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REFLEXIÓN DE MONS. HÉCTOR AGUER
Arzobispo de La Plata

en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (Canal 9)

 

ANTE LAS DESERCIONES
LA VERDAD DEL CELIBATO SACERDOTAL




 
“Ocurre frecuentemente que cuando se produce alguna deserción de un sacerdote anunciando que se ha enamorado o que se va a casar surgen inmediatamente cuestionamientos generalizados contra la disciplina católica acerca del celibato sacerdotal”.

“Se plantea otra vez: ¿porqué la Iglesia Católica pone esta exigencia que parece desmedida para los tiempos actuales, que parece contraria a la naturaleza y que puede fomentar ciertas patologías que se cubren con la disciplina oficial del celibato?”.

“¡Es que el mundo de hoy no comprende la posibilidad de entregarse libremente al servicio de Dios en cuerpo y alma de una manera total!”.

“Suele decirse que el celibato es obligatorio como si la persona que elige ese camino fuera forzada en contra de sus intenciones o de la intenciones más profundas de su personalidad y no es así”.

“Es necesario recordar insistentemente que la disciplina del celibato está ligada obligatoriamente al ministerio sacerdotal por una decisión de la Iglesia latina pero que es perfectamente libre. La persona que se empeña en ese camino ha tenido años y años de preparación para reflexionar y cuando llega a comprometerse definitivamente, de por vida, ya tiene la suficiente madurez para hacerlo de modo consciente”.

“Se podría hacer una analogía entre el compromiso del sacerdote con el celibato y el compromiso de un hombre o una mujer con la indisolubilidad del matrimonio”.

“Hay personas que dicen: ¿porqué hoy la Iglesia Católica no ordena hombres casados? Ante esto les planteo otra cuestión: ¿ustedes se imaginan los problemas que tendría la Iglesia si ordenara hombres casados cuando se sabe de la inestabilidad de los matrimonios en la actualidad?”

“¿Qué pasaría entonces? El sacerdote no anunciaría que está enamorado de una catequista o que se va a casar para cambiar de vida sino que la comunidad también murmuraría que el sacerdote se ha enamorado de una mujer casada y que hace con la suya propia y que pasaría con los hijos. Ustedes piensen como toda la problemática actual del matrimonio y la familia se introduciría en el orden eclesiástico de un modo impensado”.

“Me parece que sería bueno buscar otras razones para explicar porque un sacerdote, después de años y años de ministerio, se enamora y decide cambiar de ruta y contradecir aquella decisión libre por la cuál él se comprometió con Jesucristo y con su Iglesia. ¿Cuál es la causa?”.

“Se me ocurren rápidamente esbozar tres posibilidades. La primera puede ser que el sacerdote no tuviera vocación o que no haya habido un discernimiento correcto de su vocación. En realidad su camino hubiera sido otro y el juicio que se hizo sobre él estuvo equivocado”.

"Otra puede ser que la formación que recibió durante muchos años preparándose para el ministerio sacerdotal no haya sido correcta. Objetivamente no era todo lo perfecta que debía ser o subjetivamente no fue por él asimilada en plenitud de tal modo que formara su personalidad”.

“La tercera también puede ser que, luego, en el ejercicio del ministerio sacerdotal él haya decaído del nivel espiritual que corresponde y necesita para vivir el celibato”.

“El celibato no se puede vivir plenamente y en perfección si no es en un plano que  llamaría místico, es decir de unión íntima con Jesucristo porque el celibato supone el amor a Él por encima de otros amores y eso hay que mantenerlo con disciplina ascética personal, con mucha oración, con frecuencia sacramental y con una intimidad  continua con Jesucristo”.

“Por último: ¿Por qué la Iglesia latina persiste en este camino? ¿Por  qué une el ministerio sacerdotal al don del celibato? Mis amigos esto es así porque, la Iglesia, considera que aquí hay un tesoro preciosísimo del cual no se debe renunciar. Hasta el sábado próximo, Dios mediante.”
 

Mons. Héctor Aguer
Arzobispo de La Plata

15 de julio de 2006

 

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