpo.

Se dice sí que será necesario el consentimiento informado de las personas que quieran de esta manera ser esterilizados, pero todos sabemos muy bien cual es el poder invasor de la propaganda, las presiones del ambiente, las argucias del clientelismo político. Siempre estará flotando la posibilidad de ofrecer una bonificación a aquellos que quieran de esta manera evitarse “el trabajo” de tener hijos.

Pero hay otro asunto que quiero destacar: es el aspecto político y cultural de esta medida. Se está promoviendo algo que coincide con los designios globales de una especie de imperialismo demográfico. Muchos países han sido sometidos a este régimen. Son países del Sudeste Asiático, de África y de América Latina, en Brasil, por ejemplo.

Se dice que un buen porcentaje de las mujeres brasileñas entre 17 y 44 años han sido esterilizadas de este modo. Es que esto es lo que no se advierte y donde se observa cómo se reactivan las viejas ideas de Malthus y de Galton que dieron origen al imperialismo británico.

Hoy son instituciones cercanas a las Naciones Unidas, esas que organizan congresos y que ejercen presión sobre los parlamentos y las legislaturas, las que llevan adelante estos proyectos.

De lo que en verdad se trata es de que los países en vías de desarrollo no crezcan en su población. Se trata entonces de impedir que los pobres tengan hijos, por eso pienso que a este proyecto lo podríamos titular como de la mutilación de los pobres. ¿Y por qué?

Porque si los países en vías de desarrollo crecen demográficamente, si los pobres tienen hijos, eso significa un peligro para los intereses de los países centrales o de las capas sociales que se autoconsideran superiores.

Esto ha ocurrido así en muchas ocasiones a lo largo del siglo XX. Ustedes recordarán las políticas antinatalistas de Mac Namara en los Estados Unidos de los años 60, o el famoso informe Kissinger de 1974. Los intereses de los países centrales no pueden permitir el crecimiento demográfico de aquellos en vías de desarrollo.

De verdad causa admiración que los que se dicen representantes del pensamiento progresista adopten las pautas culturales del capitalismo salvaje.

Pues bien, esto se va a aplicar en la Argentina, en un país despoblado como la Argentina y cuando aquellos países que han entrado ya en el invierno demográfico a causa de políticas antinatalistas nosotros estamos tratando desesperadamente de salir de esa situación y marchamos frívolamente hacia allá cuando lo que necesitaríamos de nuestro Congreso es que se dedique a sancionar leyes que favorezcan a las familias y que mejoren la situación social y cultural especialmente de los pobres.

Nosotros necesitamos que nazcan muchos niños en la Argentina, hijos de esta tierra, que puedan ser criados y educados dignamente por sus familias. Hasta el próximo sábado si Dios quiere.

 

Mons. Héctor Aguer
Arzobispo
de La Plata

 

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