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MENSAJE DE MONS. MARIO ANTONIO CARGNELLO
 EN LA FESTIVIDAD DE SAN CAYETANO


- DOMINGO 13 DE AGOSTO-



Queridos hermanos:


Cuando escuchábamos la Palabra del Señor, resonaba en nuestros oídos el texto del Libro de los Reyes, cuando era Elías decía: “¡Basta ya Señor, quítame la vida porque yo no valgo más que mis padres!”, manifestando de este modo un momento de profunda congoja y una experiencia fuerte de sin sentido. Recordábamos lo que en el comienzo de la procesión se nos decía: “¡Señor ¿Hasta cuando este dolor que se nos hace largo y pesado?!”.

La experiencia religiosa, nos asume como somos. En nuestra vida está presente el dolor, que nos lleva a preguntarnos y que nos lleva a mirar hacia arriba para preguntar, esos por qué que se agolpan en la mente y en el corazón. San Cayetano, es un hermano nuestro, que la Providencia nos ha dado para que aprendiéramos a preguntarnos con Él.

Aquí en nuestra patria, las grandes preguntas que traemos al Señor, arrimándonos a San Cayetano, tienen que ver con el mundo del trabajo y, a la par de este mundo, las preguntas tienen que ver con nuestra familia, tienen que ver con nuestro futuro, tienen que ver con nuestro lugar en la vida delante de la esposa, delante del marido, delante de los hijos. Porque al tener que ver con el trabajo, tienen que ver con el pan y tienen que ver con la unidad familiar, con el futuro, con la paz. Muchas veces queremos respuestas mágicas o extraordinarias. Quisiéramos el milagro ya, quisiéramos romper las reglas de la vida y tener una solución inmediata.

El Señor Jesús, el Dios con nosotros, hoy ha querido, como cada año, como cada Eucaristía del domingo, reunirnos en un número grande en estas Fiestas Patronales. El Señor ha querido ponerse al lado nuestro, y convertirse en el bastón para que fortaleciéndonos paso a paso y convirtiéndose en un punto de apoyo, provocar mi libertad, mi decisión y mi fortaleza, es decir, lo mejor de mi mismo. Así es nuestro Dios.

Ante el pedido de lo extraordinario, que el pueblo le exigía después de haberlo visto multiplicar el pan y los pescados, ¿Qué dice Jesús? “Ustedes me buscan porque han comido, pero Yo Soy el Pan de Vida”. Cuando la mirada, es invitada a dirigirse a lo ordinario, a lo que miro cada día, a mi trabajo, a mi gente, a mis manos, a mi tiempo, a mi barrio; ahí nos cuesta y nos preguntamos. ¿Cómo si esto lo conocemos? ¿Si es el hijo de José? ¿Si a Maria la conocemos todos? Nos cuesta aceptar a un Dios que se hace ordinario, cotidiano. Sucumbimos a la tentación que muchas veces aparece en la humanidad; queremos un Dios espectacular. Frente a esta tentación el Señor Jesús no dejará de llamarnos, pidiéndonos una y otra vez, que volvamos a casa: “regresa de nuevo a casa”, regresa a lo que eres. No se trata de seguir en lo mismo, en el no cambiar; por ejemplo, en acostumbrarnos a la desocupación y no seguir luchando”. No se trata de eso. Lo que el Señor nos dice es:”Vuelve a lo tuyo, pero aprende a ser un hombre, aprende a ser una mujer que es consciente de lo que le reza al Señor”.

¿Qué le hemos pedido al Señor en la Misa? Señor a quien podemos llamar “Papá”, le hemos dicho: “Haz crecer en nuestros corazones el espíritu filial”. Su respuesta es: Regresa de nuevo a tu condición de hijo, regresa de nuevo descubrirte importante para Dios y para los hermanos, vuelve a mirar tus manos. Descubre que si son manos que después levantaran el pañuelo para saludar a San Cayetano o a la Virgen: ¡No pueden ser manos para cachetear a tu esposa o castigar impunemente a tus hijos! Si son manos que se levantan para saludar a San Cayetano, ¡No pueden ser manos que roben o que junten para acumular a costa de los otros! ¡No pueden ser manos para la prepotencia! Si tu voz reza el Padre Nuestro y canta a la Virgen, ¡No puede ser la voz que genera intrigas, mentiras, calumnias, que insulta a los suyos, que aumenta sospechas, destruye famas, miente y termina destruyendo la vida social! Si tu corazón palpita en una celebración religiosa, y grita a Dios llamándolo Padre, no puede ser el corazón que busca destruir a la persona que tienes al lado, ya sea porque quieres usarla para oprimirla de un modo y otro, porque lo conviertes en un objeto sexual o en un objeto para que trabaje para ti, ya sea que le robes o que la engañes., porque es mas pobre y a veces es tu compañero de trabajo.

Regresa de nuevo a tu casa, regresa al corazón que nació de la pila bautismal, cuando el Padre Dios dijo: “Vos sos mi hijo -y te lo dijo con el nombre-; en tí he puesto toda mi predilección”, como lo hizo con Jesús. Desde ahí, hemos de recrear una nueva Argentina. Regresa en la responsabilidad y en el silencio de la conciencia delante de Dios, tanto si eres un funcionario o un sacerdote, un hombre rico o pobre, un joven o un adulto... ¡Regresa a casa! Porque Dios está en la simplicidad y en lo ordinario de la vida.

La Iglesia, a lo largo de los dos mil años, siempre nos ha llevado a descubrir a Dios ahí, porque Jesús ha querido hacerse el Dios que está ahí, en lo simple. El Padre, en la procesión nos decía: “Empecemos el encuentro con Dios, ¿Con que nos vamos a encontrar?”.

La espiga de San Cayetano se ha hecho pan, y el pan que ustedes han traído se hará Jesús, y yo tendré que llevar a Jesús para que esta espiga alimente la vida. El domingo es esto, esta es la misa del domingo, eso hacemos ahora… ese es el milagro, de poder volver con Jesús, que me dice: “Toma, esto es mi cuerpo”. Tus manos, tu corazón que no miren para otro lado. Tus ojos, tus manos, son esta espiga que yo te dí, en una semilla puesta en tierra, que se hará pan porque Doña Juana amasará la harina y los changos pondrán en el horno y mañana lo comprarás y te alimentaras.

A cada uno de nosotros nos toca aceptar a este Dios que nos dice: “Yo soy el Pan de Vida”. Aceptarlo como pan, aceptarlo como principio de vida que nos va iluminando a través del Evangelio de la dignidad, el Evangelio de la familia, el Evangelio de las Bienaventuranzas, el Evangelio que nos dice: “Trata a los demás, como quieres que traten”, el Evangelio del amor y de la felicidad buscada según las enseñanza de Jesús: “Hay más alegría en dar que en recibir”.

Vuelve a tu casa, regresa a tu corazón. Y si encuentras en tu corazón que se ha creado o se ha puesto una barrera o un muro, que se puede llamar avaricia, ambición, prepotencia, silencio injusto delante de tus hijos, mentira, lujuria, infidelidad… trata de voltearlo… regresa a casa. El país tiene que ser reconstruido desde ahí, desde el corazón.

Que el Señor nos ayude a arrimarnos a San Cayetano, que la espiga que acompaña su imagen sea siempre para nosotros un recuerdo, un estímulo que nos invite a convertirnos en pan para los demás. Que los que pueden dar más trabajo porque Dios les ha dado mas ingenio, se rompan la cabeza pensando y den más trabajo. Pensemos en una sociedad donde nuestros jóvenes no tengan que recurrir a las violaciones, porque la vida les ofrece la posibilidad de ser felices sintiendo que el sudor que cae de la frente los dignifica, y no el vómito de una borrachera o de la droga, o de las horas perdidas viendo televisión y alimentándose en la ambición que los destruye.

Celebremos la misa así, como queriendo regresar a casa, y después cuando estén en sus casas, pídanle al Señor la gracia de poder mirarse de una manera nueva, porque en la casa está Jesús, y las espigas de San Cayetano, nos hablarán de Jesús, el amigo de San Cayetano y nuestro amigo.
 

Monseñor Mario Antonio Cargnello
Arzobispo de Salta

 

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