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Alocución radial del Arzobispo de Corrientes

Mons. DOMINGO S. CASTAGNA

17º DOMINGO durante el año - 30 de julio de 2006

  

1.- Razones para vivir.  El tema de la multiplicación de los panes aparece con una constancia increíble. No se agota en el hecho milagroso. Jesús jamás acepta exhibirse como un milagrero o sanador. En muchas circunstancias prohíbe divulgar el efecto excepcional de su intervención. Lo siguen como Maestro y así lo califican. Su palabra ofrece el mensaje anunciado arcanamente por los Profetas. El Evangelio es una “Buena Nueva” de especial impacto para un pueblo que espera respuestas de fondo. No le basta que le den de comer o le permitan superar una enfermedad. Necesita razones para vivir. Por ello, la predicación de Jesús es reveladora de Dios - Padre Misericordioso - que llega al extremo de dar a su Unigénito en bien de los hombres. El Señor desea conducirlos a establecer una nueva relación con su Padre - la verdadera - y modificar el comportamiento social hasta lograr fundar, de los hijos dispersos, una auténtica familia. Es lógico que su enseñanza logre la síntesis en el precepto nuevo: “Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros”. (Juan 15,17) Cuando la muchedumbre, que lo sigue al desierto, se manifiesta ansiosa de su presencia no afirma: “Me conmueven porque tienen hambre” sino “Al ver a la muchedumbre, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor”. (Mateo 9, 36)

 

2.- El Buen Pastor.  Es el Dios Pastor que ama a las ovejas dispersas - las suyas - y da su Vida por ellas. Lo dirá Él mismo en el circulo íntimo de sus oyentes: “Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas”. (Juan 10, 11) En retorno serán un solo rebaño, se restablecerá la unidad y cesarán definitivamente el odio y la violencia. Cristo ha dado su vida y la ha recuperado para que “sus ovejas” tengan la verdadera Vida, la Suya.  Los hombres no pueden disimular su hambre y sed de Verdad y de Vida. Se sumergen en todo ensayo por poseerlas; a veces se aproximan, otras veces apuntan mal y yerran lastimosamente. Cristo viene a orientar, en un peregrinaje encabezado por Él, hacia la auténtica fuente donde saciar esa sed y esa hambre. Es constituida por su presencia pascual y el don definitivo de su Espíritu. No quisiera que mi lenguaje fuera indescifrable, sobre todo para mis hermanos más sencillos. La gracia - que viene con la palabra evangélica - simplifica lo que por nuestro pecado es enredado y hace inteligible el misterio más profundo. Es sorprendente la sabiduría de hombres y mujeres de mucha fe. Es imposible que confundan las verdades por más que maliciosamente se les anuncie, en rótulos escandalosos, lo contrario de lo que el Pastor ha desarrollado - como en mi caso - en una alocución redactada con esmero literario. No me molesta el desacuerdo y la confrontación; ciertamente me indigna la torpeza, voluntaria o involuntaria, de quienes traicionan con un copete de noticia lo que está escrito en el texto que luego reproducen.

 

3.- Decidir con libertad.  Jesús es directo, utiliza un lenguaje que escandaliza - por su pobreza - a quienes lo embrollan todo con argumentaciones altisonantes. La educación pública - de gestión oficial o privada - debe asegurar un nivel que capacite para entender las propuestas culturales y políticas y, de esa manera, decidir con más libertad lo que corresponda.  En sistemas no democráticos, o en comportamientos que no lo son, se prefiere mantener al pueblo en un injusto subdesarrollo cultural. De esa manera se lo puede manipular al antojo de quien ejerce ocasionalmente el poder. Los resultados, registrados en la historia pasada y reciente, son lamentables. ¡Cuántos sufrimientos ha causado la ignorancia de gente muy capaz y buena en los distintos acontecimientos de la historia nacional y mundial! ¡Cuántas guerras y persecuciones se hubieran evitado con pueblos auténticamente sabios y libres! Para llegar a ese ideal humano se requiere una ayuda extra de Dios. Fue acordada hace dos mil años con el advenimiento de Cristo - el Hijo de Dios encarnado - y el cumplimiento de su impresionante Misterio de amor. La inconciencia - por parte de la humanidad - de ese vertebral acontecimiento intenta presentarlo como inútil e ineficaz. ¿No es lo que nos ocurre hoy, envueltos en el torbellino irracional de la mal considerada “modernidad”? El llamado profético de la Iglesia pretende despertar la conciencia de los hombres y crear en ellos un estado de auténtica racionalidad.

 

4.- Un venturoso riesgo.  El esfuerzo evangelizador no abriga intenciones proselitistas sino el anhelo incontenible de comunicar a todos los hombres la Buena Noticia. No pretende llenar las Iglesias sino hacer  de todos los hombres un pueblo peregrino orientado y presidido por Cristo hacia el Reino definitivo, en el que los aguarda el Padre. Que nadie se escandalice al observar a los cristianos comprometidos en todo el quehacer temporal y, en consecuencia, arriesgar la seguridad y la vida en los intrincados senderos de la historia. Se corre el riesgo - en ese misterioso compromiso evangelizador - de equivocarse y pecar, pero, reservando la íntegra capacidad de volver al buen camino mediante la conversión y el perdón. Nadie deja de sufrir heridas sangrantes en los caminos pedregosos y de embarrarse con su lodo.  Ciertamente la fe es un venturoso riesgo y exige valentía para su ejercicio. En otra oportunidad he afirmado que la fe es la superación de la incredulidad que nos asedia de continuo. Por lo mismo no es un simple sentimiento que endulza los momentos amargos de la vida. Es una noche que debe ser atravesada sin temor, guiados más por el conocimiento que da la Palabra que por la aparente seguridad que ofrece el tacto y la visión. No es fácil aprenderlo. Requerirá perseverancia en el esfuerzo cotidiano y una mente sin preconceptos que admita la posibilidad de caminos variados y bien trazados.

 

5.- Bajar el copete.  El Señor se ha internado en nuestros caminos, gracias a la Encarnación; ha descendido al lecho profundo de nuestras terribles miserias y ha despertado nuestras auténticas esperanzas.  Mantiene su obra de salvación allí donde lo necesitamos. Es preciso reconocer su eficacia y conservar el corazón dócil y valeroso. Todo parece resistirse a los mejores esfuerzos humanos. El mundo necesita advertir la urgencia del auxilio divino y predisponerse a ser socorrido. Para ello tendrá que bajar el copete y humillarse sin desesperar. La gracia de Cristo se ofrece como agua fresca al sediento y se revela como luz  en los recodos más oscuros del camino que se debe transitar.

 

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