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HOMILÍA DE MONS. MARIO ANTONIO CARGNELLO
EN LA FIESTA PATRONAL EN HONOR A
 NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES

- DOMINGO 6 DE AGOSTO -




Queridos hermanos:

Hoy celebramos la Fiesta de la Transfiguración del Señor. Celebramos uno de los misterios de la vida de Jesús, se trata del momento que narra el Evangelio, en el que el Señor subiendo al Monte Tabor, es invadido totalmente por la presencia del Padre y del Espíritu Santo, y manifiesta su divinidad: Jesús, verdadero Dios, verdadero Hombre.

La celebración de la Transfiguración del Señor, nos invita a descubrir, justamente en la humanidad de Jesús, al Dios con nosotros. Dios se ha hecho plenamente humano. El momento en el cual, los Apóstoles tienen la experiencia de Dios, en la voz y en la nube, intuyen la entrañable realidad de que Dios se ha hecho hombre, de que Jesús, siendo Hombre, es Dios; y de que Jesús, siendo Dios, es hombre. En Él vemos cómo Dios va transformando y transfigurando la realidad humana poco a poco, y nos va convirtiendo en hijos suyos, en hermanos del Señor Jesús e hijos de Dios Padre.

Es bueno mirar a la luz del misterio de la Transfiguración, la realidad de nuestra propia vida. En el bautismo hemos sido hechos realmente hijos de Dios, y la vida del cristiano es una llamada que se renueva cada mañana, cada día, para que aprendamos a vivir lo cotidiano, impregnándolo de la presencia del Señor.

Es tarea nuestra ir transformando la realidad. Hay mal en el mundo, lo sabemos porque lo sentimos en nuestro corazón y lo descubrimos con sólo mirar la vida: injusticia, dolor, sufrimiento, muerte, guerra… Nuestra tarea es, justamente, ir sembrando el bien, llenando este mundo con la presencia de los hijos de Dios que van sembrando eternidad y transfigurándolos. Es una tarea que nos corresponde a cada uno en particular, y en cada oportunidad que se nos conceda. Un compromiso concreto podría ser aprender a mirar con un rostro sereno las dificultades. Nos acostumbramos, y alimentamos la costumbre de quejarnos de todo, de ver lo negativo y de potenciarlo con nuestra palabra cargada de crítica y de acidez; que a veces se convierte en murmuración, en difamación o en calumnia. El cristiano, cuando aprende a mirar con los ojos del mismo Dios, cuando verdaderamente se convence que Dios va guiando nuestra historia puede mirar con serenidad los acontecimientos. No es que no le duela; nos duele, pero tenemos que aprender a mirar más allá, aprender a tener la mirada cargada de esa esperanza, que nos permite descubrir que la última palabra la tiene el Señor. Que nos permite, aun en una dificultad, ver una bendición de la Providencia.

Esta es una tarea para todos, que nos compromete a vivir en serio la transfiguración del Señor; pero es una tarea que no la podemos hacer solos. La Iglesia, cada comunidad, cada parroquia está llamada a vivir en la relación fraterna ésta transfiguración de la sociedad mediante el testimonio y la vida generosa de las comunidades cristianas.

La mirada de Dios es profunda, entra en cada uno de los hogares, traspasa los techos y la cáscara de cada corazón. Él sabe que ha sembrado aquí, en el corazón de ustedes la semilla de un nuevo mundo, desde la sede parroquial, desde la pila bautismal, y desde el altar de la Parroquia y desde el Cura Párroco. Aquí va sembrando la semilla de un potencial transformador de la sociedad. En la medida que todos nos sabemos verdaderamente cristianos y vivimos como tales, transfiguramos el corazón del barrio.

La Virgen, Nuestra Señora, en la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, está justamente en el Templo de la Porciúncula; ese templo, en el que Francisco de Asís se sintió cerca del Señor; y donde comenzó, sin darse cuenta, lo que el Papa le había pedido, sostener y reconstruir la Iglesia. Ustedes saben que San Francisco creyó que se trataba de arreglar el templo, y empezó a hacerlo; pero, la gran obra y el aporte de Francisco de Asís, se dio cuando descubrió que ese lugar en el cual experimentó la cercanía de Maria, era un lugar para acercarse a Dios. Porque él era un enamorado de Dios pudo renovar el corazón de la Iglesia y del mundo.

La devoción y el patrocinio de Nuestra Señora de los Ángeles, tiene que ser para toda la Parroquia, un permanente llamado a transformar la sociedad, viviendo en el seno de la Parroquia, con un profundo sentido de fe y de pertenencia.

La transfiguración es un misterio que me compromete como persona, pero me compromete desde mi pertenencia a la comunidad. Como Francisco de Asís, ustedes tienen su Porciúncula acá, en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles.

 

Monseñor Mario Antonio Cargnello
Arzobispo de Salta

 

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