Oficina de Prensa

prensa@cea.org.ar

Todas las Noticias

HOME PRENSA

HOME CEA

La voz de los pastores

Documentos

Agenda CEA

Otras oficinas de Prensa

Vínculos

Contacto

Homilía para la Vigilia Pascual

Mercedes, 15 de abril de 2006

 

"La Pascua, llamado a la Unidad en Cristo resucitado"

 

Este Evangelio (Marcos 16, 1-7) se abre con un toque femenino y una fragancia de perfumes. Tres mujeres han ido a comprar perfumes y vienen a la tumba para embalsamar el cuerpo de Jesús. Para comprender su gesto, tenemos que situarlo en su contexto.

 

En el transcurso del presente año litúrgico, seguimos en general el Evangelio de Marcos. Es su relato de la Pasión que hemos leído el domingo de Ramos, y es su descripción de los acontecimientos de la mañana de Pascua que leemos esta noche. Los relatos de Marcos son precisos y concisos; cada frase está allí llena de sentido. Tenemos que prestar atención a todos los detalles.

 

Inmediatamente después de la mención de la muerte de Jesús, Marcos dice que el velo del Templo se ha roto en dos. ¿De qué velo se trata? Probablemente no se trata del velo que se encontraba en la entrada del Santo de los Santos, donde podía entrar sólo el Gran Sacerdote. Se trata más bien del velo que separaba la parte principal del Templo, abierta a los judíos de sexo masculino, de la parte exterior donde se admitía a los Gentiles y las mujeres.

 

Además, Marcos añade inmediatamente dos frases que nos orientan en el sentido de esta interpretación. Primero relata las palabras del oficial militar romano, es un gentil, que hace este acto de fe: "Verdaderamente este hombre era hijo de Dios", y habla acerca de las mujeres presentes en el Calvario, que serán igualmente testigos de la Resurrección.

 

Según la Ley de Israel, se excluía a los Paganos de la salvación prometida a los judíos y el testimonio dado por una mujer no tenía ningún valor legal. El desgarro del velo del Templo le notifica que la plena participación en la Comunidad Cristiana nacida del lado Cristo está abierta a toda persona, sin consideración a las diferencias de sexo, de nacionalidad o de religión.

 

Los discípulos de Jesús formaban una gran familia, donde cada uno y cada una tenía una relación particular con Jesús. Había hombres, entre los cuales tres tenían una relación privilegiada: Pedro, Santiago y Juan, que fueron los testigos de la Transfiguración y de la agonía en Gethsemaní. Había también varias mujeres. En cuanto a esto Marcos dice tres cosas: a) que lo habían seguido en Galilea; b) cuánto lo servían; y, c) que habían subido con él a Jerusalén.

 

"Seguir a Jesús" quiere decir ser su discípulo. "Servir" quiere decir participar en su diaconía, en su ministerio. "Haber subido con él a Jerusalén" quiere decir haber aceptado todas las consecuencias de esta relación y haberse vuelto testigo de su muerte y de su resurrección.

 

Entre este grupo de mujeres, tres tenían una relación muy particular con Jesús y tuvieron probablemente un papel importante en la Iglesia primitiva. Eran María de Magdala, María, la madre de Santiago , y Salomé. Las encontramos a las tres a los pies de la cruz, con María la Madre de Jesús y Juan (mientras que los otros Apóstoles han huido); las encontramos en la tumba la mañana del primer día de la semana, con sus perfumes. Son las primeras en recibir el anuncio de la Resurrección y las primeras en dar testimonio de ella.

 

El desgarro del velo del Templo está pues lleno de sentido profundo, incluso si se ha intentado constantemente coserlo en el transcurso de los siglos! ... Significa que Jesús ha hecho caer las barreras entre Israel y las naciones, entre Judíos y paganos, entre hombres y mujeres. Las palabras del ángel a las tres mujeres mencionan la caída de otra barrera - aquella entre la carne y el espíritu, entre el cuerpo y el alma. El ángel que se les aparece a las tres mujeres parece esforzarse por hacerles comprender que Cristo resucitado y glorioso que se les aparecerá pronto, es aquel que descansaba muerto en la tumba. Les indica el lugar preciso donde descansaba su cuerpo.

 

Cuántas cosas nos dividen: particularidades de raza, de sexo, de educación, de religión, de riqueza y pobreza. En esta noche santa, debemos romper todas estas barreras, todos juntos tenemos que atravesar los lados rotos del velo del templo, tenemos que entrar juntamente al Templo Nuevo a través de la puerta abierta en el costado de Cristo con el fin de llegar un día a ser "uno" como él y su Padre son Uno.

 

Nos decía el siervo de Dios Juan Pablo II (21 de mayo de 1997) «La Virgen santísima, presente en el Calvario durante el Viernes santo (cf. Jn 19, 25) y en el cenáculo en Pentecostés (cf. Hch 1, 14), fue probablemente testigo privilegiada también de la resurrección de Cristo, completando así su participación en todos los momentos esenciales del misterio pascual. María, al recibir a Cristo resucitado, es también signo y anticipación de la humanidad, que espera lograr su plena realización mediante la resurrección de los muertos.»

 

Que nuestra Madre la Virgen, nos ayude en esta Pascua de 2006, a superar todas las divisiones, viviendo el mensaje central del Triduo Pascual: el amor: “tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que el mundo se salve por Él». ( Juan 3, 16). La pasión y resurrección de Jesús sólo se entienden desde el misterio del amor de Dios por nosotros. María como Madre sabe lo que es el amor, que ella nos enseñe a vivirlo en el servicio a todos los hermanos, particularmente, los más pobres, débiles y enfermos. Les deseo una Pascua, por intercesión de la Virgen, con las gracias que más necesitan todos y cada uno.

 

 

+ Mons. Rubén H. Di Monte

Arzobispo de Mercedes-Luján

 

          Si desea recibir nuestro servicio de noticias, envíenos un mail a :

prensa@cea.org.ar