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HOMILÍA DE MONS. JOSÉ M. ARANCIBIA,
 ARZOBISPO DE MENDOZA

FIESTA DIOCESANA 2006

Solemnidad de la Virgen del Rosario, patrona de Mendoza

... hagan lo que él les diga (Jn 2,5)

 

1. En los días de preparación a la Fiesta, como muchos saben, me ha tocado estar en Roma, por los trabajos de la comisión a la que pertenezco. Ha sido una oportunidad hermosa para rezar por ustedes en la tumba de Pedro. El apóstol impetuoso, que aprendió a amar a Jesús con sus lágrimas. A quien Jesús -reconocida su pobreza- encomendó que apacentara sus ovejas, y que cuidara a los hermanos. En su tumba, venerada cada día por miles de peregrinos, me he sentido movido a decir, con toda la Iglesia, y por esta mi Iglesia en Mendoza: Jesús, creo en vos, confío en vos, quiero amarte por encima de todo. Ha sido un placer representarlos. Estoy seguro que el Señor ha escuchado esta súplica, y que hoy nos reconforta en este encuentro de familia diocesana. 


2. Todos conocen la venerada imagen de la Virgen del Rosario, patrona de Mendoza. La que introducimos en esta asamblea con cantos alegres. Miremos de nuevo su bella figura. En ella, Jesús es inseparable de María. Al admirar su belleza y expresarle cariñosa devoción, por lo que representa, encontramos a Jesús, en brazos de su madre. Hecho hombre niño, igual a nosotros en todo, menos en el pecado, venido para ofrecer la salvación prometida.

Este año, meditando en las bodas de Caná, descubrimos presente a María, pero en actitud de llevar a Jesús. Porque la Virgen, no sólo muestra a Jesús como niño pequeño en su regazo, sino que ella es guía materna y segura para encontrar a Jesús en nuestra vida. De mil formas María asegura la presencia de Jesús en el mundo, pero en aquellas bodas invita a poner una mirada atenta sobre Jesús, para creer y confiar en él -personalmente-, como Mesías y Redentor. Para escucharlo, conocerlo y amarlo de corazón, allí donde él está presente; donde puede ser encontrado y convertirse en amigo, para ofrecer frutos de vida.

Me atrevo a preguntar: tu invitación, Señora, ¿es para cualquier persona? ¿Incluso para quienes se sienten alejados, o agobiados por los problemas de su casa, de su familia o trabajo? Seguro que todos quieren sentir dentro la respuesta de María y recibirla en su interior.  


3. Este encuentro festivo ha girado en torno al AMOR, que entusiasma y compromete. ¿Cómo interpretar entonces el mandato de María: Hagan lo que él les diga? Se puede pensar que se trata de cumplir los mandatos de Jesús. Los antiguos diez mandamientos de la ley de Dios confirmados por Jesús, y de los otros dos preceptos de su Evangelio: amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos.

Pero la indicación maternal y afectuosa de María, debe ser entendida en una amplitud mucho mayor, que entusiasma y conforta. La carta del Papa sobre la Caridad nos permite reconocer varias dimensiones:

-Hagan lo que él les diga, significa ante todo: ¡DÉJENSE QUERER POR DIOS! ¿Se sienten tristes, desalentados, pecadores, ... vuelvan una y otra vez la mirada y el corazón sobre la Palabra de Dios. La Iglesia canta con los salmos de la Biblia:

“Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá.

Indícame, Señor, tu camino  y guíame por un sendero llano ...” Sal 27 (26), 10-11.

En el Evangelio, Jesús se presenta como el Pastor que conoce y quiere a sus ovejas; el que sale a buscar la oveja perdida. Él revela el amor de Dios Padre, con la parábola de aquel padre de familia, que no sólo aguardó el regreso de su hijo perdido, sino que corrió a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos. La convicción evangélica es absoluta: “Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna” (Jn 3,16). En forma de pregunta, le diríamos: Jesús, ¿cómo no hacer lo que digas, si encontrarte nos llena de gozo, y nos hace sentir amados?


4.  Obedecer el pedido de María, es también SENTIR EL ENCANTO DE JESÚS, que atrae por la belleza de su rostro y el consuelo de su promesa. “Vengan a mi -dice el Señor- todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mi, que soy sencillo y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas” (Mt 11,28). ¡Cuánta paz y dicha habrán sentido los que escuchaban esas palabras! Daría gusto recibirlas y ponerlas en práctica. Como en el monte de las bienaventuranzas, cuando les aseguró la felicidad a quienes lo siguieran por el camino de la pobreza, de la justicia, y la misericordia; aunque tuvieran que sufrir un poco por practicar esos valores. María es testigo: creer en Dios y servir a su proyecto, es fuente de alegría sin igual; por eso cantó las maravillas hechas en ella, y aún las canta hoy con la Iglesia entera que utiliza su cántico . El Evangelio dice de muchas maneras que la fe en Jesucristo es fuente de felicidad, y el mismo Jesús prometió en la última cena, que seríamos dichosos si imitábamos sus gestos de servicio humilde a los demás. 

Hoy en día, podemos sentir desaliento, porque no se ven metas o modelos confiables. Muchos viven de cualquier manera y les va bien. A  veces nos hace dudar, el esfuerzo que exigen los preceptos. Entonces vuelve a resonar fuerte la recomendación de María: Hagan lo que él les diga. ¿Dónde podríamos encontrar un ideal tan alto, atrayente y hecho posible, por la gracia de Dios? ¿Puede alguien apartarnos de un camino tan claro, seguro y feliz?         


5. Por fin, cuando la Virgen convida, podemos entender: DÉJENSE IMPULSAR POR SU ESPÍRITU para vivir y predicar el amor. Jesús mando a unos cuantos para que llevaran por todas partes la buena noticia. Era pocos, pero les comunicó la fuerza del Espíritu Santo, fruto de su muerte y resurrección. No se sintieron dueños del mundo, sino servidores de la Buena Noticia, el Evangelio de Jesús. Llevaron el mensaje por doquier, con la palabra y la conducta. Hasta fueron felices de sufrir por Jesús, y de entregar la vida por su causa. Hoy el Espíritu sigue conduciendo a su Iglesia. Está lanzada al mundo, para ofrecer las maravillas entregadas por el Señor: perdón y reconciliación, paz incomparable, vida en abundancia, amor generoso brotado del mismo corazón de Dios.

Esta fiesta ha sido siempre un momento clave de la vida diocesana. De tantas personas y comunidades que en Mendoza se sienten cristianos y católicos. Devotos de María, que muestra a Jesús y conduce a él, de una manera suave y convincente. Hoy la escuchamos de nuevo: Hagan lo que él les diga. Por lo tanto, como obispo y pastor de ustedes, hoy volveré a enviarlos, para que saciados con la Palabra y el Cuerpo del Señor, vayan por todas partes. Vivan y anuncien en Evangelio con alegría. Lleva consigo el poder que salva.


Los compromisos asumidos en nuestro Plan Diocesano mantienen su vigor: Renueven su fe en Jesucristo y crezcan en la necesaria formación. María les indica el camino donde hay vida y verdad: es Jesucristo. Sientan la urgencia de compartir con la Iglesia la misión evangelizadora a ella confiada. No queremos ser cristianos tibios ni cómodos. El mundo necesita gusta los valores del Evangelio. Nos empuja con fuerza el Espíritu de Jesús, que sopla cada día sobre nosotros. Llevemos al mundo la alegría de la fe, el consuelo de la esperanza, y una vida intensa de amor y de servicio. 

 

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