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HOMILÍA DE MONS. MARIO ANTONIO CARGNELLO

1er DOMINGO DE CUARESMA


Estamos en el pórtico de la Cuaresma, a la que hemos ingresado el Miércoles de Cenizas. Decíamos en ese dia que la Cuaresma es una cuestión de amor, y recordando la imagen que nos ofrecía el Papa Benito, en su mensaje para este tiempo litúrgico, decíamos que la Cuaresma es un viaje al corazón de cada uno, desde la superficie de nuestra vida, del acontecer diario, de lo que hacemos, de lo que transcurrimos. Es un viaje, que además de llegar a lo profundo del corazón, desde ahí se dirige al corazón de Dios, porque Él ha viajado hacia nosotros.

Un viaje a lo profundo de nuestro corazón, significa una invitación a superar la tentación de la banalización de la vida, de la frivolidad. De hecho escuchamos en el Evangelio, la constatación que hace Marcos: “Jesús fue llevado por el espíritu al desierto, y ahí fue tentado por Satanás, durante cuarenta días”.

Jesús es el “hombre” en serio, Él es Dios y hombre, el que toma la vida desde su base y con sentido de plenitud. Es el Hijo, el Hombre responsable, el Hombre que no mira para otro lado, y es quien nos invita a enfrentar esa tentación de convertir nuestra vida, en un hecho banal, en una vulgar duración.

La Iglesia nos propone, como tres sendas o tres bastones para hacer ese camino hacia lo más profundo de nosotros mismos. Tres bastones, que significan priorizar nuestras relaciones, desde el yo, desde lo más profundo de nuestros corazones. Hay que priorizar nuestras relaciones con Dios, por el camino de la oración; con los hermanos, por el camino de la caridad, por el camino del compartir (esa palabra “limosna” no logra decir todo); y con nosotros mismos, por el camino del sacrificio.

Me preguntan ¿Qué tenemos que hacer en Cuaresma? Y decimos “no comer carne los viernes”, pero todo el año no tenemos que comer carne los días viernes, salvo que sea una fiesta. Pero, es más que eso, porque es la invitación a revisar nuestras esclavitudes, para aprender a ser libres de nuestros ídolos, de nuestras adicciones, de nuestras estupideces… para poder ser libres.

Cuaresma es una invitación a ser personas, hijos de Dios. Es precioso el tiempo de Cuaresma y digno de vivirse. Por eso, comenzamos dando gracias a Dios, porque nos da una nueva oportunidad de vivir una nueva Cuaresma. Decía el miércoles, que quizás un signo elocuente de la banalización, es el carnaval como ficción -la careta, la vestimenta, la frivolidad llevada hasta la estupidez-; frente a esto, Cuaresma es un giro y por esto, el grito del Señor: “Conviértanse”.

¿Por qué tengo que hacer este giro? El Señor nos decía: “El Reino del Señor está cerca”. Podíamos traducirlo: “Yo estoy con ustedes”, en boca de Jesús. El Señor está con nosotros; Dios que es puro servicio y darse, plenamente está con nosotros en Jesús, por eso comenzamos de nuevo cada año. El estar de Jesús con nosotros se hace real en cada uno de nosotros a partir del Bautismo. Pedro nos decía en la Carta: “Ustedes son salvados por el bautismo, el cual no es la limpieza de la mancha, sino el compromiso con Dios de una conciencia pura”. Este tiempo de Cuaresma es, justamente, ese viaje a lo profundo de nuestra conciencia para purificarla.

La Palabra de Dios nos habla de la primera alianza, de la que habla la Sagrada Escritura: la Alianza con Noe, después del diluvio. Ésta es una alianza de Dios con ustedes, con sus descendientes, y con todos los seres vivientes -con los pájaros, el ganado y las fieras salvajes-, Él nos dice: “Yo estableceré mi Alianza con ustedes, los mortales ya no volverán a ser exterminados”.

Dios establece una alianza con la creación entera, con la vida. Por eso, en ese ir hacia nuestro corazón, en este domingo, descubrimos una invitación seria a pensar nuestra actitud frente a la vida, ante la creación. Vivimos en un tiempo, en el que el mundo se ha convertido en una aldea; son muchas las experiencias que nos hacen ver la necesidad de cuidar el mundo, de cuidar esta casa que es el mundo, y cuidarlo porque somos justamente cristianos.

Un cristiano, por ser cristiano, está comprometido con la ecología: somos bautizados en el agua, que la Palabra, y que con la fuerza del Espíritu nos hace Hijos de Dios. Jesucristo ha tomado las realidades creadas, como el agua y las ha convertido en signos de salvación, y por eso debemos cuidar toda la naturaleza: el agua que hoy se ha convertido en artículo que se vende, que se negocia, hay que cuidarla; y así la tierra y el aire.

El compromiso con la ecología y con la vida, supone para el cristiano, triple línea de revisión de nuestras actitudes:

Primero: Nuestra actitud con la vida, con la vida no humana y con la humana, comenzando por el cuidado de nuestros árboles, de no tirar ni ensuciar la naturaleza, de la educación de nuestros hijos para que seamos todos respetuosos de la naturaleza, hasta compromisos mas serios que preocupan más, como éste del agua. Estamos llamados también a asumir una aptitud de respeto y de cuidado por los hermanos, por respetar esta tierra que Dios se la ha dado al hombre, y que no se la debe degradar. No podemos caer ni en la actitud romántica, por decirlo de alguna manera, de quienes convierten a la naturaleza en casi una diosa ni en la actitud destructora de la naturaleza, que termina destruyendo al hombre. Ésta una primer línea de compromiso.

Segunda: Nosotros tenemos que comprometernos con lo que el Papa Juan Pablo II, supo llamar la “ecología humana”, que es el cuidado de un ambiente para que humanice, se expresa en las palabras, en el trato, en el respeto por las personas. El trato condiciona una actitud, no solamente la revela. El trato vulgar, chabacano, despectivo con que nos manejamos destruye la ecología humana. Los cristianos tenemos que revisarnos y preguntarnos, cómo tratamos a nuestros padres, cómo tratamos a nuestros hijos, cómo hablamos de los demás. Tenemos que recuperar, también en el trato, el sentido de la dignidad del otro, porque sino estamos contribuyendo con una cultura hipócrita.

Tercera: Nosotros los cristianos también tenemos que hacernos cargo de hacer un mundo, de generar una vida que cuide de la vida espiritual de los demás. aquí, entra el tema de no ser motivo de escándalo para los otros, con nuestras palabras, con nuestros ejemplos malos.

Un cristiano sabe que tiene una misión. Decía el Señor en el Libro de Génesis: “Voy a poner el arco iris, como signo de mi alianza con la vida”. El arco iris, es el agua que refleja el sol y lo despliega en la belleza de los colores. Todo cristiano esta llamado a ser como el arco iris, o uno de sus colores, es decir a reflejar en su vida la bondad de Dios, no la maldad; la belleza, y no la fealdad, en el trato, en el modo de vivir, en el modo de pensar, en el modo de relacionarnos.

Estamos en la Cuaresma; que el Señor nos dé la gracia de tomar en serio la vida, también en este compromiso, de hacer la vida mejor para los otros, de ser servidores de la humanización de nuestro mundo. Que la generación que venga pueda agradecer a nuestra generación cómo la dejamos al mundo, no porque se lo dejemos perfecto, sino porque hicimos el esfuerzo de dejárselo un poco mejor. En el fondo, podríamos decir que, al escuchar la Palabra de Dios, nos sentimos impulsados a hacer lo que decía Eladia Blázquez: “Honrar la vida”.
 

Monseñor Mario Antonio Cargnello
Arzobispo de Salta

 

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