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Homilía de Mons. Mario Antonio Cargnello,
Arzobispo de Salta

- Domingo 3 de diciembre de 2006 -

FIESTAS PATRONALES
EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DEL VALLE


Estamos celebrando hoy el primer domingo de Adviento: Comienza un nuevo año litúrgico. La Iglesia nos sitúa bien plantados en el presente, mirando el telón de fondo de lo definitivo: el final es el encuentro con el Señor.

En medio de la lucha de la historia, la última palabra la tiene el Señor: “Entonces se verá venir al Hijo del hombre venir sobre una nube lleno de poder y de gloria”. La historia nos habla de conflictos, nosotros los vivimos. Hoy los llamamos inseguridad, familias destruidas, falta de trabajo y de futuro. Nos golpea a veces no poder ser para las generaciones que vienen testigos de algo nuevo; nos asusta, cuando vemos que los jóvenes parecieran desbordarnos.

Quizás alguno con mayor agudeza pueda ver otros signos que nos hablan de estas señales "en el sol, la luna y en las estrellas, en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia, ante el rugido del mar y la violencia de las olas”. Advertimos en la historia de la humanidad que los hombres tienen miedo frente a lo que puede sobrevenir al mundo porque amenazan guerras, porque tuvimos la ilusión de haber aprendido de un siglo marcado por la guerra, por la muerte y de poder empezar un siglo XXI más esperanzador. Pero, a siete años de haber transcurrido el milenio nuevo, el corazón del hombre sigue siendo igual y los miedos están presentes.

Frente a esa situación de miedo ¿Cuál es el mensaje cristiano? "Entonces se verá venir al Hijo del Hombre sobre una nube lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza porque está por llegarles la liberación”. La última palabra no la tiene el mal, sino que la tiene Dios. Esa última palabra, que está en el corazón de Dios, no es última porque la vaya emitir al final cuando ya nos vea destruidos, no. Dios pronuncia Su Palabra siempre, nos la dice hoy. Por eso decía, que mirando el futuro nos plantamos en el presente, o que bien plantados en el presente podemos mirar el futuro: "Está por llegarles la liberación".

El cristiano se sitúa en la historia y sabe que, aun en medio de la tormenta; en el corazón de la tormenta, está la paz. Cuando se sabe vivir en la comunión con Dios, cuando se sabe descubrir los grandes signos de Dios que se arrima siempre a cada uno de nosotros.

El Hijo del Hombre viene siempre. La Iglesia esta marcada por el Adviento, porque sabe que no hay tiempo, no hay lugar, no hay situación donde Dios no venga a arrimarse para decirnos una palabra que alimenta nuestra esperanza. A veces en el momento más difícil está el Señor. Basta mirar la cruz: en la cruz se da la paradoja del mayor fracaso y la mayor esperanza, en la Cruz muere el Hijo de Dios, y nosotros fuimos salvados. En ese juego de miedos y de esperanzas, en el que tiene la palabra definitiva la esperanza, estamos celebrando a Nuestra Señora del Valle y reuniendo a los misachicos.

¿Qué son los misachicos? Son la expresión de una esperanza en la familia, en un pueblo. Las procesiones de los misachicos marcan la geografía de la esperanza del noroeste argentino. Ellos van compartiendo esperanzas: un niño que ha sido curado, una mamá que pide fuerzas, una esposa que siente dolor, un marido que está buscando una ilusión. Si hasta el poeta lo canta: "Vine del cerro trujiendo una flor, la truje pa' vos, pa' que aliviés mi dolor, la' i de poner en tu altar, la flor del cardon”.

¿Cuál es el mensaje de la Virgen del Valle en los comienzos del Siglo XVII y en la historia posterior en el NOA? ¿Cuál es el mensaje hoy? Como siempre la Virgen llega hasta el pobre; no hace diferencias. La Virgen del Valle tiene que ver con el encuentro entre los aborígenes y los criollos, cuando el enfrentamiento del Gran Alzamiento Calchaquí. La situación era muy tensa. La zona de Salta y el oeste de Catamarca eran escenario de conflictos. La Providencia eligió el valle -incomunicado prácticamente-, para que naciera la historia de un encuentro. Fue un aborigen el que encuentra la imagen, y se la entrega al encargado de la zona, el vizcaíno Zalazar. Siempre la Virgen es una llamada a la comunión, desde la pobreza de corazón, desde la actitud humilde Es el comienzo de la liberación que anuncia el Evangelio.

María es la gran figura del Adviento. No hay tiempo litúrgico más mariano que el Adviento, porque toda la Iglesia se pone en la misma actitud que tiene una mamá cuando se sabe que está embarazada: todo su ser, su sangre, su pensamiento, todo va al chico. Así está la Virgen. Así está la Iglesia de cara a la Navidad. Y no puede estar así sino desde los sentimientos de Maria. Ella es el anticipo de la liberación que anuncia el Evangelio, y acompaña el hoy frente al futuro incierto, invitándonos a confiar, con la sangre, el corazón y la vida orientados hacia Jesucristo; con una actitud de pobreza y de comunión, con esa actitud del que espera al Señor y se anticipa rezando.

La Virgen que reza, es la Virgen del Adviento. Ella es la mejor flor del Adviento que quiere ir transformando nuestras familias, para que nosotros seamos, desde cada hogar, los signos vivientes de esta liberación que anuncia el Señor en la Navidad. La Inmaculada, es una invitación a ser testigos de la venida al Señor.

¿Qué tiene el cristiano para dar que trasforme al mundo? Su fe, la certeza de que Dios está, la garantía de que la última palabra la dice el Señor, me la dice el Señor, nos la dice a nosotros como comunidad cristiana. Nos la dice a la comunidad para que la descubramos en la oración compartida, en la escucha, en el trabajo diario, en el volver a empezar.

Cuando parece que la historia se cierra, vuelve a darnos el testimonio de la esperanza. Los misachicos traen la esperanza de cada uno, de cada familia, de cada pueblo. Pero tienen que ser una esperanza que nos obligue a comprometernos, a dejar que el Señor transforme nuestras vidas.

En este Primer Domingo de Adviento, en este espacio de la Virgen del Valle, con su parque, con su espacio que nos habla del encuentro de Ella con lo más propio de esta tierra, al pie del algarrobo, demos gracias y gloria a Dios.

 

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