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MENSAJE DE PASCUA 2006

"ÉL HA RESUCITADO"

 

Decíamos en el inicio de esta Cuaresma que teníamos que "vencer al mal haciendo el bien". Todo este combate espiritual fue una preparación para culminar en la Pascua de Resurrección. ¡Cristo ha resucitado! Está vivo, con su muerte ha vencido al pecado y a la misma muerte.

Este misterio es el más grande de todos los misterios. Hacia aquí converge todo, y desde aquí todo se ilumina. Pero es cierto que siempre puede haber dos respuestas: la aceptación, el seguimiento, la imitación y la coherencia de vida, y está la otra respuesta: la negación, la indiferencia, el rechazo, el olvido. Hay dos posibles respuestas nuestras, pero no hay dos respuestas de parte de Dios. Hay solo una. Y ésta es el misterio de la gracia, del amor que es entrega y sacrificio. Lo eterno se hace Palabra y esta Palabra, que se entrega por medio de su obediencia, nos lleva a la vida.

Hoy el mundo no tiene definición. Las personas y la sociedad están confusas, quebradas, a la deriva. El quebranto es muy grande a nivel individual y de las familias ni hablar, ya que estas están en medio de la tormenta. Por esta razón, celebrar la Pascua, la Fiesta de la victoria de Cristo, nos debe llevar a nosotros a la identidad, a la definición, a la concreción y a ordenar vida, costumbres, actitudes y posiciones. La cultura de la vida opuesta a la cultura de la muerte, (disolución, aborto, eutanasia, género, injusticia, corrupción, abandono de la cultura  del trabajo, etc.) deben ser para cada uno de nosotros una toma de posición.

El católico, por ende el cristiano, debe ser "luz del mundo" y "sal de la tierra". Si perdemos la luz, el sentido, el gusto y el sabor, serviremos para muy poco. En cambio si lo encontramos y lo comunicamos esto es señal de que la resurrección de Cristo también nos ha llegado a nosotros. Su vida debe incidir. Su fuerza debe transformar. Su gracia debe acrecentar su amistad para con Él y su cercanía debe ser garantía para que tratemos y amemos a los demás como hermanos nuestros que son, sin ningún tipo de discriminación.

Queridos fieles, les deseo la alegría de esta Pascua. Que el Señor Resucitado los colme con su amistad, y que llegue a transformar sus vidas y sus proyectos. Cuiden sus familias y vivan con esperanza: "¡Ánimo, ya llegó vuestra liberación!"; "¡Ánimo, no tengan miedo!"; "¡Yo he vencido al mundo!"; "¡Yo estoy con ustedes hasta el final de los tiempos!".

Les doy mi bendición de Padre y Pastor.
 

Mons. Rubén Oscar Frassia

Obispo de Avellaneda-Lanús

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