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Alocución radial del Arzobispo de Corrientes

Mons. DOMINGO S. CASTAGNA

- 3 de septiembre de 2006 -

Marcos 7, 1-8.14-15.21-23

  

1.-  Erradicar la mentira.  Estamos frente al Evangelio que denuncia la verdadera causa de los males. El cuidado excesivo de las apariencias enmascara - en nuestra sociedad - el estado moralmente humillante del corazón de los ciudadanos. Nos acostumbramos a mentir y a mentirnos. La gran acción del Evangelio es erradicar la mentira de los corazones. Esa erradicación es consecuencia inmediata de la aceptación de la palabra evangélica. Vivir en la mentira y profesarse cristiano es una contradicción. La gracia de Cristo cambia la vida y reinstala a los hombres en el camino de la Verdad. San Juan Bautista tuvo la misión riesgosa de proponer a sus contemporáneos la actitud honesta que debían adoptar para encontrarse con la Verdad. El reconocimiento humilde de los propios males - en su categoría evangélica de pecados - es la condición para preparar el ingreso al Reino. El bautismo - que Juan administraba - constituía el signo de la adhesión a la Verdad que estaba por irrumpir en la historia. La misma Verdad, anonadada hasta encarnarse, adoptaría la actitud humilde correspondiente. Me refiero al bautismo de Jesús. Juan, siempre obediente a Dios, acepta prolongar su ministerio aunque éste concluyera con la presencia esperada y sorpresiva de Cristo.  Juan es el hombre de la verdad y muere por testimoniarla; Jesús es la Verdad reconocida y testimoniada por Juan.

 

2.- La respuesta de la Iglesia.  La verdadera respuesta de la Iglesia, a un mundo marcado profundamente por la incredulidad y la corrupción, no consiste en triunfos parlamentarios o en artilugios mediáticos.   Vencen - momentáneamente - los “príncipes de este mundo”, dueños poderosos de los medios y de la conducción política. La respuesta esperada de ella, en una lúcida expresión del Siervo de Dios Juan Pablo II, es “el testimonio de santidad de los cristianos”. Los santos encarnan la Verdad que la Iglesia propone y defiende, desarrolla y sistematiza doctrinalmente. Una respuesta temida y agredida por quienes aún no han tenido la oportunidad - o la han perdido - de un encuentro real con Cristo. La luz que el mundo necesita para encontrar el camino no procede del discurso sino de la Palabra que se encarna. El Papa Benedicto XVI ha encontrado una fórmula breve y simple: “Los santos son los verdaderos portadores de luz en la historia, porque son hombres y mujeres de fe, esperanza y amor”. (“Deus Charitas est” nº 40) Son elocuentes e irrebatibles, provistos de un lenguaje que el mundo desconoce. No obstante se constituyen en necesarios, como “la luz del mundo y la sal de la tierra”. Sé que estas expresiones de la Iglesia, verdadera “maestra de las naciones”, no hallarán un eco adecuado mientras no se produzca la transformación correspondiente en los corazones de sus interlocutores. La batalla - librada victoriosamente por Cristo - se mantiene continua e inclemente por parte de los tradicionales contradictores de su doctrina y acción redentora.

 

3.-  Sin asidero evangélico.  Jesús adiestró a sus discípulos para enfrentar el mal con el bien y para devolver con bendiciones las dolorosas - hasta sangrientas - persecuciones que los acompañarían en el transcurso de toda la historia. Las tácticas de “guerras santas” no tienen asidero evangélico. La verdadera respuesta de los cristianos al odio es el amor, a la violencia es la mansedumbre, a la mentira intrigante y al cabildeo mezquino es la verdad, a la deshonestidad en el manejo de los bienes comunes es la pobreza personal, al recurso a las armas es el abrazo de los hermanos reconciliados, a la injusticia es la justicia fundada en la verdad y en el perdón, a la corrupción del corazón es la santidad. Los santos, canonizados o no, son respuestas claras y únicas de la Iglesia de Cristo a la presión despiadada causada por el medio ambiente no tocado aún por la Redención. ¿Suena a fabuloso? ¡Es fabuloso! Y es más fabuloso por ser verdad. La multitud de los santos proclaman y acreditan que este “increíble evangelio” es toda la Verdad. ¿Qué podrá argüir en contra el pro abortista moderno ante la maternidad heroica de Santa Juana Molla?  ¿Qué podrá presentar como prueba de honestidad el mal administrador del bien común ante el amor evangélico de la Beata Teresa de Calcuta? ¿Qué podrá oponer, en pro de la desintegración o corrupción de la familia tradicional, el sector “ateo” de  nuestros legisladores, ante la santidad del hogar cristiano de los Beatos Luís y María Quatrocchi?

 

4.- Aprendí del Divino Maestro.  Me hago cargo de lo que digo sin intención de recoger adhesiones mentirosas o la aprobación de los poderosos. Me esfuerzo en ofrecer a mis hermanos el Evangelio, que me fue confiado - el día que me consagraron Obispo - para la edificación del Reino de Dios y el servicio de todos los hombres de buena voluntad. Aprendí del divino Maestro  a no decir lo que complace a determinados sectores y a no ocultar lo que me pueda traer dolores de cabeza y francas enemistades. Así se han comportado los santos Pastores de todos los tiempos. Una lectura distorsionadora de la historia ha estancado las aguas para que no corran y transmitan la Verdad. De esa manera se han inventado “leyendas negras” que fueron creídas - por ingenuos consumidores de los medios de comunicación - sin examen responsable y serio. Está instalada la confabulación contra la Verdad y sus “normas” son estrictamente respetadas por los mayores trasgresores de los principios y valores esenciales.  De allí el ataque programado contra la familia tradicional y su sustitución por otras formas contra-naturales, que intentan - además - guardar y educar a los pocos niños permitidos por el confort y la comodidad de los económicamente privilegiados del Siglo XXI. Es el tiempo del profetismo. Cristo lo ha rebasado y perfeccionado mediante el Misterio de su Encarnación. La palabra de Jesucristo debe ser presentada - por activa y por pasiva - en los lugares culturalmente más reacios a escucharla.

 

5.-  La Verdad sale a flote.  Será misión de los cristianos, desde el corazón de la Iglesia que integran, hacer que esa palabra resuene en la intimidad de las conciencias y en las “plazas públicas” de los modernos areópagos. “A pelo y a contrapelo”, aceptando todos los desafíos, especialmente el de presentar a Cristo vivo en la santidad de los mismos creyentes.  Las campañas “anti lo que sea” son ineficaces y fácilmente superadas  por el potencial económico y político de quienes se oponen a los contenidos culturales y políticos de inspiración cristiana. Lo comprobamos a diario. Nuestros esfuerzos mediáticos están condenados al fracaso contra los enormes paredones edificados por el relativismo y la ausencia programada de Dios. La Verdad siempre ha salido a flote en las tormentas y tsunamis morales históricamente desatados con increíble furor. Así ocurrirá ahora.

 

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