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LA PATRIA COMO DON Y TAREA

 (Homilía pronunciada el 25 /05/06 por el Obispo de Rafaela, Mons. Carlos María Franzini, en la Iglesia Catedral, durante la Solemne  Celebración de Acción de Gracias, con motivo de la fiesta patria)

 

1ª lectura: Gen 1, 1-31a

Evangelio: Mt 25, 14 –30

 

1.      Nuevamente nos reunimos en esta Iglesia Catedral para dar gracias Dios por esta fecha patria. La celebración de un nuevo aniversario de la instalación del primer gobierno patrio es una buena oportunidad para detenernos a reflexionar brevemente sobre el sentido de lo que estamos celebrando.

 

2.      No quisiéramos que éste sea un mero acto protocolar o formal. Conscientes de que Dios interviene en la vida de los hombres y de los pueblos queremos intentar reconocer una vez más su querer sobre nosotros.

 

3.      Como lo afirma nuestra Constitución, somos un pueblo creyente en su gran mayoría y por ello no nos es indiferente lo que Dios quiere y espera de nosotros como personas y como Nación.

 

4.      En la primera lectura que se nos proclamó, el autor inspirado nos presenta con el relato de la creación, de forma plástica y a simple vista ingenua, una honda y arraigada certeza de la revelación judeo-cristiana: la tierra (y todo lo que ella contiene) es un don de Dios para el hombre, que es llamado a “dominarla” y –de algún modo- “recrearla” constantemente.

 

5.      El Evangelio completa esta idea: la tierra, como todos los dones de Dios, son un desafío a nuestra libertad. Los talentos que recibimos del Señor no son para esconderlos o guardarlos mezquinamente sino para hacerlos producir de manera abundante.

 

6.      En pocas realidades se condensa tanto esta dinámica de don y libertad, propios de la creación, como en la patria. En efecto, es necesario descubrirla y vivirla como don y tarea, como regalo de Dios y construcción de los hombres.

 

7.      En este día en el que hacemos memoria del grito de libertad que dio origen a nuestra Nación, y la puso en camino hacia su destino independiente, es bueno avivar la conciencia de ser beneficiarios de un don y al mismo tiempo responsables de una tarea. La patria nos fue dada por Dios y por muchos; es un “talento” que estamos llamados a multiplicar, cada uno en la medida de sus posibilidades y responsabilidades.

 

8.      La mirada honesta y realista nos hace reconocer que hemos recibido una patria llena de posibilidades y de recursos, de promesas y de logros, de sueños y de ideales, pero también una patria cargada de frustraciones y desencuentros, de mezquindades y violencias. A pesar de ello, y haciéndonos cargo de nuestra historia, en un día como hoy es posible soñar con una Argentina de valores arraigados, de convicciones profundas, de compromisos perseverantes. La historia nos enseña que es posible y no mera utopía; los padres fundadores de la Nación nos señalan un camino.

 

9.      Para esto necesitamos volver nuestra mirada hacia ellos, para que su grito de libertad nos ayude y estimule a ser libres de verdad. Libres no tanto de yugos externos (aunque también de ellos) sino –fundamentalmente- libres de todo aquello que nos impide fructificar en  genuinos talentos: libres del individualismo y del “no te metás”; libres de la viveza criolla y la moral oportunista; libres de los fines alcanzados por cualquier medio, aún inmoral; libres de la compra y venta de ideales y convicciones; libres de la bravuconada, el patoterismo y la ley del más fuerte.

 

10.  Para estar a la altura del don recibido necesitamos volver a soñar con una Argentina de la ley y las instituciones respetadas por todos, ante todo por  los mismos gobernantes que son quienes tienen la mayor responsabilidad en este sentido; soñar con una Argentina de la honradez como estilo de vida, que constituye la auténtica grandeza de la república; con una Argentina del trabajo digno para todos, del bienestar austero y compartido, de la fiesta sobria y solidaria, de la que nadie queda excluido; soñar con una Argentina que vive “en las cosas” –según la célebre exhortación de Ortega- y que no se engaña con la ilusión que generan resultados macroeconómicos circunstancialmente favorables, pero que no son equitativamente disfrutados por todos, sobretodo por los más pobres y postergados; soñar con una Argentina madura, que sea construcción comunitaria, libre de mesianismos unipersonales, que atrofian las conciencias y bastardean la genuina democracia.

 

11. Es posible una Argentina así: seria, digna, honesta, laboriosa, justa, solidaria, pacífica, fraterna y acogedora. Así la soñaron nuestros mayores; así -en parte- la hemos recibido; así tenemos la grave responsabilidad de construirla juntos. ¡El Señor nos pedirá cuenta de los talentos que nos ha regalado!

 

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