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Caminando con Jesucristo hacia la Pascua

(orientaciones pastorales para el próximo trienio)

 

“¿No ardía acaso nuestro corazón,
 mientras nos hablaba en el camino
y nos explicaba las Escrituras...?”
(Lc 24,32)

Queridos hermanos:

 

  1. El recordado Papa Juan Pablo II nos ha dejado un hermoso testamento pastoral en su Carta Apostólica Novo millenio ineunte (NMI), escrita al finalizar el Gran Jubileo del Año 2000. En ella nos propone un camino pastoral para recorrer junto al Señor Resucitado y así anunciarlo a todos los hombres y mujeres en esta nueva etapa de la historia hacia la Pascua definitiva. Quiera Dios que la abundante y rica enseñanza de este documento papal sea progresivamente asimilada y hecha vida por cada uno de nosotros y cada una de nuestras comunidades, respondiendo así con fidelidad a la común vocación evangelizadora que todos hemos recibido con nuestro bautismo. Al comenzar una nueva Cuaresma avivamos nuestra conciencia de ser “caminantes en la fe”, como los discípulos de Emaús.

 

  1. Al proponernos este camino Juan Pablo nos decía: “No se trata, pues, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe... se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir con Él la vida trinitaria y transformar con Él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste...” (NMI nº 29)

 

  1. Nuestra Iglesia diocesana ha celebrado hace pocos meses su Asamblea Pastoral, culminando un largo proceso de comunión y participación, iniciado el año 2004, coincidiendo con el Año Internacional de la Eucaristía. El Señor Resucitado ha recorrido con nosotros este itinerario pastoral y, como a los discípulos de Emaús, también a nosotros nos ha ayudado a desentrañar el sentido de nuestra marcha pastoral y a buscar nuevos horizontes para nuestro caminar.

 

  1. Hemos sentido “arder nuestro corazón” ante su Palabra y su Presencia eucarística y hemos redescubierto que necesitamos su cercanía y su consuelo. Al mismo tiempo esta certeza nos ha animado a retomar con renovado empeño nuestro compromiso misionero y solidario para comunicar a otros esta Buena Noticia. Por ello hemos discernido como  objetivo general para el próximo trienio que necesitamos:

 

Consolidar el encuentro de los bautizados con Jesús,

mediante una intensa vida sacramental,

para que seamos testigos y servidores suyos,

en las diferentes realidades de nuestra Diócesis”.

  1. Efectivamente nuestra realidad diocesana rica y diversa nos desafía en muchos sentidos. Todos recordamos el sereno y profundo análisis de la realidad que hicimos en las comunidades, con espíritu de fe y mirada esperanzada. Así llegamos a señalar tres desafíos particulares para nuestra misión evangelizadora: la crisis familiar, una realidad juvenil desafiante y una vida cristiana poco vigorosa. El gozoso anuncio del Evangelio de Jesús no puede ignorar estas realidades si es que quiere llegar a lo profundo de la vida de las personas y de las comunidades, si quiere incidir verdaderamente en la vida de nuestras familias y de nuestra sociedad.

 

  1. Por ello a cada uno de estos desafíos hemos querido responder con un objetivo específico que concreta el objetivo general, provocando el encuentro de todos con Jesús Resucitado.

 

  1. Con respecto a la crisis familiar hemos reconocido cuántas cosa amenazan a esta institución básica de la sociedad y de la Iglesia. A nadie se le escapa que hoy la familia está agredida de diversas formas: en muchos casos los vínculos son frágiles y los compromisos fugaces; en otros la situación económica conspira para que pueda darse un auténtico encuentro y desarrollo familiar; de diversas maneras los valores tradicionales que dan sustento a la familia son cuestionados; incluso se nos quieren imponer como signo de progreso nuevos “modelos familiares”, que no son más que expresiones regresivas de una cultura decadente. Al interno de la comunidad cristiana también reconocemos dificultades para avanzar en una pastoral familiar incisiva, que ilumine a la familia con la luz del Evangelio y la belleza de la Verdad: en algunos lugares está siendo muy difícil la catequesis familiar que tanto ha aportado a la renovación pastoral de las familias y las comunidades; la preparación a la celebración del Sacramento del Matrimonio es vivida en muchos casos como una “carga” y –por lo general- no se aprovecha suficientemente este espacio evangelizador tan rico; el acompañamiento de los matrimonios y las familias no termina de acertar en medios adecuados; no siempre logramos integrar en la vida comunitaria a familias que –por diversas razones- no pueden participar plenamente de la vida sacramental. Estos son algunos de los muchos motivos que nos han llevado a señalar como desafío pastoral la crisis familiar. Cada uno puede completar esta lista con lo reflexionado y conversado en la preparación de la Asamblea.

 

  1. Nuestra Iglesia diocesana quiere responder a este desafío con el primer objetivo específico:

 

Promover propuestas concretas y creativas de participación

 y acompañamiento a las familias

para que recuperen la conciencia de su misión

y asuman su rol de primeras educadoras de la fe

  1. A través de este objetivo queremos ayudar a la familia a consolidar el encuentro con Jesucristo, según nos propone el objetivo general, ya que sólo desde Él se podrá redescubrir el “Evangelio de la familia”, según la bella expresión de Juan Pablo II. En consonancia con el mismo objetivo general las iniciativas concretas deberían privilegiar la vida sacramental, insistiendo ante todo en la misa dominical, la oración común (“la familia que reza unida, permanece unida...”) y el acompañamiento e integración comunitaria de las familias que no pueden vivir la plenitud eucarística. Desde un renovado encuentro con Jesucristo las familias cristianas podrán recuperar la conciencia de su misión, asumiendo su rol de primeras educadoras de la fe. En este trienio esperamos afianzar nuestro incipiente Equipo Diocesano de Pastoral Familiar y esperamos que pueda ofrecer a las comunidades parroquiales, escuelas católicas y movimientos apostólicos subsidios pastorales que orienten y alienten un renovado impulso evangelizador de las familias.

 

  1.  En cuanto a la realidad juvenil desafiante no es éste el lugar para reiterar diagnósticos que ya conocemos y, en cierto sentido, padecemos. A todos nos preocupa y nos duele encontrarnos con tantos jóvenes que viven la vida sin sentido ni rumbo preciso; muchos padeciendo el flagelo de la falta de trabajo; otros alienados en la droga y distintas formas de frivolidad; algunos viviendo en la superficialidad y con una enorme dificultad para asumir compromisos estables y definitivos. También en este ámbito pastoral nuestras comunidades no terminan de acertar en las respuestas: las comunidades juveniles no son muchas ni numerosas; la propuesta evangélica pareciera no motivar a la mayoría de los jóvenes; el espíritu crítico y cuestionador, típicamente juvenil, se dirige a menudo contra la Iglesia y hace más difícil una pertenencia cordial a la misma...

 

  1.  Sin embargo la experiencia confirma que los jóvenes tienen una gran capacidad para asimilar y responder a propuestas exigentes, cuando son presentadas con convicción y sustentadas por la coherencia de quien las propone. Todos recordamos el carisma y la capacidad de convocatoria de Juan Pablo II con los jóvenes de todo el mundo; a todos nos han impresionado las imágenes de la última Jornada Mundial de la Juventud en Colonia (Alemania) y, más cerca nuestro, lo hemos podido constatar también en el Encuentro Diocesano de Jóvenes, que tuvimos en Sunchales en el mes de agosto del año pasado.

 

  1.   Por ello nuestra Iglesia diocesana quiere responder a una realidad juvenil desafiante con el segundo objetivo específico:

 

Afianzar una pastoral juvenil abierta, paciente y misionera,

que brinde un proceso formativo,

para que los jóvenes se encuentren con Cristo y opten por la vida cristiana

 

  1.  Se trata, entonces, de consolidar el encuentro de los jóvenes bautizados con Jesucristo, como nos pide el objetivo general. Para ello el camino debe ser una pastoral juvenil que, asumida por todos (pastores, adultos, familias, escuelas, etc.) no dude en hacerles propuestas claras y exigentes, ya que los jóvenes sabrán valorarlas. La vida sacramental, la Palabra de Dios, la oración, la formación sistemática, la misión y el servicio a los más pobres, son caminos concretos para afianzar un proceso formativo integral, personal y comunitario, que sea también abarcativo de todas las dimensiones de la vida. Ello demanda de todos nosotros creatividad, paciencia y mucha perseverancia. No nos lamentemos de la situación de los jóvenes si, como Iglesia, no estamos dispuestos a responder generosamente a este desafío. Por otra parte, por gracia de Dios y el esfuerzo de muchos, en nuestra diócesis se viene recorriendo un camino muy serio y sistemático de pastoral juvenil, con muchas y ricas propuestas. La implementación de este objetivo específico encontrará ya mucho camino recorrido –y no siempre aprovechado- para dar respuesta  a lo que nos proponemos. De todos modos el Equipo Diocesano de Pastoral Juvenil deberá ofrecer nuevos recursos pastorales en apoyo de las parroquias, escuelas y movimientos para poder desarrollar una pastoral juvenil que responda al objetivo que nos hemos propuesto.

 

  1.  Pero es indudable que nada de lo que queremos llevar adelante se podrá hacer desde un cristianismo tibio y formal, sin vigor ni convicción. Por ello hemos visto que nuestra vida cristiana poco vigorosa es un desafío fuerte a la nueva evangelización que nos pide la Iglesia en esta etapa de la historia. Así es como llegamos a proponernos el tercer objetivo específico:

 

Procurar que Jesús sea conocido, amado, seguido y celebrado con fe madura,

para que cada bautizado dé un auténtico testimonio cristiano,

 contagiando la alegría de ser amado por Dios

y manifestando la esperanza en la Vida Eterna

 

  1.  Al terminar la Asamblea Diocesana, en la homilía de la Misa, les decía que el fruto más importante de lo vivido era haber vuelto a insistir en la centralidad de Jesucristo en la vida y en la misión de la Iglesia. También les decía que –seguramente- éste sea un regalo que el Señor nos ha hecho en el Año de la Eucaristía. Al inicio de esta Carta les recordaba el “programa” que nos proponía Juan Pablo II, al comienzo del nuevo milenio: conocer, amar e imitar a Jesucristo. En la misa de la Asamblea les decía: “...El cristianismo es encuentro con Jesucristo o no es nada. Un encuentro siempre renovado, que transforma la persona y la hace constructora de una historia nueva. Sin este encuentro no hay verdadera vida cristiana, ni compromiso, ni misión...”

 

  1.  Con este tercer objetivo específico manifestamos la viva conciencia de la centralidad de Jesucristo en nuestras vidas y en la misión que todos hemos recibido con el bautismo. Por ello me animo a volver a proponerles que relean, mediten, asimilen la Carta Apostólica Novo millenio ineunte de Juan Pablo II. Así mismo será de gran provecho retomar el documento con el que el Episcopado Argentino nos invitaba a encarar con entusiasmo la nueva evangelización de la patria, al comienzo del nuevo milenio: Navega mar adentro (NMA). En ambos documentos se encontrarán pistas seguras para recorrer el camino pastoral que nos hemos propuesto para este trienio. Más concretamente en el nº 90 de NMA los obispos proponemos como acción destacada “acompañar a todos los bautizados al pleno encuentro con Jesucristo”. Quizás éste sea el mejor comentario a nuestro tercer objetivo específico.

 

  1.  Cada uno de estos objetivos deberá ser asumido e incorporado en la planificación pastoral de las distintas áreas pastorales, los decanatos, las parroquias, las escuelas y los movimientos apostólicos. Se trata de continuar nuestro camino pastoral con esta orientación común, buscando –cada uno según su propia realidad y posibilidades- respuestas concretas y realistas a los desafíos planteados. Por ello esta Carta que les propongo al inicio de la Cuaresma servirá, más allá de la Pascua, para ir evaluando el camino pastoral de las comunidades y su sintonía con la marcha pastoral de toda la diócesis durante el próximo trienio.

 

  1.   Finalmente deseo anunciarles que -en continuidad con lo propuesto en la Asamblea- he dispuesto iniciar la preparación de un Sínodo Diocesano que estudie y me ayude a legislar sobre la Iniciación Cristiana en nuestra Diócesis. Para consolidar el encuentro con Jesucristo mediante una intensa vida sacramental es indispensable volver a descubrir toda la riqueza de los Sacramentos de la Iniciación Cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía.

 

  1.  Un Sínodo diocesano es una antigua “herramienta” jurídica y pastoral para ayudar al Obispo en su misión de legislador de la Iglesia Particular. Oportunamente daré indicaciones más precisas sobre este valioso instrumento que la Iglesia nos ofrece para acrecentar la comunión y renovar la misión. Por lo pronto desde ya podemos rezar, pidiendo al Señor nos siga guiando e iluminando con la luz del Espíritu Santo para que seamos muy dóciles a su Voluntad sobre nosotros y sobre nuestra tarea pastoral.

 

  1.   No quiero terminar esta Carta sin volver a agradecer a todos los que han trabajado y orado para que la Asamblea Diocesana diera abundantes frutos espirituales y pastorales. De un modo particular quiero agradecer el esfuerzo del Consejo Diocesano de Pastoral, que ha iniciado su servicio con esta eficaz y fecunda tarea.

 

  1. El Señor Resucitado, que ha caminado y camina con nosotros, nos seguirá ayudando a reconocer su Presencia y a anunciarlo con gozo a los hermanos. De cada uno de nosotros depende, especialmente en este tiempo de gracia, ir abriendo el corazón para darle cada día más espacio a esta Presencia y vivir con creciente hondura su cercanía. Sólo así podremos ser de verdad sus testigos y servidores.

 

  1.  Al comenzar un nuevo tiempo de Cuaresma pido a nuestra Madre de Guadalupe que obtenga para la Diócesis una creciente capacidad de escucha y una mirada cada día más creyente para saber reconocer la compañía del Señor Resucitado que nos llama a la conversión y nos invita a seguir recorriendo con Él el camino del Evangelio.

 

Con mi afecto y bendición,

                                          

+ Carlos María Franzini

             Obispo de Rafaela

Rafaela, Cuaresma 2006

 

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