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Homilía para el Te Deum del 25 de mayo de 2006

  

La fecha que hoy conmemoramos y por lo que estamos celebrando la Acción de Gracias al Señor llamada Te Deum (A ti Dios, primeras palabras del himno de Acción de gracias) es el punta pie inicial con el que la dirigencia criolla tomó las riendas del poder, poniendo así los cimientos de la organización democrática que con sus más y menos forjaron nuestra patria. Los personajes que intervinieron en esta primera semana de mayo de nuestra historia no tenían todo claro, ni la certeza de lo que vendría con el tiempo. Comienzan rompiendo los lazos jurídicos con la corona española, con la casa reinante, lo que conlleva un quebrantamiento de las leyes de la administración interna. “Todo, señala un autor, era una situación de hecho”, por eso la Junta que asumió el gobierno invitó a los cabildos del interior a enviar sus representantes. De una y otra forma el pueblo participó y fue decidiendo su destino libre.

 

La historia de la patria como la historia de cualquier familia tiene sus momentos buenos y malos, por todos ellos hoy en nuestra Basílica Catedral nos reunimos para dar Gracias y para rezar por todos los que hacemos la patria.

 

Terminamos de escuchar en la primera lectura de San Pablo a Timoteo, 2, 1-4: “Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los gobernantes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad.”

 

Santo Tomás de Aquino comentando este texto nos hace ver en otras estas seis cosas:

 

1)     San Pablo nos enseña el valor de la oración en común: “Ante todo recomiendo que se hagan plegarias…” uno de los requisitos principales de la vida cristiana es la oración, que sirve para defenderse de los peligros, de las tentaciones y para crecer en el bien. “Mucho vale la oración perseverante del justo” (Santiago 5, 16).

 

2)     Nos enseña que no debemos querer doblegar la voluntad de Dios, ya que el está siempre dispuesto a lo bueno: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.” Lo que la oración ha de hacer, dice Santo Tomás, es procurar que nuestro corazón esté elevado a Dios, en unión con él. En la oración debemos encontrar lo que nos conviene.

 

3)     Si bien no debemos querer doblegar la voluntad de Dios, debemos orar con fe, con seguridad, nos dice el apóstol Santiago en su carta. “Pidan con fe, sin sombra de duda.” (1, 6). Nuestra oración debe ser confiada en todos los momentos de la historia y de nuestra vida, esto nos lleva a la esperanza, todavía estamos en tiempo Pascual, tiempo de la gran Esperanza: Jesucristo, nuestro salvador Resucitado.

 

4)     Debemos rezar “por todos los hombres” Santo Tomás dice que la “oración es la intérprete de nuestro deseo” porque cuando rezamos pedimos lo que deseamos. Ahora bien, la caridad pide que deseemos el bien a todos cuantos ella encierra (es decir todos los hombres y mujeres) “El Padre nos amó y envió a su Hijo en rescate por todos”, nos dice el Evangelio de Juan.

 

5)     Debemos rezar por todos, pero especialmente por quienes tienen autoridad, como comencé diciendo el 25 de mayo de 1810 el Pueblo confió su autoridad a la junta para que está y las formas de gobierno que llegan a nuestros días nos gobiernen. Los que gobiernan en nombre del Pueblo deben especialmente recibir luz y guía de la oración (La Biblia nos enseña siempre esto: “Rogad por la vida de Nabucodonosor, rey de Babilionia, y por la vida de Baltasar, su hijo.” Baruc 1, 2. San Pablo a los Romanos, dice: “Toda persona está sujeta a las potestades” Y san Pedro en su primera carta 2, 13: “Sean sumisos a toda humana criatura, y esto por respeto a Dios: ya sea el gobernante, o los que rigen las naciones, como puestos por Él.”) el fin de la oración por los gobernantes la da San Pablo en las palabras: “para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad.” La oración y el buen ejemplo cristiano deben guiar la vida de la sociedad, la vida de cuantos cobija nuestra patria, nacidos aquí o no.

 

6)     Esto es bueno y agradable a Dios” Cuando una cosa es buena en sí, debemos hacerla, esa cosa buena es la oración, por todos, por la Patria en su día, por los que gobiernan. Orar dice Santo Tomás de Aquino es una obra de caridad, porque es agradable a los ojos de Dios, nada es bueno ante Dios si no es ofrecido en caridad.

 

El 25 de mayo de 1810 nuestro Pueblo decidió comenzar a ser un Pueblo independiente. Cada pueblo tiene el derecho a su propia tierra con su soberanía y su libertad. Esto lo han dicho siempre los papas a todos y para todos. No se pueden defender los propios y legítimos derechos pisoteando los de los demás. Por eso ante las discusiones y / o pretensiones por una misma tierra, los papas se han pronunciado a favor de que cada Estado goce de la misma libertad, soberanía y seguridad. Y esto se hace tendiendo puentes y no muros.

 

Hoy es el día de la Patria demos gracias a Dios por ella y aprendamos la lección de esta palabra de Dios que meditamos: aprender, en la caridad, a rezar siempre a Dios por todos, uniéndonos a Dios por medio de la oración confiada para obtener la paz y la quietud en los corazones de cada uno, argentinos por nacimiento o adopción, para que esa paz y quietud sea reflejada en nuestra sociedad. Esto hará una sociedad cada día mejor. Muchos de los problemas de hoy pueden tener su origen en el pasado, pero lo más importante es entender a dónde nos llevará la situación actual. Por eso a la gente le gustan las profecías y vaticinios, aunque la mayoría de las veces se trate de puras opiniones. La única profecía cierta es que Cristo es el sentido de toda la historia. En él debemos crecer como Patria.

 

Las Actas del Cabildo de Luján, nos recuerda Mons. Presas[1] prueban que allí “el Grito de Mayo obtuvo el primer eco y fue celebrado con júbilo y fiestas ante la imagen de la Virgen Santísima.” Una vez más pongámonos bajo el manto de nuestra Madre la Virgen y utilizando parte de una oración por los gobernantes de San Clemente Romano[2], mártir en el año 97 de nuestra era, le Pedimos a Dios: “Danos concordia y paz a nosotros y a todos los habitantes de la tierra, como la diste a nuestros padres cuando te invocaban santamente en la fe y en la verdad (1Tim 2, 7). Haznos estar bajo tu nombre omnipotente y lleno de fuerza… Señor lleva a buen fin los deseos según lo que es bueno y agradable en tu presencia… Tú sólo eres capaz de cumplir estos bienes y otros más grandes, por eso nosotros te agradecemos por medio del gran Sacerdote y protector de nuestras almas, Jesucristo por el cual ahora te damos gloria y alabanza, de generación en generación y por los siglos de los siglos. Amén”

 

 

+ Mons. Rubén H. Di Monte

Arzobispo de Mercedes-Luján


 

[1] Juan Antonio Presas. Ir a Luján es un deber. Editorial Dunken. Buenos Aires 2004. Págs. 33ss.

[2] Ad Corinto. 60, 4-61.

 

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