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CARTA PASTORAL PARA LA NAVIDAD 2006

Al iniciar el trienio para el Centenario de la creación de la Diócesis de Corrientes 1910 – 2010

Mons. Domingo S. Castagna
Arzobispo de Corrientes
 

 

Queridos hermanos y amigos correntinos:

 

   Al cabo de tres años celebraremos el primer centenario de la creación de la Diócesis de Corrientes: tierra de peregrinos, de misioneros y de santos. Es significativo que los dos Sumos Pontífices que intervinieron en su erección canónica, y en su posterior promoción a Arquidiócesis, gocen hoy del honor de los Altares. Me refiero a quien la creó Diócesis, el 3 de febrero de 1910: San Pio X y quien la elevó a Arquidiócesis, el 10 de abril de 1961: el Beato Juan XXIII. ¿No es posible descubrir en ello un designio providencial y un proyecto siempre actual de vida eclesial? También es de recordar al humilde misionero franciscano San Francisco Solano y al hombre de la caridad San Luís Orione que caminaron nuestras tierras y respiraron nuestra atmósfera. Deseamos iniciar en esta Navidad del 2006 el trienio de años que concluirá en la Navidad del 2009. Cada año nos permitirá abordar un tema nuevo y su consecuente proyecto pastoral. El año 2007 está particularmente enfocado a la Vª Conferencia Episcopal Latinoamericana que se celebrará en el mes mayo, en Aparecida-Brasil: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que el mundo crea y tenga Vida en Él”. Un plan de renovación de los cristianos latinoamericanos y de las diversas Iglesia Particulares. La nuestra – la de Corrientes  - quiere inscribirse  en el dinamismo evangelizador actual de sus hermanas Iglesias de Latinoamérica y el Caribe.

 

    Lo hace orientando su actividad desde la perspectiva de sus primeros cien años de historia. Es una trayectoria colmada de experiencias vivas, en la que se han sabido manejar los tiempos de gozo y de dolor, sobre el único sendero de la Iglesia de Cristo. En nuestro caso la memoria histórica da sentido, aquilata la esperanza y nos ofrece la oportunidad de crecer en la humildad y en la fidelidad. La Provincia de Corrientes, de la que es parte nuestra Iglesia arquidiocesana, es un pueblo valeroso, de tradiciones hondas y enraizadas en la gesta evangelizadora de eminentes misioneros franciscanos, jesuitas y mercedarios. No podremos identificarla, entre los otros pueblos de nuestra Patria, sin esa referencia principal. Pueblo humilde, injustamente empobrecido y dispuesto al sacrificio, ha escrito páginas gloriosas con la sangre nobilísima de sus mejores hijos. Esta Carta navideña, iniciadora del trienio que concluirá el 3 de febrero de 2010, está dirigida a todos los miembros de esta comunidad católica correntina y de quienes, uniendo sus esfuerzos en la construcción de una Provincia ordenada, justa y fraterna, están empeñados en recuperar las mejores instancias para su futuro. La herencia recibida debe multiplicarse en manos de fieles administradores. La bondad y nobleza de nuestra gente merece el aporte generoso de todos y el empeño de sus mejores dirigentes.

 

    Volver a los signos característicos de la primera evangelización exige creatividad y la decisión de someterse al sano control de los valores cristianos que la sustentaron. El homenaje multitudinario de nuestra gente está referido, principalmente, a la Cruz de los Milagros y a María de Itatí. Signos expresivos de la fe religiosa, proyectados en la cultura del pueblo correntino, mayoritariamente católico.  En la celebración del Centenario de la Iglesia Particular de Corrientes queremos evitar todo fatuo homenaje. Es oportuno y saludable hacer memoria de los muchos logros e identificar humildemente los errores. Su meta inmediata es aceptar el nuevo desafío de avanzar hacia la renovación en santidad de sus hijos y hacia una vigorosa evangelización del pueblo. Los signos tradicionales mencionados poseen una carga de verdad y protagonismo que se ha dejado sentir en las crisis más dramáticas de su historia ciudadana. Su vigencia concuerda con el mismo contenido de la fe católica que han profesado nuestros antepasados y nosotros hemos recibido. Recuperar su gravitación social es un deber ineludible de esta Iglesia Particular de Corrientes. Para ello tendrá que revisar su vida y la estructura que la visualiza. Ése es el homenaje que se merece. Su apertura a la sociedad cobra mayor simbolismo al comprobar que nace institucionalmente al cumplirse el primer centenario de la Revolución de Mayo. Su contribución actual al bicentenario de la Patria adquiere un relieve particular. La Argentina toda debe aprovechar su celebración bisecular para abrir un nuevo sendero hacia la consolidación de sus instituciones democráticas y la renovación moral de sus ciudadanos.

 

    La Iglesia quiere hacerlo en su propio espacio y conforme a su ineludible misión. La enorme influencia de la Iglesia Católica en la historia argentina no procede del prestigio político y económico, ni de extraños cabildeos con el poder de turno, sino de su original capacidad de formar conciencias e iluminar, desde los valores evangélicos, nuevos caminos de auténtico progreso. Mientras se dedique exclusivamente a su específica misión evangelizadora su identidad no puede ser confundida. Esta Iglesia de Corrientes, de casi cien años de vida, es la misma Iglesia Católica presente desde los orígenes de la correntinidad. Han pasado casi diez décadas de esforzada acción pastoral. Se han sucedido cinco Obispos y centenares de abnegados sacerdotes, muchos religiosos, consagrados y laicos comprometidos en la acción social, en la catequesis y en la caridad.  Hoy mismo está floreciente y se esmera en ser fiel a Cristo y al pueblo con la virtud de su inconfundible servicio evangelizador. Progresivamente va adquiriendo conciencia de su responsabilidad singular en el corazón de cada uno de sus bautizados. El Magisterio, constantemente renovado desde sus orígenes, abre surcos de luz en las oscuras tinieblas de la hora actual, contradictoria y necesitada de Dios. La Iglesia Particular de Corrientes quiere hacer de su celebración centenaria el instante providencial que su pueblo necesita.

 

    Suplico la intercesión amorosa de María de Itatí, término - en su magnífico Santuario - de innumerables peregrinaciones de correntinos. Ella hará de esta preparación un verdadero tiempo de gracia. Las siete históricas salidas de su venerada Imagen respondieron a momentos particularmente significativos de la vida ciudadana. La celebración del Centenario ¿no merecerá otra escapadita de la Madre hacia sus hijos? Navidad es el momento elegido por Dios para que su Hijo encarnado se introduzca en la historia para recuperar al hombre. La elección de la Navidad 2006, para iniciar el trienio celebratorio del Centenario de la creación de la Diócesis de Corrientes, abre una etapa exigente para nuestra vida y nuestro compromiso ciudadano. Al concluir esta carta deseo que la gracia de Cristo encienda el entusiasmo y fervor de todos ustedes, mis queridos amigos y hermanos. ¡Feliz Navidad e inicio del tiempo de espera para el 3 de febrero del 2010! Con María de Itatí, la Iglesia de Corrientes se encamina a festejar su primer Centenario.

 

Con mi bendición de Pastor.

 

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