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REFLEXIÓN DE MONS. HÉCTOR AGUER, Arzobispo de La Plata
en “Claves para un Mundo Mejor” (Canal 9)
 

EL CORAJE DE SER CRISTIANO
EN MEDIO DE NUESTRA CULTURA

        

“Uno de los problemas principales que se le plantea al católico de hoy es como permanecer fiel no sólo a la fe cristiana sino a un estilo de vida propio de un cristiano en medio de una cultura en la cual los valores auténticamente cristianos se han ido desdibujando cuando no se ha ido perdiendo”.

Y les pongo algunos ejemplos. Un chico o una chica cristianos que viene, tal vez, del interior del país a una gran ciudad como Buenos Aires, Rosario, La Plata u otra ciudad a estudiar en una universidad y se encuentran allí con que todo el clima ideológico espiritual, por decirlo de algún modo, la cultura vivida son contrarios a la fe. Se pueden encontrar con profesores que profesan el marxismo o son freudianos y atacan deliberadamente las convicciones que ellos traen”.

“O bien el ámbito de la diversión en que reinan ciertos códigos o ciertas pautas que se oponen a las virtudes cristianas más elementales. ¿Cómo se hace para mantener la fe, la vida de la gracia, el sentido cristiano de la existencia en estas circunstancias?”

“Y podríamos ampliar el ejemplo a la vivencia general de un cristiano en la sociedad de hoy, en las relaciones sociales, en el trato con los demás. ¿Cuáles son los criterios vigentes? ¿Cuáles son las pautas de conducta? ¿Qué es lo que rige las relaciones? Vemos que no es precisamente la fe o lo que se deriva de la fe”.

“Esto no es un problema simplemente de hoy. Ha ocurrido siempre a lo largo de toda la historia y especialmente es un problema marcado en los primeros siglos, en los primeros tiempos de la Iglesia. Tal es así que en el Nuevo Testamento nos encontramos, en las Cartas de los Apóstoles, con advertencias muy claras que piden y exigen a los fieles que no se configuren con el mundo, que no se mimeticen con el mundo. Y por mundo entendemos, en el lenguaje evangélico, aquella cultura o aquella manera de pensar o de vivir contrario al Evangelio, contrario a la fe”.

“Pues entonces este fenómeno o este hecho no debe acomplejarnos, no debe retraernos del testimonio que debemos dar, no debe hacernos perder ni la lucidez ni la convicción con la cual es necesario sacar adelante continuamente un estilo de vida cristiano. Ya había un escrito de la antigüedad, precioso, que decía que los fieles cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por la tierra en la que habitan ni por la lengua que hablan ni por la ropa que visten sino por su propio estilo de vivir”.

“El Papa Paulo VI en su primera encíclica, en los años del Concilio Vaticano II, decía algo semejante haciendo alusión precisamente a las transformaciones y a los cambios culturales de aquellos años y que han continuado aceleradamente hasta esto que hoy llamamos postmodernidad -si es que esa postmodernidad existe- pero, lo que quiero decir  es una configuración de la cultura que no tiene nada que ver o tiene poco que ver con la fe cristiana”.

“Hago esta reflexión porque me parece que es importante no seguir retrocediendo, no seguir perdiendo espacios. Al cristiano le corresponde no sólo vivir con valentía su fe, no sólo tratar de llevar esa fe a la vida con plena coherencia sino también evangelizar la cultura que quiere decir difundir esta manera de pensar y de vivir sin complejo alguno”.

“El recordado y querido Papa Juan Pablo II muchas veces no ha animado a esto diciendo que no debemos tener miedo y me parece que esto es lo que hace falta: ¡coraje para vivir en serio como cristianos!”.

 

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