Oficina de Prensa

prensa@cea.org.ar

Todas las Noticias

HOME PRENSA

HOME CEA

La voz de los pastores

Documentos

Agenda CEA

Otras oficinas de Prensa

Vínculos

Contacto

Alocución radial y homilía de Mons. DOMINGO S. CASTAGNA,
Arzobispo de Corrientes

EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO

- 18 de junio de 2006 -

 

1.- Unanimidad imposible.  Hace menos de dos años celebrábamos el Xº Congreso Eucarístico Nacional en el espacio humilde y humanamente rico de nuestra ciudad de Corrientes. ¡Cuántas emociones! ¡Con qué fervor preparábamos aquellas inolvidables jornadas! ¡Cuántas gracias han sido derramadas sobre el empeño de cada correntino para que Jesús Sacramentado fuera colocado – o recolocado – en el centro de su vida ciudadana! ¿Lo hemos conseguido? En gran parte sí. Es imposible su logro perfecto ya que las personas deben poner en juego su libertad para aceptar o no el Don de Dios. Jesús en persona fue amado y odiado, aceptado y rechazado. La absoluta unanimidad es imposible. La libertad hace a cada uno responsable de sus decisiones. Jesús es la Verdad - que el Padre nos ofrece - para que accionemos nuestra libertad en su aceptación o su rechazo. Cuando Jesús es el verdadero y principal referente de los cristianos se disipan las contradicciones, como las que aparecieron en muy recientes debates parlamentarios. El contenido de la fe católica, inconfundible al formular su preferencia por la vida, por la dignidad de las personas y sus derechos, no puede ser atomizado en múltiples y contradictorias interpretaciones. La Iglesia - que lo entiendan quienes se profesan “católicos” - tiene la responsabilidad y la asistencia del Espíritu para exponer e interpretar rectamente ese contenido.

 

2.- Presencia real y fe.  En esta tradicional Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, confesándolo públicamente, confirmamos nuestra adhesión a los valores que Él custodia en la vida y constante enseñanza de su Iglesia.  Hoy lo llevamos procesionalmente, a través de las calles de nuestra Capital de Corrientes, para que derrame su gracia sobre todos sus habitantes. Que su presencia, captable por la fe católica de la mayoría, sea garantía de fidelidad inquebrantable a los valores evangélicos expuestos por la Iglesia. Deseo – con mucho amor - que llegue a quienes confesándose católicos han decidido desestimar su doctrina dando su voto favorable a una ley que contradice gravemente a su Magisterio. La presencia silenciosa de Jesús Sacramentado infunde en los corazones bien dispuestos el valor de confesar públicamente la adhesión a su Espíritu y a su enseñanza. La verdad siempre es la verdad, aún cuando padezca ocasionales derrotas parlamentarias.  La dignidad humana de nuestro pueblo corre el riesgo de ser dañada, particularmente en sus más pobres, que, a partir de la posible aprobación de un publicitado y discutido proyecto legislativo, serán aún más pobres. La oración es escuchada por Dios cuando la intención de la misma es el advenimiento de su Reino, vale decir, del respeto a sus sabias e indeformables leyes.

 

3.- Jugarse por la fe.  Después de celebrar la Eucaristía nos trasladaremos, en fervorosa procesión, llevando el Santísimo Sacramento. El amado pueblo de Corrientes estará representado en ese tradicional culto a Jesucristo. Un pueblo pacífico y sereno dirá, en cada plegaria y en cada incensación, su valiente aceptación del desafío de la hora. La gracia que proviene del Sacramento Eucarístico empapará los sentidos y el espíritu de los cristianos auténticos. Es el momento en que cada uno deba jugarse por sus convicciones de fe, contra viento y marea, y sin temor a la tormenta artificial suscitada. Jesús vela por la Iglesia y por los hombres de buena voluntad. Su presencia es callada pero actúa con eficacia, aunque imperceptible a la pretensión inmediatista y combativa de nuestra moderna sociedad. La transformación se da sin hacerse esperar. Es preciso perseverar en la súplica y en la escucha de la Palabra de Dios. No es evangélico buscar la derrota del adversario sino el predominio de la verdad. Por ese sendero debemos enderezar nuestros pasos y abrir nuestros corazones a la amistad ciudadana. El Señor Sacramentado marca la senda segura hacia la Verdad que procede del Padre – del suyo y nuestro – y nos afianza en Ella. Es preciso depositar nuestra confianza en Él y comulgar con su Cuerpo y con su Sangre adoptando renovadas expresiones de respeto y devoción. La Iglesia cuida la Liturgia eucarística con mucho esmero. Ha dictado normas que regulan su celebración y su sagrada reserva.

 

4.- Educar los gestos adecuados.  Es preciso obedecerlas puntualmente, sin caer en los extremos de la rigidez o de la irrespetuosa inobservancia. Para ello se requiere impartir una continua catequesis que eduque los gestos adecuados e impulse la debida preparación. Se advierten descuidos rayanos en la profanación en quienes deben ser sus principales custodios. Son libres las formas autorizadas para recibir la Eucaristía: en la boca o en la palma de la mano. Muchos fieles aún no saben comulgar correcta y respetuosamente. Los ministros de su distribución deben cuidar el correspondiente decoro al administrarles las sagradas formas. El respeto a la Sagrada Eucaristía es un verdadero acto de fe. La fervorosa celebración de la Santa Misa inspira la devoción de los fieles y, sin duda, conforma en ellos a la Iglesia misionera, auténtico testigo de la Pascua. Se ha producido un triste e inexplicable menosprecio de los signos religiosos más sagrados. A veces ocasionados por los mismos creyentes. Decía un gran escritor católico – G. Chesterton – que los cristianos son quienes más toman el nombre de Dios en vano. Si tratamos la Eucaristía con profunda devoción atestiguamos con firmeza y valentía la fe que profesamos ante una sociedad descreída de palabras y ritos. Los gestos de piadosos creyentes inspiran respeto hacia los contenidos de la fe que celebran. Esta Solemnidad nos ofrece la oportunidad de probar que creemos de verdad. No dudamos que Jesús está presente y llama a su intimidad transformadora a quienes deciden humildemente internarse en ella.

 

5.- Sustitutos inservibles.  Un mundo descreído, poblado de personas que engañan  su hambre de Dios con sustitutos inservibles, acaba en la inanición y en la muerte. La fe auténtica se abre camino, entre esos sustitutos, hacia el Dios verdadero. También deshiela a los indiferentes y les hace ver su situación de errantes. Cristo es el Camino que traza senderos ciertos para quienes abren sus corazones a su acción pascual. La Liturgia de la Iglesia lo proclama con simples y bellas celebraciones. La Eucaristía hace que Cristo manifieste el realismo de su presencia y formule el llamado urgente a la conversión. Depende de nuestra fe en Ella que la ofrezcamos creíble y atractiva, aún para quienes se declaran no creyentes. La gracia que dimana de la Eucaristía, devota y constantemente celebrada, inunda – quieran los hombres o no – el espacio amplio y complicado en el que transcurre la vida ciudadana. ¡Señor Sacramentado, tu pueblo te llama con la súplica del Apóstol Juan! ¡Ven, Señor Jesús!

 

          Si desea recibir nuestro servicio de noticias, envíenos un mail a :

prensa@cea.org.ar