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Homilía para la Misa de Scouts

Luján, domingo 23-IV-2006

 

 

Los discípulos, que han permanecido, a su manera, fieles a Jesús, se encuentran reunidos la tarde de Pascua. La Biblia no nos dice cuantos eran, pero seguramente no deberían ser muchos, porque entraban en una casa con las puertas bien cerradas. Son discípulos clandestinos, porque ya es de noche y como José de Arimatea (Jn 19, 38), tienen miedo a los judíos. Ellos han recibido el testimonio de María Magdalena, que de parte de Jesús les dice: «Jesús ha resucitado y los verá en Galilea.» Pero esto no los sacó de su miedo y no les dio paz.

 

Cuando Jesús se manifiesta en medio de los discípulos reunidos, antes que nada les dice: «La paz esté con ustedes.» Solo después de haber recibido y asumido esta paz serán librados de su miedo, y más tarde tendrán el coraje de decirle a los Judíos: «Dios lo ha hecho a Cristo Señor, a aquel Jesús que ustedes crucificaron.» (Hechos 2, 36)

 

Después Jesús sopla sobre ellos, esta expresión nos recuerda el Génesis (Juan usa el mismo verbo) donde Dios le da el espíritu, la vida al primer hombre en la creación. Jesús dando su espíritu aquí, re-crea a sus discípulos: «Reciban el Espíritu Santo, a quienes perdonen los pecados le serán perdonados y a quienes se los retengan le serán retenidos.» El perdón, como sacramento, y como actitud entre hermanos nos libra del miedo, nos hace libres para vivir como resucitados.

 

Este don de la confesión, del perdón y la paz, se da a la comunidad allí reunida, está confiado a la Iglesia como comunidad. Esto lo pone más de relieve la ausencia de Tomás. Este apóstol incrédulo se pierde esta aparición de Jesús por no estar donde debía estar, con sus hermanos. Ellos habían creído y dice el evangelio, se habían llenado de alegría. Tomás tiene que esperar una semana más para experimentar esta fe y esta alegría.

 

Estamos celebrando juntos la misa en este domingo, segundo de Pascua, Domingo de la Misericordia, y último día de la octava. Celebramos al Señor resucitado, reunidos como los apóstoles en aquella casa cerrada de la que hablábamos, quizás con miedos y preocupaciones, personales y como movimiento, queridos Scouts y Guías arquidiocesanos, que hoy comienzan la asamblea a los pies de Nuestra Señora de Luján, el décimo aniversario de vuestra fundación como scouts y guías arquidiocesanos.

 

El movimiento Scout es esencialmente religioso, lo decía claramente su fundador Sir Baden-Powell, el 2 de Julio de 1926: «¿Dónde entra la religión en el scoutismo? Mi respuesta es simplemente, que la religión no entra, sino que se encuentra allí de antemano, porque se trata de un factor fundamental, ubicado en la base misma del scoutismo y el guidismo… Bien saben que el objetivo de nuestro Movimiento es la formación de ciudadanos felices, sanos y serviciales, es decir, buenos ciudadanos; esto, por poco que se lo analice, significa ciudadanos convencidos de una religión que también practican

 

Practicar la religión es vivir esta experiencia con Jesús resucitado. Ustedes tienen que cuidar y vivir su identidad scout, pero antes que todo deben vivir su identidad de cristianos, de testigos de la resurrección de Jesús. Este encuentro con el Señor los hace más humanos, “el misterio del hombre, dice el Vaticano II, se esclarece a la luz del Verbo encarnado”, Jesús resucitado.

 

La promesa scout es un propósito de ser fieles a Dios, que los llama a vivir la comunión y la amistad con él; ser fieles a ustedes mismos, en la búsqueda y en la realización del proyecto que el Padre en su amor, ha trazado para cada uno; y, fieles al prójimo que espera de ustedes el don de un compromiso plenamente humano y cristiano.

 

En este compromiso de fidelidad, decía el Siervo de Dios Juan Pablo II (el 23 de octubre de 2004 en Roma), les ayuda la ley scout, mediante la cual, como solía decir el fundador de ustedes: pueden hacer posible lo imposible… A ustedes les pido que hagan cada día “todo lo posible” para crecer gozosamente en la entrega humana y cristiana. Sin miedo, con la paz que nos trae el encontrarnos con Jesús resucitado. Esta paz que hoy más que nunca en nuestro mundo se ve amenazada.

 

Que María Santísima Nuestra Señora de los Scouts, y San Jorge, quien se recuerda hoy 23 de abril, y que es el patrono de Ustedes, nos ayuden y guíen siempre para encontrarnos con el Resucitado, que está en medio de nosotros ofreciéndonos la Paz de su encuentro.

 

+ Mons. Rubén H. Di Monte

Arzobispo de Mercedes-Luján

 

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