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Homilía del Arzobispo de Corrientes

Mons. DOMINGO S. CASTAGNA

-25 de mayo de 2006-

 

1.-  El mensaje de Mayo se sustancia en un impulso decisivo a la libertad. Se necesitarán muchos años para seguir su ritmo. Se requerirá atravesar oscuros senderos de luchas prolongadas y desencuentros frustrantes. Una mirada rápida a los casi dos siglos de aquel acontecimiento patrio nos permite comprobar que “algo” sostuvo a sus protagonistas y los impulsó a mantener el ideal como una bandera izada hasta el tope de su trabajoso cumplimiento.  No bastaron las ideas revolucionarias y su elocuente formulación. La fe religiosa de la mayoría de aquellos admirables patriotas constituyó el aliento vital que los animó. La historia presenta, en un anecdotario inolvidable, su respeto  y entrañable devoción por los signos de la fe religiosa de su pueblo. Pudieron plasmar con ellos la indestructible identidad cultural que hemos heredado y que debemos transmitir a las futuras generaciones. La libertad “grito sagrado” debe llegar a la historia pequeña de la vida cotidiana. Debe conformar - de esa manera - un pueblo auténticamente libre, capaz de elegir con responsabilidad y decidir lo que corresponde en el amplio espectro de ofertas disímiles y contradictorias. Pero, cuando está orientado no equivoca el camino que debe recorrer aunque, debilitado y confundido, pierda momentáneamente el norte y elija lo que no debe. Ello significa que podrá siempre regresar, mientras no aparte su mirada del resplandor de la verdad que lo asiste - desde sus orígenes - y le señala el sendero cierto. Es preciso no apartarse de ese sendero.

 

2.- Cuando los protagonistas de la gesta patria que hoy celebramos pronunciaban, ante un pueblo expectante, el término: “libertad”, lo entendían en el marco de una responsabilidad ejecutada sobre valores y convicciones inconmovibles. La opción mayoritaria por la fe católica se debilita peligrosamente cuando no se confronta la vida - en todo momento – con el claro contenido de dicha fe. El pueblo avanza hacia su grandeza cuando es fiel a la inspiración que   ha alentado - desde sus orígenes - la formulación de sus ideas y principios. Su tarea cotidiana primordial consiste en armonizar lo que piensa y profesa con lo que vive. Incluye su opción por la democracia y la legislación con que sus constituyentes han plasmado responsablemente su vigencia.  Vinimos a este tradicional templo de Nuestra Señora de la Merced para dar gracias por el don de la Patria y para renovar nuestro compromiso de servirla. Representamos a un pueblo valiente y honesto; que ha sabido ofrecer la sangre inapreciable de sus hijos en favor de la integridad de sus creencias y tradiciones, de su misión indelegable en el concierto de los pueblos que integran la gran Nación Argentina. También es la ocasión de renovar el fervor patrio, abrevado en el amor a Dios y a la Virgen, Madre de Corrientes.  

 

3.- La libertad crece en el comportamiento coherente y responsable. Contribuye a la auténtica amistad social instalada en el respeto a los valores fundantes de la nacionalidad, a las personas - comprendida su legítima diversidad - y al diálogo como estilo de vida fraterna.  La Patria renace - ella misma - en la mente de nuestros científicos y estadistas, en la solicitud de los servidores de la salud y de la educación, entre las manos endurecidas de nuestros trabajadores del campo, en la sabiduría de nuestros legisladores, en los ideales puros de nuestros jóvenes y, particularmente, en la fortaleza y generosidad de nuestras familias. Somos necesarios protagonistas de ese continuo renacimiento de la Patria. Si escuchamos atentamente los latidos profundos de su ser comprobaremos, en los acontecimientos que jalonan su historia, aún los más tristes y desafortunados, un misterioso crecimiento hacia la adultez. Aprovechemos este momento tradicional de oración por la Patria para renovar nuestro entusiasmo por construirla juntos y curar cuidadosamente sus heridas.

 

4.- Es el momento de la humildad y renunciamiento que distinguieron a nuestros héroes. Todos, sin excepción, somos pequeños obreros en la construcción de la Patria. El resultado de ese patriótico obraje adquiere la perennidad de las grandes realizaciones. Pidamos a Dios ese don para cada uno, ya que resulta imprescindible el aporte ínfimo e imperceptible de todos, aún del más desconocido de los ciudadanos. Dios y la Virgen bendigan  a nuestra Patria y a nuestra provincia de Corrientes.

 

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