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HOMILÍA DE MONSEÑOR MARIO ANTONIO CARGNELLO,
ARZOBISPO DE SALTA

5 DE FEBRERO

Agradecemos la visita de los tres sacerdotes polacos, uno de ellos trabaja en la diócesis de 9 de Julio, otro de los padres estuvo en Santiago del Estero y ahora esta en Italia, y el otro Padre esta en Polonia. Son de la diócesis de Dublín, donde el Santo Padre Juan Pablo II supo ser profesor, en la cátedra de Filosofía.

Queridos hermanos, “Cristo tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí las enfermedades”, así proclamaba el versículo del Evangelio.

La escena del Evangelio nos invita a ver a Jesús, como aquél que viene acercándose hacia lo más profundo de la condición humana, hasta el misterio de la enfermedad, del dolor. La curación de la suegra de Pedro y una multitud de gente que se le arrimaba, pidiéndole la salud nos muestra al Señor, justamente como el Dios que se acerca a nosotros.

La fe cristiana nos hace compartir con toda la Iglesia esta mirada sobre Dios y esta mirada de Dios sobre nosotros. Dios, nuestro Dios, es un Dios que siendo el principio de todas las cosas no está lejos, sino que está cerca; no se particulariza en un lugar, sino que esta para compartir con las personas, es un Dios nuestro. Nos reúne en este lugar, donde domingo a domingo compartimos la Eucaristía, es el Dios cercano hasta hacerse comida para ser el principio y el motor de nuestra vida. Este Dios quiere estar cerca de ti, Israel, de ti, Iglesia.

La vida cristiana tiene ese ritmo semanal, no nos convoca en un lugar distante de la vida, sino en la vida común, en la parroquia, en la Iglesia de nuestro pueblo.

Jesús aparece así en el Evangelio, arrimándose al hombre en su necesidad, en su precariedad. ¿Cómo se arrima el Señor? Podemos prestar atención a los verbos que usa Marcos, para mostrar como actúa el Señor o como trata el Señor a la suegra de Pedro: “Él se acercó, la tomo de la mano y la hizo levantar, entonces ella no tuvo mas fiebre y se puso a servirlos”.

A partir de Jesús, nosotros contemplamos en su rostro, los rasgos humanos del Dios y Señor de todas las cosas. Podemos acercarnos a Dios y aprender de las aptitudes, de los sentimientos, del modo de ver de Jesús, cómo es Dios. Así nos lo enseña, por ejemplo cuando habla en la Parábola de la oveja perdida, y muestra la búsqueda del pastor que llega a la única oveja, aun dejando las noventa y nueve: ése es Dios, ése es Jesús.

Después el Evangelio dice: “La tomó de la mano”: llega hasta la necesidad misma del hombre, se hace uno con nosotros, Jesús se arrima a cada uno de nosotros. El tocar, el compartir, el hacerse uno con nosotros es propio de Cristo; no necesitamos ir a buscarlo, Él viene a nosotros. Lo buscamos porque Él nos busco. “Y la hizo levantar”, la cercanía de Dios dignifica, sana, Jesús nos sana.

Cada domingo venimos al templo y celebramos la Eucaristía trayendo nuestra propia historia. ¿Cómo es? Con sus luces y con sus sombras, traemos nuestras heridas y enfermedades, esas que están en el corazón, y el Señor al arrimarse, y al acercarse nos va poniendo de pie, que es la posición propia del hombre. No se trata de aptitudes mágicas, simplemente es la compañía de un Dios que a veces se hace bastón, a veces es el que nos levanta, a veces nos acompaña… pero así es Dios, por su Palabra, por sus Sacramentos nos va comprometiendo desde lo mas profundo de nuestra dignidad.

Dice el Evangelio que la suegra de Pedro se puso a servirlos. El signo de la salud, de la persona que se sabe digna y amada, es la capacidad de servir. Dios nos da la posibilidad de conocer a mucha gente buena, gente servidora, chicos o grandes, señoras u hombres, ricos o pobres, gente que tiene capacidad de servicio y está atenta hacia el otro. Justamente un signo de cansancio es cuando uno pierde la capacidad de servir. El hombre sano es capaz de servir, de mirar más allá de su preocupación y mirar el rostro del otro. ¡Que bien nos viene cuando alguien simplemente se da cuenta y dice: “Algo te pasa” ¿Qué te pasa?! Porque te atiende, te vio, te descubrió y tiene capacidad de servir; en el fondo es una persona digna.

La celebración de la Eucaristía es una ocasión para experimentar al Dios que nos acompaña, para advertir que Dios es así, siempre cercano, siempre dispuesto a levantarnos, y que nos de esa fuerza para servir a los otros. Que seamos signos de este Dios servidor, como Jesús que sirve acercándose, que nos va levantando y que impulsa al servicio. Dios se arrima a nuestra existencia, que a veces es difícil, como lo decía Job en la primera lectura.

No puedo callar, queridos hermanos, mi unidad con Monseñor Uriona. Uds. conocen la noticia; gracias a Dios los diarios han publicado, también el mensaje que Él ha dado, donde testifica su inocencia. Nos duele porque en el tratamiento de la noticia se percibe la inclinación de denunciar a Monseñor Uriona, porque es Obispo, aunque sea falsa la denuncia. Es injusto cuando se trata, así, sin dar la posibilidad desde un primer momento a una defensa o a una noticia justa y lo mas veraz posible. La sola defensa que a veces hacen algunos de que ponen el verbo en potencial “habría pasado tal cosa…”, no es justa, porque la fama queda lesionada, y no nos olvidemos que la difamación es un pecado mortal y grave. Si es calumnia, es peor. Tenemos que ser justos. Pedimos al Señor por nuestra Iglesia, porque uno siente que el momento que vivimos es difícil, por la incomprensión, por las lecturas que se hacen de los acontecimientos eclesiales. Y a veces uno le pregunta al Señor ¿Qué le pides a la Iglesia en la Argentina en este momento? Nos tenemos que identificar contigo en la humildad, por supuesto. Ayúdanos para no perder la audacia de seguir entregándonos a pesar de nuestros limites, y de nuestras fragilidades, a pesar de los ataques y de las incomprensiones, y sobre todo que no perdamos nunca la capacidad de amar y de servir, signo de una Iglesia sana. Que el Señor nos dé esa audacia sana del amor, y también nos enseñe a perdonar.

A los cristianos: No duden de la Iglesia, aunque aparezcan las debilidades nuestras, porque la garantía de la Iglesia es Jesucristo. Nosotros sólo queremos decir esto: “Nosotros queremos ser fieles y luchamos por ello”, con Ustedes porque con Ustedes somos cristianos, como decía San Agustín; y si Dios nos ha puedo para servirlos a Ustedes, y esto es nuestra carga, antes tenemos que luchar con ustedes recorriendo el camino de la santidad, en un empeño serio a lo largo de nuestra vida, como estoy seguro que sucede en la vida de ustedes. Amemos a la Iglesia, confiemos en la protección del Señor, no perdamos la audacia del servicio y el fuego del amor.

Monseñor Mario Antonio Cargnello
Arzobispo de Salta

 

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