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Alocución radial del Arzobispo de Corrientes

Mons. DOMINGO S. CASTAGNA

-Domingo 22 de octubre de 2006-

Marcos 10, 42-45

  

1.-  No debe ser así entre ustedes.  ¡Qué oportuna y actual es la enseñanza de Jesús sobre la autoridad! El poder político, si no es puesto al servicio de todo el pueblo, termina enviciando y corrompiendo a quienes lo poseen.  Es providencial que sea ejercido - por quienes deben ejercerlo - gracias a las virtudes de ecuanimidad, desinterés, humildad, respeto a la pluralidad y auténtico amor a la Patria. Jesús presenta, en pocas palabras, un modelo que ejemplifica en su persona: “Ustedes saben que los que tienen autoridad de mandar a las naciones, las tratan con imperio; y que sus príncipes ejercen sobre ellas un poder absoluto. No debe ser lo mismo entre ustedes; sino quien quiera ser el mayor ha de hacerse el criado de ustedes; y quien quiere ser el primero entre ustedes debe hacerse siervo de todos. Porque aún el Hijo del hombre no vino a que le sirviesen, sino a servir y a dar su vida por la redención de muchos”. (Marcos 10, 42-45) La enseñanza evangélica excluye toda confusión. Sus lectores, con mucha frecuencia, manipulan los textos bíblicos para hacerles decir lo que ellos pretenden que digan. La actitud de humilde escucha es la que corresponde para evitar falsas lecturas. Los buenos cristianos escuchan y leen el Evangelio como el sabio que descubre la presencia de la verdad más allá de su imaginación.

 

2.- Tiempo de maduración y cosecha.  Hemos reflexionado mucho sobre el tema urticante del poder como servicio. Confío en la buena voluntad de quienes escuchan o leen mis alocuciones. Es la semilla de la Palabra que ha sido esparcida sobre el espacio cultivable de la sociedad correntina; es preciso esperar el tiempo de su maduración y cosecha.  Aunque estamos sumergidos en una realidad complicada, conservamos una capacidad original para recuperar la simplicidad y excluir los conflictos provocados por ese desorden interior que se llama “pecado”. Para lograrlo necesitamos más que una disciplina trabajosamente programada. Lo que viene de afuera no consigue nada si el ser personal no se orienta a Dios y, desde Él, no logra ordenar todas las cosas. Pero ¿no será éste un lenguaje ininteligible para el mundo de la superficie al que estamos acostumbrados? Los hombres y mujeres de gran vida interior comprueban que el orden se produce en ese recinto secreto y, de esa manera, se disponen a ser artífices del orden social. Buenos servidores del bien común son quienes inician desde su interior la transformación del mundo. No exigen virtudes que no hayan tenido el valor de practicar. Su propia honestidad es modelo de la que reclamarán a sus colaboradores y funcionarios más destacados en las distintas áreas de la comunidad nacional, provincial o municipal que deben gobernar. Con el mismo pensamiento será posible examinar los diversos sectores que componen la moderna sociedad.

 

3.- Los estadistas cristianos.  Jesús no hace política cuando - como en este caso - propone virtudes que deben practicar los políticos si quieren asumir un rol relevante en la orientación de la sociedad. Exige virtudes, un pensamiento claro y coherente, capacidad de jugarse por la verdad, disponibilidad de servicio a los más necesitados de los socorros de un proyecto político que erradique de verdad la exclusión y la injusticia. Con esa intención Jesús sopla sobre sus discípulos para otorgarles el Espíritu. Alienta e inspira a los estadistas cristianos para que sepan ofrecer al pueblo – a cuyo servicio están - la sustancia de la fe que profesan. Ese pueblo es pluriforme, está integrado por mujeres y hombres consustanciados con ideas y principios religiosos de diversas procedencias. Jesús muestra saber convivir con todos, aunque deba reprender a algunos - como a los escribas y fariseos - por causa de sus incongruencias y, especialmente, de su soberbia e hipocresía.  Su palabra no es fácilmente aceptada. No edulcora la amarga verdad que predica, ni la disimula ante los poderosos que interesadamente pretenden licuarla. Su Iglesia - me refiero a quienes cultivan en comunión las verdades de la fe - corre la misma suerte que su Señor.  Es preciso que no cedamos al engaño de relativizar el contenido auténtico del Evangelio dejándonos seducir por aparentes “investigaciones” sin sustento de verdad. Recordemos el brillante aparato periodístico que rodeó al “Código de Da Vinci” y al “evangelio de Judas”.

 

4.- No perder el ánimo.  El error está demasiado bien servido por el dinero de los poderosos. De esa manera se pretende desarticular la verdad, que aparece pobre entre los pobres, y sostener el entramado monstruoso de la injusticia y de la corrupción. El signo de que la Iglesia y “ese mundo” no coinciden consiste en las rutilantes victorias legislativas del aborto o su despenalización, de la ligadura de trompas y vasectomía, de la negación de la auténtica institución matrimonial etc. Aún no podemos imaginar las aberrantes sorpresas que nos tiene reservadas ese extraño comportamiento. No hay que perder el ánimo: la norma legal no hace a la verdad, al contrario. Pueden bombardearnos de leyes inicuas pero, el hombre nuevo renacido del “agua y del Espíritu” no sufrirá - como el cuerpo inmolado de Cristo - “la corrupción del sepulcro”. No es bueno rasgarse las vestiduras por la adhesión casi unánime de nuestros cuerpos legislativos a leyes nacionales, ampliamente publicitadas, que contradicen la doctrina de la fe católica. En otra oportunidad he afirmado que la Iglesia de Cristo, desafiada por quienes contradicen sus enseñanzas, en pueblos que debieran observarlas, debe ofrecer una ofensiva evangelizadora especialmente vigorosa. Una Iglesia fuerte en la fe, la esperanza y la caridad; nutrida por la Palabra de Dios y la Eucaristía, posee la fuerza testimonial de la sangre de los mártires: “semilla de nuevos cristianos” (Tertuliano). La energía redentora de Cristo toma la cruz y la sangre de cada cristiano auténtico para ofrecerse a quienes hoy - en los cristianos actuales - les son contemporáneos.

 

5.- No lejos del mundo sino preservados del mal.  Para los cristianos - los que son y los que serán - las leyes hoy sancionadas, y que contradicen el contenido de su fe, caerán en la inutilidad si se produce una fuerte y actualizada evangelización. La insistencia de la Iglesia, en labios de Pontífices como Juan Pablo II y Benedicto XVI, recordando la principal misión evangelizadora, aparece ante cada desafío proveniente del error y de la corrupción. Y así siempre; en todas las circunstancias de la historia. La evangelización - a la que nos referimos - se expresa en la presentación íntegra de la Palabra de Dios; de ninguna manera en manifestaciones religiosas desencarnadas, de tinte rosado y melifluo, que no compromete a nadie en la lucha inevitable por combatir todas las expresiones del mal. La súplica de Jesús al Padre de que los suyos no se alejen del mundo sino que sean preservados del mal se actualiza en cada instante. Es preciso cuidarse de “la levadura de los escribas y fariseos” pero no dejar de enfrentarlos con la Verdad y la santidad.

 

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