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Alocución radial del Arzobispo de Corrientes

Mons. DOMINGO S. CASTAGNA

6º DOMINGO DE PASCUA - 21 de mayo de 2006

 

1.- Retornar a lo importante.  Si predicar la Verdad, como Jesús lo hacía, es ser  extraño a un mundo ansioso de novedades intrascendentes, mantendré esa postura y soportaré esa calificación. Estamos aquejados de una epidemia salvaje, proveniente del vaciamiento de las cosas más importantes. Jesús se lo advirtió a Marta de Betania. Es preciso retornar constantemente a lo importante. Para ello necesitamos renunciar a lo que no lo es con una firme decisión. Consiste ésta en un valiente despojo de lo que hasta el momento constituyó nuestra única forma de vivir. La conversión es un cambio de perspectiva, incluye una nueva cosmovisión y sus correspondientes códigos de comportamiento inspirados en la palabra de Jesús. Abandonar una forma de vida, signada por el pecado – el error y la traición – y adoptar otra, sometida a los mandamientos de Dios, es el gran desafío evangélico. Predicar la palabra de Cristo es abrir el conocimiento de esa nueva cosmovisión y exponer sus ineludibles consecuencias. El apego a la seguridad de una vida cerrada a la trascendencia es demasiado fuerte. La vulgar expresión de: “más vale malo conocido que bueno por conocer”, indica el estado de cobardía y pusilanimidad del hombre actual, no suficientemente enterado del acontecimiento redentor. El evangelista San Juan, en el texto bíblico de este domingo, presenta al Señor con un claro mensaje que lo identifica como modelo de fidelidad a los mandamientos de su Padre.

 

2.- Escuchar a Jesús.  Su fidelidad lo constituye en transmisor único de la voluntad del Padre. El que lo escucha, como el que lo ve, escucha y ve al Padre. Permanecer en Él es estar en el Padre. Es conveniente que escuchemos la palabra de Jesús, como San Juan la transmite, y creer en ella como creemos en las cosas que vemos y palpamos. Ciertamente no de la misma manera. La fe es el intercambio que se produce entre el llamado misterioso de Dios y nuestra respuesta. La palabra evangélica nos muestra su contenido divino y, al mismo tiempo, nos otorga la capacidad de hacerlo propio y de hacernos propios de él. Por ello es preciso recibirla de quienes auténticamente la pronuncian: los Apóstoles y sus legítimos sucesores. Cuando acudimos a la Iglesia debemos preparar nuestro corazón para escucharla – y celebrarla – superando nuestra clásica incredulidad. Santo Tomás fue vencido por la evidencia y recién entonces creyó. Jesús lo desaprueba y lo perdona. En lo sucesivo serán auténticos creyentes quienes creen sin ver ni palpar. Quienes saben por la fe, y por ella conocen, serán bienaventurados.  No hay otro camino alternativo para encontrarse con Cristo o para llegar a Dios. La íntima relación existente entre la Palabra y la fe exige el medio humilde – San Pablo lo llama “necedad” – de la predicación. No a todos les cae bien. Entre algunos que se dicen “cristianos” hay quienes vituperan o procuran desacreditar, en sus ministros, la predicación de la Iglesia.

 

3.-  Lenguaje académico e ignorancia religiosa.  Me sorprende la ignorancia religiosa de quienes, no obstante, se destacan en otras disciplinas. Me sorprende aún más que algunos “cristianos”, sin convicciones firmes, se atrevan a prestar un lenguaje académico - del que sin duda disponen - a su enorme ignorancia religiosa. Gracias a Dios se está produciendo una reacción saludable de parte de laicos comprometidos que saben dar razón de su fe y no escatiman esfuerzos por manifestarla. Se debe disponer de mucho valor para oponerse a la avalancha ensordecedora de manifestaciones anticristianas, arropadas en un lenguaje seudocientífico. Son los científicos cristianos, y los legisladores cristianos, quienes deben oponer, a tanta confusión doctrinal, lo que su fe y su ciencia les inspiran. Personalmente confío en ellos y procuro ofrecerles mi aliento y mi profundo respeto. Corrientes necesita un despertar de su laicado cristiano. Las dificultades, por todos conocidas, han actuado de detonante oportuno. Tengo la seguridad de que la esgrima exigida - en esta sin igual batalla - adiestrará a los mejores ciudadanos, cristianos o no, en la defensa de los valores esenciales de la vida y de la familia. No importará que se produzca un triunfo ocasional de parte de quienes propongan proyectos doctrinalmente rechazables desde la fe. Si las mayorías obran en coherencia con la fe que dicen profesar se revertirá inexorablemente la situación. La perseverancia en el sostenimiento de los valores, actualmente conculcados por cierto progresismo ideológico, requerirá mucha vigilia, estudio y – si hay fe – oración.

 

4.- ¿Para quienes se legisla?  La Iglesia Católica no está defendiendo sus parámetros religiosos sino una concepción del hombre, que inspira la fe y toda sana filosofía. Su lucha no está planteada como conservación o conquista de espacios de poder. El hombre, como Dios lo revela en Cristo, es su principal interés. Sabe que, mediante la promoción de algunos proyectos legislativos, la dignidad de la persona humana corre riesgo de ser negada y destruida. Jesucristo viene a salvar al hombre. Lo hace como médico que cura el ser y recupera los dones originales irresponsablemente rechazados. La fragilidad e inconsistencia de los argumentos presentados para respaldar el proyecto de la ley Cleto nos causan estupor. Parece que se intenta legislar para anormales. La pobreza no es una enfermedad o una discapacitación. Se pretende discapacitar quirúrgicamente a los pobres para privarles de un derecho que, al contrario, exige asistencia y servicio por parte de una sociedad bien organizada. Conocemos los planes hegemónicos de políticas internacionales orientadas a suprimir a los pobres de Latinoamérica mediante una esterilización masiva. De esa manera, una sociedad sin futuro se precipitará hacia el abismo de su propia destrucción. Sin nuevos nacimientos ¿qué será de los pueblos técnicamente super desarrollados? Los pobres, aunque algunos se manifiesten disconformes con su situación, están jugando sus pocas monedas a una humanidad con futuro. Los viejos – o aventajados – de las naciones ricas tendrán que acudir a las familias de los pobres para suplicarles la limosna salvadora de un auténtico sentido de familia ordenada y prolífera.

 

5.- En riesgo de extinción.  Somos un pueblo pobre de Latinoamérica. Una rica reserva de vida y de valores humanos. ¿Renunciaremos a ella confabulándonos con las prácticas deshumanizantes de naciones económicamente poderosas y en riesgo de extinción?   ¿No es más humano ofrecer recursos y educar para emplearlos al servicio de generaciones jóvenes y vigorosas? El  Evangelio dilata el universo de la vida, no lo limita. Su proyecto es el de Dios. Si se excluye - de los proyectos políticos que tienden a ordenar la vida en sociedad - el mandamiento divino de poblar la tierra y de enriquecerla con el trabajo humano, se traiciona el mismo plan creador de Dios. Las soluciones - que contrarían el proceso humano de la educación y del trabajo honesto - concluyen inevitablemente en el caos y en la muerte. Es el momento de la reflexión serena, distante de propósitos ideológicos y económicos sectorizados, para concentrar la atención en el hombre y su verdadera dignidad.

 

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