Oficina de Prensa

prensa@cea.org.ar

Todas las Noticias

HOME PRENSA

HOME CEA

La voz de los pastores

Documentos

Agenda CEA

Otras oficinas de Prensa

Vínculos

Contacto


Homilía de Mons. Mario Antonio Cargnello,
 Arzobispo de Salta

FIESTA EN HONOR AL SEÑOR DE SUMALAO

 


Hermanos, también este año, el Señor nos concede la gracia de poder reunirnos aquí, junto al Señor de Sumalao, en la Fiesta de la Santísima Trinidad.

I


Al mirar a Cristo, al contemplarlo en esta pintura que va acompañando la vida de generaciones de salteños y peregrinos que llegan hasta aquí, descubrimos el amor del Señor, la capacidad de entrega de nuestro Dios.
Dios en su más íntima entraña es amor, comunicación, entrega. Dios no está solo en un lugar intocable, desde donde Él regiría los destinos del mundo como alguien que mueve los hilos de unos títeres. Dios ha hecho todas las cosas para nosotros, ha querido que fuéramos sus amigos, para eso preparó el mundo, para el ser humano.
Dios, en una expresión grande de su amor, respetó nuestra libertad, hasta el punto de respetarnos cuando le decimos que no, aceptando nuestros rechazos, aceptando nuestras caídas; y cuando volvemos a pedirle la mano, nos al vuelve a dar. Dios se ha jugado definitivamente por todos y cada uno de nosotros. Nos ha buscado y nos busca. Nosotros en el camino de la vida podemos mirar hacia otro lado, de hecho lo hacemos muchas veces. Podemos orientar la vida como nos parece y se nos antoja, pero cuando caminamos por senderos que no son los de Dios, tarde o temprano nos encontramos con el fracaso, el dolor, la división, la soledad y la muerte… y gritamos y clamamos al Señor y el Señor vuelve a tendernos la mano, porque Él nos ha buscado antes y en su búsqueda nos ha dado a Jesús, para que fuera nuestro hermano. El Padre nos entregó a Jesús.
Pensemos en un padre de familia que ha sido herido por alguien, ofendido y agraviado, y para recuperar su amistad le ofreciera su hijo como amigo. Grande seria el amor ese Padre. Dios es así, Jesús acepto las reglas del juego, Él se entregó para buscarnos y establecer definitivamente un pacto de amistad que fue sellado con Su Sangre para siempre, y su Cruz, levantada en alto sobre la tierra, aparece como la llamada del amor de Dios que está y que acompaña, porque la Cruz se convierte en estandarte que vemos para orientar la vida, y también es bastón, que acompaña el andar cansado de nuestra existencia. Además, la Cruz se hace alimento en la Eucaristía, se hace estimulo cuando necesitamos unirnos y reconstruir la vida, la familia, la Patria y el mundo. Es siempre la expresión de un amor inmenso del Padre. Lo sabemos, quizás porque lo intuimos, quizás porque lo podemos formular con todas las letras: “Dios nos ama, y me ama muriendo en la Cruz por mí”, pero de un modo y otro, por eso venimos a celebrar en esta mañana, esta jornada al Señor del Sumalao.

II

Este lugar fue un lugar de convocatoria económica, porque aquí se comerciaban los animales de tiro, que se llevaban al Alto Perú, después de ser alimentados en la pampa argentina. En este lugar la gente venia, compraba, vendía y quizás, planificaba un año de trabajo. El Señor se quiso quedar para unirnos, no por vínculos económicos, sino por vínculos más profundos, por el amor de un Dios que nos quiere y nos anima, que confía en nosotros, que se juega por nosotros.
El Señor Jesús nos ha mirado y continúa mirando con ojos especiales, nuestra comunidad de Salta. También nosotros, al mirar con ojos de amor al Cristo de Sumalao, así como miramos al Cristo del Milagro, tenemos que tomar en serio lo que hay de mensaje en la imagen del Señor. No podemos sólo pedir frente a una necesidad. Quien viene es un ser humano, quien viene es alguien libre y capaz de dar, quien viene tiene que saber que amor por amor se paga, tiene que traer un corazón dispuesto a cambiar y mejorar, quien viene tiene que tener un corazón dispuesto a dejarse enseñar por Cristo, a cambiar de vida, quien viene es alguien que sabe que la vida en Jesús tiene un sentido. Aunque siente, porque sentimos la debilidad y el cansancio, sabe que el Señor es bastón y alimento, es fortaleza y capacidad para empezar de nuevo. Quien viene trae en el corazón una preocupación y tiene que llevar un compromiso, de cara al Señor y a la propia familia, a la propia comunidad que llamamos Argentina y que es nuestra patria.
Quien viene sabe, que este encontrarse con el Señor, tiene que ser un “¡Adelante!”, un paso más en orden a ser mejores cristianos y ciudadanos. En esto nadie se puede excluir, ni el anciano, ni el hombre mayor, ni el niño… todos podemos ser mejores y ofrecerle a la comunidad ese propósito de cambiar de vida. Si Dios es amor, es familia, y tan solidario con nosotros, nosotros no podemos mirar para otro lado.

III

Este año, la Fiesta coincide con el dia de la Colecta de Cáritas. ¿Qué quiere la Iglesia con esta Colecta? Tocar el corazón de todos los cristianos de nuestra patria, para que miremos al Señor y aprendamos el arte de compartir: el que tiene más y el que tiene menos. No hagamos en la vida un proyecto donde querramos triunfar a cualquier precio, ese no puede ser el proyecto de un cristiano, sino que tiene que mirar a Dios y descubrir un proyecto iluminado por la voluntad de compartir y de ser solidarios, de ser familia. Dios es familia, es Padre, Hijo y Espíritu Santo. El cristiano se tiene que convencer que por aquí pasa el camino de la felicidad. Éste no responde a lo que a veces uno se acostumbra a ver en una propaganda, al comprar un perfume, el fumar más o ser el que brilla en medio de fuegos de artificio… eso no es la vida. La vida en serio, en Dios, se construye cada día en el trabajo, en la victoria sobre nuestros vicios, en la lucha sobre nuestros limites, en la capacidad para vencer nuestras broncas y malos humores. Se trata, queridos hermanos de volver a empezar cada día. Un cristiano se pone humildemente frente al Señor y vuelve a empezar, no juega con las cosas importantes como la familia y el hogar o el estudio. Sabe que la vida le ha sido dada para hacer el bien, porque Dios es el bien.
Venir ante los pies del Señor del Sumalao es traer un corazón que quiere cambiar, que quiere dejarse amar y comprometer por el Señor. Tanto sacrificio que se expresa en el caminar, en el aguantar el frío, tiene que concluir y consumarse en reconocer su cercanía, en esta imagen y, sobre todo en la Eucaristía.

IV

“Yo reconozco que me buscas, y por eso te quedas en los sagrarios. Yo reconozco que me llamas y me has incorporado a tu Iglesia por medio del Bautismo. Yo me reconozco parte de esta Iglesia. Soy débil y pecador, pero quiero ser un buen cristiano; quiero empezar desde este momento contigo una vida nueva, como San Pablo –a partir del encuentro contigo en Damasco- o la Magdalena –cuando la perdonaste- o Mateo -cuando lo miraste-… quiero ser alguien capaz de convertirme”.
Traigamos todos nuestros corazones al Altar, celebremos en este día de la Santísima Trinidad al Señor del Sumalao; pero, en el corazón pongamos a todas las personas que con nuestras actitudes hemos herido y ofendido, para pedir que el Señor nos reúna y nos haga mejores.
 

Monseñor Mario Antonio Cargnello
Arzobispo de Salta

 

          Si desea recibir nuestro servicio de noticias, envíenos un mail a :

prensa@cea.org.ar