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Homilía en la Coronación de
 Nuestra Señora del Rosario de Fátima

- Marcos Paz, 3 de septiembre de 2006 -

 

 

Querido Padre Fabián, Padre José, P. Alejandro, Autoridades.

Queridos hermanos todos de la comunidad
San Marcos Evangelista, de Marcos
Paz:

 

En el Evangelio, Jesús se manifiesta como una persona totalmente libre. No es el hombre de una familia o de una determinada ciudad, con intereses parciales. No es el hombre de una secta religiosa y no pertenece a ninguna categoría de maestros o de rabinos. En realidad no pertenece a nadie, porque era de todos y vivía para el Padre y sus hermanos. Es libre en la elección de sus amigos; y en tal elección no es condicionado por ninguna convención religiosa o social. Es libre también en relacionarse con las autoridades civiles o religiosas y en su enseñanza al pueblo.

Jesús era muy respetuoso de la ley dada por Dios a Moisés. Esta ley, Jesús no quería abolirla, sino llevarla a su cumplimiento. Como cada hebreo piadoso de su tiempo, debía recitar cada día el Shema Israel, Escucha Israel, del que tenemos una versión en la primera lectura de la Misa de este domingo. Esta ley era una de las expresiones del amor de Dios hacia su Pueblo elegido a quien quería guiar. La memoria y el respeto a esta ley era el recuerdo del amor de Dios. Con lo que Jesús luchó tenazmente es con la utilización de la Ley de Dios por parte de ciertos hombres para hacer esclavos a otros hombres, mientras ella tenía como fin conducir a los hombres a practicar el amor, sea entre ellos como en relación a Dios.

En el Evangelio de hoy, encontramos palabras durísimas en relación con los fariseos. Jesús no les reprocha el preocuparse por las Escrituras o la Ley. Les reprocha una sola cosa: su hipocresía; y revela las raíces y las consecuencias de esta hipocresía. Hipócritas son aquellos cuya conducta y palabras no expresan los pensamientos que tienen en el corazón. Son aquellos a quienes les falta la simplicidad o la pureza de corazón. Así Jesús los llama “ciegos”. Hay un nexo muy estrecho ente la hipocresía y la ceguera; porque el hipócrita, en su deseo de engañar a los otros, termina por engañarse a sí mismo.

La hipocresía no es solamente mentira, es también engaño. La hipocresía engaña a los otros para ganarse su estima, con gestos y palabras que no corresponden a una simple intención. Y porque la simplicidad o la pureza de corazón es la virtud fundamental del cristianismo, el Evangelio nos enseña que el más grande obstáculo en el camino que Dios quiere para nosotros es precisamente la hipocresía.

Jesús hablaba a los fariseos, pero su mensaje vale para todos nosotros. Debemos aprender a vivir sin llevar máscaras. Cuando queremos preservar una cierta imagen de nosotros mismos, nos volvemos inquietos y temerosos, y somos esclavos de esta imagen.

Estas enseñanzas de Jesús sobre la pureza de corazón están dirigidas evidentemente a cada cristiano. Pero tiene una importancia particular para nosotros, que queremos vivir nuestra fe en la plenitud de la caridad, del amor. Para vivir auténticamente en el amor, nos recordaba Benedicto XVI en su encíclica, debemos superar la doblez de nuestro corazón, debemos recordar la bienaventuranza que llama Felices a los puros de corazón, porque verán a Dios.

En este domingo, queremos también honrar a la Santísima Virgen, cuyo Corazón Inmaculado es modelo para todos nosotros de pureza y simplicidad. Queremos honrar a nuestra Madre, reconociéndola también nuestra Reina.

La costumbre de representar a santa María Virgen con corona data ya de los tiempos del Concilio de Éfeso (431), lo mismo en Oriente que en Occidente. Con el rito de Coronar la imagen de la Santísima Virgen, la Iglesia reafirma, que ella, es tenida e invocada con razón como Reina, porque es Madre del Hijo de Dios y Rey mesiánico; colaboradora del Redentor; perfecta discípula y miembro supereminente de la Iglesia: esclava del Señor, que fue coronamiento del antiguo Israel y aurora santa del nuevo pueblo de Dios.[1]

Ayer como comunidad Parroquial estuvieron trabajando en las fichas preparatorias para la V Conferencia Episcopal Latinoamericana y del Caribe. Como saben bien el lema es: «Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida.”- “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”» Los misioneros y discípulos de Jesucristo, para tener la Vida, la luz de Jesús, debemos cada día con el ejemplo y la intercesión de nuestra Madre, la Virgen, trabajar en la purificación de nuestro corazón, los males del mundo salen del corazón del hombre, nos dice Jesús, trabajemos como Parroquia, en familia e individualmente para que, cada día más, sigamos a Jesús con un corazón puro.

+Mons. Rubén H. Di Monte

Arzobispo de Mercedes-Luján


[1] Cf. Pontifical Romano II. CEA. Buenos Aires ç. 2005. 3-5 de las Notas Introductorias al Ritual de Coronación de Imágenes.

 

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