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REFLEXIÓN DE MONS. HÉCTOR AGUER
Arzobispo de La Plata

en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (Canal 9)

 

LA CRISIS DE LA FAMILIA SE FUNDA
EN LA P
ÉRDIDA DEL VALOR DEL MATRIMONIO

        

         “Frecuentemente hablamos de la situación de la familia en la actualidad, de lo que se denomina “la crisis de la familia”. Se suele apuntar a la precariedad de la institución familiar, a su inestabilidad constante, y creciente. Este es un problema vastísimo que podríamos enfocar en sus distintos aspectos, pero hoy deseo subrayar uno de ellos solamente, sin pretensión de abarcar el problema en su complejidad”.

“Me parece que en lugar de hablar tanto de la “crisis de la familia” tendríamos que referirnos a la crisis o la pérdida de valor de la institución matrimonial, del matrimonio”.

“Hay que recordar con insistencia que, en realidad, no hay familia sin matrimonio, aun cuando mucha gente esté confundida al respecto; también algunos legisladores lo están. Tenemos que recordar que la familia se funda en el matrimonio que es la unión estable de un varón y una mujer. Es aquí, en esta verdad, donde encontramos una pérdida de valor”.

“Me parece que una de las causas de la actual depreciación del matrimonio ha sido la famosa ley de divorcio. Hoy en día, en la Argentina, en el orden civil, ya nadie puede contraer un matrimonio indisoluble, para siempre. Se piensa que el matrimonio es provisional, porque se lo puede disolver a voluntad y esta posibilidad se convierte en una convicción; como consecuencia se crea una ambigüedad notable respecto de lo que significa el matrimonio como realidad estable, permanente, como la unión de dos personas para toda la vida”.

“El origen de esta fragilidad, probablemente se encuentra mucho antes del momento del matrimonio, es decir en la preparación,  en lo que antes se llamaba el noviazgo. Y digo antes porque el noviazgo ha cambiado de carácter; en estos tiempos se suele usar ese término, pero no para referirlo a un tiempo serio de amistad, de profundización en el conocimiento mutuo en orden al compromiso matrimonial”.

“Además se registra actualmente otro fenómeno, el de una convivencia al margen del compromiso de fidelidad y exclusividad propio de la alianza matrimonial. Incluso se considera el matrimonio como una cuestión de papeles, de pura formalidad. Y esto también se da en muchos cristianos que no tienen las cosas claras; piensan lo mismo del sacramento y se van a casar por la Iglesia en estas condiciones”.

“Lo que tenemos que rescatar nuevamente es la preparación al matrimonio y la idea misma del matrimonio. La gente, al parecer, se casa por amor, pero ¿qué significa ese amor? Muchas veces excluyen totalmente las razones que fundamentan la decisión. Y no estoy estableciendo una oposición entre casamiento por amor y casamiento por razón; menciono las razones con este significado preciso: un proyecto de vida, pensado y asumido en común, para ser vivido con amor fiel y fecundo”.

“El amor puramente romántico o pasional, sin un proyecto de vida común, no puede durar y queda librado al vaivén de las circunstancias, de las emociones, de los intereses. Quizás es éste uno de los problemas fundamentales que hoy en día ponen en jaque la estabilidad y solidez de la familia. No dura porque esa unión no estaba destinada a durar”.

“Y otra cosa importantísima: falta la paciencia. Los amores más grandes se prueban en la convivencia cotidiana, es entonces allí donde hay que limar asperezas, hay que remendar continuamente los agujeritos que se abren en la relación. Es preciso ir ajustando la convivencia, lo cual supone esfuerzo en la modificación de caracteres, en la armonización de inquietudes y de intereses”.

“Estos elementos muy humanos  no deben descuidarse. Lamentablemente se toma con una enorme ligereza algo que es fundamental para la vida de la sociedad; porque la familia fundada en el matrimonio, no está destinada sólo a la felicidad de las dos personas que se casan y, eventualmente, de sus hijos, sino que en ella se funda también el equilibrio, la perfección, la belleza de una sociedad que pueda organizarse y crecer, ser entendida y vivida como una auténtica comunidad”.

 

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