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Reflexiones del Obispo de Avellaneda-Lanús,
Monseñor Rubén Oscar Frassia

16 de Abril de  2006 - Domingo de Pascua 
 

COMPARTIENDO EL EVANGELIO
 

¡Verdaderamente Cristo ha resucitado!

¡El Señor ha resucitado!

¡Es cierto, es verdad, el que estaba muerto está vivo!

¡Felices Pascuas para todos!

¡Que Cristo esté presente en el corazón de ustedes, de sus familias, en la Iglesia, en nuestra sociedad!

¡Que podamos vivir rescatados, liberados, sanados, porque Cristo ha vencido al pecado y a la muerte!

¡Oh, muerte! ¿Dónde está tu victoria? Cristo, el Redentor, te ha vencido.


El texto evangélico de este domingo, día de la Resurrección, nos habla del misterio central de nuestra fe. Y así como la Navidad es el nacimiento del Verbo que se hace Hombre, que se encarna en el seno virginal de María, la Pascua es la culminación de esa Navidad. Así como en aquel entonces estaban los pañales en el pesebre, aquí está el sudario en los palos de la cruz.

Sin embargo, así como Cristo es fiel a la voluntad del Padre, cumple con su proyecto y cumple con su misión, nosotros tenemos que aprender de El a no improvisar, a perseverar, a cumplir con el proyecto y a poner en obras la misión.

Hay dos personas sorprendidas, además de María Magdalena y Pedro. Está el discípulo que Jesús amaba, Juan, quien encuentra las vendas y el sudario enrollado. En todo eso ve un signo: lo que antes estaba, ya no está. No lo ve a El, pero ve un signo. Y porque tiene fe se da cuenta que ese signo es suficiente para creer.

También está la incredulidad de Tomás (que vamos a comentar el próximo domingo) que quiere ver, tocar, poner sus dedos en las heridas del Señor. "Felices los que creen sin haber visto", le dirá Jesús.  Porque muchas veces ponemos excusas. ¿Cuáles? "¡Si yo hubiese vivido en la época de Jesús!" "¡Si yo fuera contemporáneo a El!" "¡Si yo lo hubiese escuchado!" "Yo me hubiese convertido".

Sin embargo, a mí me parece que no. Quien no cree ahora no habría creído antes. Porque hay ojos que son físicos y ven, pero hay un ojo que tiene que verse con la fe.

¡Y la fe es objetiva, no es subjetiva!

¡La fe acepta lo que es!

¡La fe no inventa lo que quiere inventar!

¡La fe no es un producto de nuestra subjetividad, o de nuestra necesidad! Como dirían algunos: "bueno, como no se animan a vivir sin Dios, inventan a un Dios para que de alguna forma puedan encontrar su tranquilidad y seguridad." ¡No, no! La fe es objetiva y es respuesta a un dato que recibimos de parte de Dios. La fe será sentimiento de aquel que habla y que uno lo escucha. Por lo tanto, tiene que haber signos.

Pero los signos siempre tienen que transportarnos a ese encuentro personal con El. Toda fuerza del apostolado, de la misión, de la fuerza apostólica en la Iglesia o en la diócesis, está supeditada a la fuerza del encuentro con el Jesucristo que está vivo, no que está muerto.

Cuando uno se ha encontrado con El, tiene fuerza, tiene entusiasmo, da testimonio, sabe hablar de El, dice lo que experimenta, lo que cree, lo que percibe, lo que siente, lo que ama.

Pidámosle al Señor vivir como resucitados. El resucitó y también nosotros vamos a resucitar. El es nuestra cabeza, nosotros somos los miembros. Por lo tanto vamos a vivir como El, vivir como resucitados. Esto es muy importante.

El cristiano tiene que mantenerse siempre fuerte y saber que las cosas pasan. La belleza se desvanece. La virtud puede cesar. La pasión puede ser cambiante. Pero Cristo permanece siempre. Y sólo hay que alcanzarlo.

Que la fuerza de la Pascua, el Cristo vivo, nos ayude a ser discípulos y misioneros de su Evangelio.

Felices Pascual para ustedes y sus familias, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
 

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