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Homilía para inauguración Pila Bautismal

Giles, 28 de septiembre de 2006

  

1. La invitación de Dios: camino de vida.

Hemos escuchado esta narración del encuentro entre Jesús y esta mujer de Samaria. Una mujer que iba a buscar simplemente un poco de agua para las necesidades cotidianas de su casa, pero ahí encuentra la invitación de Jesús, una invitación que va mucho más allá de lo que ella pensaba. Jesús le propone un camino de vida, simbolizado por esta fuente de agua viva que sacia la sed que el hombre tiene. Esta invitación de Dios, este camino de vida que él desea para todos los hombres, es la que nos trasmitió y nos enseñó Jesucristo. Ser cristiano significa abrirse a la llamada de amor de Dios, querer avanzar por este camino de vida que encontramos en el Evangelio de Jesús. Y por eso estamos hoy aquí reunidos: para bendecir la nueva pila bautismal de esta parroquia, para celebrar gozosamente esta vida, esta fe, esta esperanza, que es el bautismo. Para pedir a Dios que comunique a estos niños que empiezan su camino la gracia de seguir también ellos el camino de Dios, el camino de Jesucristo. Quizá nosotros, como aquella mujer de Samaria, hayamos venido sin captar enteramente -sin vivir coherentemente- la grandeza del camino de amor y de vida que Dios nos brinda. Pero quizás también nosotros -y también como aquella mujer que el evangelio nos dice que había tenido cinco maridos- busquemos en el fondo y a través de todo lo que vivimos, algo mejor, algo con más amor, con más vida. Y sin duda, ustedes, los padres de estos niños, lo anhelan para ellos. Abrámonos con fe y esperanza a la promesa de Jesucristo: "el agua que yo daré se convertirá dentro de ustedes en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna".

Que esta sea hoy nuestra plegaria, nuestro anhelo muy sincero.

 

2 Agua símbolo de vida: dar fruto

El momento central de nuestra celebración, como en toda Misa, es la renovación de la entrega de Jesús en la Cruz, eso se realiza místicamente en los que reciben el bautismo al ser lavados en el agua bautismal. Significa primariamente este agua -como a menudo se piensa- un rito de purificación, para lavar a estos niños de su pecado (estos niños no son ellos responsables de ningún pecado, personalmente, sino en cuanto pertenecientes a la naturaleza humana). Esta agua simboliza lo que hemos escuchado en el evangelio: una agua símbolo de vida, fuente de vida. Igual que la tierra no fructifica sin la bendición del agua -de la lluvia, del riego-, también expresamos nosotros mediante este signo que nos transmitió Jesucristo y que la Iglesia ha ido realizando a través de los siglos, que nuestra vida necesita de la bendición del amor de Dios para dar fruto.

Dicho de otro modo: que queremos que estos niños -lo queremos y lo esperamos- avancen por un camino de amor, de verdad, de justicia, de bondad.

Un camino que Dios bendiga y en el que ellos den muy abundante -y muy humano- fruto de vida. Que de su corazón surja este surtidor del que nos habla JC: un surtidor que sea fuente de lo mejor que el hombre puede vivir y hacer sentir. Porque si es así, ellos serán realmente hijos de Dios. Lavarse, sumergirse en el agua del bautismo es resucitar a la vida nueva de hijos de Dios. La gracia propia del bautismo, nos recuerda el catecismo, es la filiación divina.

 

3. Fidelidad a lo que hoy celebramos

Esto es lo que hoy pedimos, celebramos y deseamos. Con una entera confianza de que nuestro Padre del cielo quiere con su inmenso amor hacia nosotros -y muy especialmente, hacia estos niños y niñas- que así sea. Por ello la pobreza de nuestra plegaria, de nuestras palabras, de nuestros ritos, adquieren realidad y fuerza. Porque Dios está aquí. Que esto que hoy celebramos siga siendo verdad -siga siendo realidad- mañana, pasado mañana y cada día, cada año, en la vida de estos nuevos cristianos. Porque la bendición de Dios, su continua invitación a crecer en la verdad y el amor; llegará a estos niños sólo a través nuestro, a través de ustedes. Estos niños necesitarán crecer en un ambiente de cotidiano amor -muy real, tejido de hechos, de comprensión, de sacrificio-; necesitarán vivir en una atmósfera de verdad, de coherencia, lejos de todo engaño o hipocresía; necesitarán que todos nosotros luchemos por prepararles una sociedad más justa, más fraternal, más libre, más humana; necesitarán también que la comunidad cristiana se presente para ellos con mayor fidelidad al Evangelio de Jesucristo, acogedora, superando todo lo caduco, todo lo que divide, para abrirse a la perenne juventud del camino cristiano. Necesitarán, finalmente, alegría, la alegría de seguir el camino de Jesucristo.

 

4. Conclusión

Al bendecir la nueva pila bautismal, de esta querida parroquia de San Andrés, dejamos un testimonio sacramental de la centralidad del bautismo en la vida cristiana, como participación personal de cada cristiano en la pasión y resurrección de Jesucristo. Escuchábamos a San Pablo en la primera lectura: «Ante esto ¿qué diremos? Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas?» Dios está con nosotros, por el bautismo hemos sido incorporados a Cristo y somos sus hijos, por adopción. Pero no es solo un simple acto jurídico, Dios no escatimó, no se ahorró ni a su propio Hijo, por naturaleza, Jesús, sino que nos lo dio, para que nos salve, en su sangre, hemos sido salvados, por su sangre somos hijos de Dios. Que esto nos de confianza y valentía para seguir adelante con nuestra vida, y para tratar de ser cada día mejores hijos de Dios. Que María santísima nos acompañe, acompañe a cada niño que renazca a la vida nueva en esta fuente, que hoy bendigo, como desde que recibió el mandato de la cruz acompaña a todos los hijos de Dios y hermanos de Jesucristo.
 

+Mons. Rubén H. Di Monte

Arzobispo de Mercedes-Luján

 

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