Oficina de Prensa

prensa@cea.org.ar

Todas las Noticias

HOME PRENSA

HOME CEA

La voz de los pastores

Documentos

Agenda CEA

Otras oficinas de Prensa

Vínculos

Contacto

Alocución radial del Arzobispo de Corrientes

Mons. DOMINGO S. CASTAGNA

- Domingo 29 de octubre de 2006 -

Marcos 10, 46-52

  

1.-  El hombre de Jericó.  Jesús devuelve la vista a quien la ha perdido. En algunos intercambios de opiniones, hasta en controversias aparentemente lúcidas, se manifiesta una ceguera profunda. Es verdad que no se ve lo que no se quiere ver - como los niños que prueban correr con los ojos cerrados - pero existe una ceguera real. Aquel hombre de Jericó no ve y suplica al Señor poder ver. Cristo es el único que puede abrirle los ojos. La insistencia clamorosa de aquel hombre no denota desesperación, como último manotazo de ahogado, sino fe auténtica. Así lo reconoce el mismo Jesús: “Vete tu fe te ha salvado”. (Marcos 10, 52) Aunque parezca la última y desesperada instancia, la fe del auténtico creyente se adelanta a toda otra motivación, busca expresarse y logra lo deseado. A la súplica precede el acto de fe: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mi!”. (Marcos 10, 47) Jesús tiene que ser anunciado y reconocido para que se produzca la fe y el don de la vista. A veces no percibimos el clamor de la fe en ciernes de una humanidad que camina a los tumbos. Es preciso identificarlo y no pretender hacernos los sordos, como los discípulos, hasta que la insistencia del hombre - de cualquier simbólico Jericó - se vuelva inoportuna e inocultable. ¡Qué ocasión para comunicar al hombre clamoroso de nuestro tiempo: “¡Ánimo, levántate! ¡Él te llama!”.

 

2.-  El Mensaje bien leído.  El paso de Jesús arranca exclamaciones de admiración y júbilo. Es el Maestro. Hoy también; en medio de una muchedumbre que se mueve rápidamente, que parece un enjambre ordenado y, no obstante, sus integrantes se rozan indiferentes y distantes. Jesús debe atraer la atención de quienes intuyen que trae la salud a su ceguera y la esperanza a sus caminos cubiertos de tinieblas. Apenas lo reclamen acudirá a resolver sus incógnitas y situaciones más graves. La ceguera es una incapacidad de ver en perspectiva trascendente la historia de cada persona y comunidad. El mensaje evangélico, si no es bien leído o escuchado, se lo confunde con las múltiples teorías políticas que dividen a la sociedad.  Es preciso no permitir que eso ocurra: ni utilizarlo para determinados intereses partidarios, ni aguachentarlo con pías interpretaciones intrascendentes. La conversión que Jesús promueve es un verdadero compromiso con la historia e intenta rumbearlo hacia la perfección del hombre que Él revela en su propio comportamiento humano. Anima a que los diversos protagonistas hallen, en su Pascua, el logro de esa perfección. Toda la Iglesia tiene esa misión. Se la confió Él mismo, como el Padre se la había confiado. No es fácil entenderlo. He oído, buscando información tempranera, a un periodista de nuestro medio afirmar que en mis alocuciones no hablo de Jesús. Le recomendaría que leyese íntegramente cada alocución, para no ceder al craso error de endilgar a mi enseñanza dominical una orientación puramente política.

 

3.- Olvido o lecturas fragmentadas.  La Doctrina Social de la Iglesia, desarrollada a través de un siglo del lúcido y constante Magisterio de los Sumos Pontífices y Obispos, es aplicación del Evangelio a la realidad de un mundo necesitado de su luz y de su gracia. ¿Quién, no movido por la ignorancia o intereses mezquinos, podrá negar su autenticidad? Reitero conceptos - con fatigante insistencia - cuando escucho afirmaciones que denotan olvido de lo que he enseñado durante diez años de semanales alocuciones radiales o indican lecturas fragmentadas de las mismas. El Señor, mediante los ejemplos de los Apóstoles y Padres de la Iglesia, insta a que persevere sin hacer caso a las agresiones y aceptando el desafío de repetir lo fundamental. Necesitamos a Jesús - al verdadero - no a una falsa imagen coloreada, tan distante del Profeta que llama a la conversión y contradice severamente a los escribas y fariseos. Estamos en un mundo  que fluctúa entre la verdad y el error, entre la violencia y la paz, entre el bien y el mal. Necesita el servicio de evangelización que la Iglesia le brinda. De otra manera se profundizarán los conflictos y se emprenderán caminos extraños a Quien es el verdadero Camino. “Bajar líneas” no es alejarse de Quien es el principio, al contrario, es manifestar que Jesucristo no ha venido al mundo para que todo siguiera como antes. La medicina se aplica a la herida, reconocida como tal, aunque provoque reacciones antipáticas y haga rezongar de dolor a quienes la reciben.

 

4.- Compromiso con la alta política.  El Papa Benedicto XVI, haciéndose eco de sus venerables predecesores, recuerda la insustituible misión del laicado católico en la animación evangélica del orden temporal. Se incluye la política. Los Pastores deben proponer la Palabra de Dios como necesaria “virtud de Dios para salvar a todos los que creen” (Romanos 1, 16). Al hacerlo necesitan mostrar las exigencias concretas y puntuales del Evangelio, abordando temas específicos y denunciando lo que se opone a su contenido. Sabemos, por acontecimientos notables de nuestra historia patria, que debieron también los clérigos comprometerse en la alta política nacional: la Revolución de Mayo, la Declaración de la Independencia etc. El Obispo Fray Mamerto Esquiú, en proceso de Beatificación y Canonización, fue el inolvidable predicador de la Constitución. Fueron circunstancias excepcionales, en las que se pusieron en juego los valores fundantes de la Patria. Por lo visto, aquellos momentos críticos pueden repetirse y siempre requerirán los mejores ciudadanos, clérigos y laicos. Lo normal y deseable, conforme a las últimas declaraciones del Papa, es que el laicado, bien formado en la fe y en las disciplinas seculares, asuma su responsabilidad temporal y la administración del poder político. Es de lamentar que a la normal enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia se la quiera calificar de intromisión en la política partidaria. Es una táctica para enmudecer a quienes - con absoluta libertad - se constituyen en despertadores de la conciencia ciudadana, particularmente entre quienes se profesan católicos.

 

5.- La Iglesia que conviene o molesta.  Cristo es el inspirador de todo comportamiento temporal que se proponga ser coherente con los valores esenciales de su divina enseñanza. Si esto no es “hablar de Jesús” ¿qué es hablar de Jesús? La predicación de la Palabra, en comunión con la gran tradición apostólica, y la celebración de los Sacramentos, constituyen la vertiente que hace a toda la Iglesia evangelizadora y misionera. Esta auténtica concepción de la Iglesia dista mucho del formalismo aterrador en el que quieren encerrarla sus enemigos tradicionales. No conviene una Iglesia evangelizadoramente dinámica para ciertos sectores que responden a proyectos adversos al Evangelio de Jesucristo. Quienes se confiesan ateos o indiferentes son más honestos que quienes se maquillan hipócritamente con una falsa pertenencia a la Iglesia Católica. Hay que ser de verdad cristianos, como Jesús enseñó a serlo al proclamar las Bienaventuranzas. En eso estamos empeñados. De otra manera Dios nos pedirá cuentas.

 

          Si desea recibir nuestro servicio de noticias, envíenos un mail a :

prensa@cea.org.ar