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HOMILÍA DE MONS. MARIO ANTONIO CARGNELLO

-VIERNES SANTO-

 

"El Viernes Santo es un día para mirar a Jesucristo"
 

Queridos hermanos:

Contemplemos algunas escenas del Relato de la Pasión según San Juan, con el propósito de dejarnos iluminar por la persona de Jesús.
En primer lugar, Pilatos presentando a Jesús nos dice: “Éste es el hombre”; por otro lado la escena de Pilatos presentándolo: “Aquí está su Rey”. En la narración de la Pasión de Juan, es largo el dialogo de Jesús con Pilatos, acompañado de un entrar y salir del Procurador Romano. Estas escenas constituyen un momento central: Jesús, el Hombre y Jesús, el Rey.

I

¿Qué es el hombre? Comenzando el Relato de la Pasión, decía así el Evangelista: “Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar un huerto, y allí entró con ellos”. La imagen del huerto nos lleva rápidamente a la imagen del primer huerto, el del Génesis. Allí están Adán y Eva. Uno podría hacer una comparación tomando la Escritura, y ver cuál fue la actitud de Adán y de Eva. Después del pecado, Yahvé Dios baja a conversar con el hombre, y no lo encuentra porque el hombre huye de Dios, por temor. En este Huerto de los Olivos, cuando vienen a buscar a Jesús, éste se presenta y dice: “Soy yo”. El Hombre se presenta usando un pronombre y un verbo: “Yo soy”, que claramente nos recuerda cómo se presenta Dios en el Antiguo Testamento. La valentía, la capacidad de asumir su propia persona y su destino, provocan en quienes los buscan la caída: “Retrocedieron y cayeron en tierra”. El hombre nuevo, que es Jesús, es un hombre de pie que se hace cargo de su propio destino, que se hace cargo del proyecto de Dios sobre él. Si Adán huye de la presencia de Dios. Jesús se presenta como Dios ante los hombres que lo buscan.
En el primer huerto, el hombre pierde la solidaridad. Cuando tiene que enfrentar su propio destino y su propia responsabilidad, acusa: “La mujer que me diste es la responsable de mi caída”. Jesús, el hombre nuevo, se solidariza con los suyos: “Soy yo, si es a Mi a quien buscan, dejen que estos se vayan”. Jesús recrea nuestra compasión, porque nos da el testimonio de la verdad.

II

Volvamos a las escenas del diálogo con Pilatos. Él es Rey y para esto ha venido, para dar testimonio de la verdad: “El que es de la verdad, escucha mi voz”. Jesús recrea nuestro corazón y el de toda la humanidad, poniéndonos frente a la verdad. ¡Qué importante es acercarnos desde lo más profundo del corazón al Corazón de Cristo en estos momentos!. Podemos descubrir allí el valor del hombre.
En una época como la nuestra, donde valemos lo que costamos en dinero, llámese a esto eficiencia, rendimiento o utilidad, ¡Que importante es descubrir que la medida del hombre según Dios es distinta!. La medida del hombre es capaz de provocar la solidaridad de Cristo hasta la muerte, Él ha dado testimonio de la verdad de lo que somos, entregándose hasta la muerte por nosotros.
El Viernes Santo es un día para mirar a Jesucristo y para descubrir en sus ojos, su rostro, lo que somos y lo que valemos. El hombre nuevo, el hombre que es capaz de mirar a Dios sin huir como Adán, es el hombre que, desde la experiencia de su propia pobreza y marginalidad, es capaz de ser solidario con sus hermanos.

III

Vamos a otra escena, contemplemos a Cristo, ya en la Cruz. ¿Quién tiene a su lado? Dos ladrones, dos condenados, dos excluidos, dos a la puerta de la muerte. En esa situación de incapacidad absoluta, el hombre que puede ser recreado es el buen ladrón, es aquel que descubre en Jesús, al Hombre Bueno y por ello puede ser hecho Hijo de Dios: “Hoy estará conmigo en el paraíso”, le dice el Señor. La solidaridad con el Señor y con los hermanos, nos recrea desde lo hondo del corazón.
¿Qué nos da Jesús para reconstruir nuestro corazón? Nos entrega su Madre: “Ahí tienes a tu hijo”. El Viernes Santo que es un día especial para ponernos de pie delante del Señor, sin miedo en el huerto de nuestra propia vida. Este dia, en el que nos vemos reflejados en la mirada de Jesús, podemos descubrir que se puede empezar de nuevo, en el corazón de la Madre Virgen María y en el corazón de la Madre Iglesia, que es justamente, escuela de comunión y solidaridad.
Vivamos este Viernes Santo dispuestos a crecer en la compasión, en la solidaridad y en amor en cada familia y en el corazón de nuestra sociedad. Jesús toma en serio su Vida, su condición de Hijo de Dios, y nos invita a tomarnos a nosotros mismos en serio. Jesús nos toma en serio.
Jesús nos dio su Cuerpo en la Eucaristía, que anticipa la Cruz, y nos ofrece como exquisito detalle, la entrega de la Mujer-Madre. En Maria y en el seno de la Madre Iglesia podemos empezar de nuevo siempre y podemos renovar nuestra esperanza.
En este año de 2006, los invito a renovar nuestra esperanza en la posibilidad real de recrear nuestras familias. Es necesario volver a creer en la familia según ha nacido y están escritas en el corazón de Dios. Tenemos que volver a creer en el proyecto de Dios sobre nuestras familias, volver al huerto del Señor para descubrir ahí en ese Jesús solidario y responsable, el papel de cada uno en cada familia. Tenemos que reconstruir la familia desde el corazón mismo de Cristo.
Que la Adoración de la Cruz en esta celebración del Viernes Santo, al ponernos tan cerca de Jesús, nos anime a todos, a traer los dolores, las impotencias; pero, al mismo tiempo nuestra confianza, nuestro amor y neutra disposición para abrir la puerta de cada hogar al Señor y para vivir intensamente el Sacramento del Matrimonio. Que el misterio de la Cruz, nos invite a convertir la familia en semilla de una vida nueva.
¡Quisiera poder decirles a todos, con toda la fuerza, que crean en su propia familia, que cada familia sea el huerto de los olivos donde renace cada día la Pascua!. Piensen y recen este Viernes Santo, el Sábado Santo y el Domingo de Pascua como un gran triduo de familia. Entonces podremos ser constructores de un mundo nuevo y servidores de una Iglesia fiel y misionera.
Volvamos a mirar a Jesús, aquí está el hombre y el Rey. Mirémoslo al lado de la Virgen, que se pinte el corazón del Padre en Él, fuente de toda familia; que el Espíritu nos envuelva y que lo ponga a San José. Aquí esta el amor, que es el Rey de toda la familia.

Monseñor Mario Antonio Cargnello
Arzobispo de Salta

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