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Reflexiones del Obispo de Avellaneda-Lanús,
 Monseñor Rubén Oscar Frassia

- Domingo 28 de Mayo de  2006 -

Ascensión del Señor



Queridos hermanos, hoy es la Solemnidad de la Ascensión del Señor.

También celebramos la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. El Santo Padre, Benedicto XVI, emitió para esta ocasión un mensaje titulado “Los medios, red de comunicación, comunión y cooperación.”

Vamos a rezar y pedir especialmente por todos los comunicadores sociales a nivel mundial, a nivel de nuestro país, a nivel local y también por nuestra Comisión Diocesana de Medios –CODIMEC-; y por todos los que, de alguna forma, tienen la tarea de comunicar, de informar, para que nunca exista la manipulación en la transmisión de la verdad, del respeto hacia nuestras familias y hacia la cultura de nuestra nación.

El próximo sábado, 3 de junio, es la Vigilia de Pentecostés. Nos reuniremos con todos los jóvenes de las parroquias y vamos a esperar juntos la venida del Espíritu Santo.

Esta Fiesta de la Ascensión del Señor es muy importante porque es la culminación del Misterio de la Pascua. Después de cuarenta días en que Cristo fue crucificado, muerto, sepultado y resucitado, asciende al Padre para estar sentado a su derecha. Y con el Padre va a enviarnos al Espíritu Santo. También nos dice que Cristo, su doctrina y El, su persona, estará con nosotros hasta el final de los tiempos.

La Ascensión es como la culminación de la fuerza de la Pascua, el regreso glorioso al Padre. Y esa gloria que Dios tiene, nos la comunica y nos la participa. El Cristo resucitado nos hace vivir como resucitados. El Cristo glorioso nos comunica su gloria, su amor, su divinidad. Y sobre todo su victoria. Por eso, la fuerza del Resucitado hace nuevas todas las cosas. Nos acompaña y nos ayuda a vivir como resucitados.

En esta Fiesta de la Ascensión, Él se va y nos deja un mandato. ¿Cuál es el mandato? “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Noticia a toda la creación.” ¿Qué significa esto? Que tenemos que ser misioneros y cumplir con la misión que nos dio. Tengo  que salir y llevar este anuncio, esta fuerza, esta palabra –que no es mía, sino de Dios- a los demás. Tengo que testimoniarla hasta, si fuera necesario, dar la vida.

Aunque la hagan estar en la clandestinidad, la Iglesia tiene que explicar y llevar este anuncio y la Iglesia nunca podrá ser amordazada ni callada. La fuerza de cada uno de nosotros, los bautizados, tiene que ser testigo y testimonio.

Un cristiano en los medios de comunicación, tiene que testimoniar aquello que es la Verdad. Igualmente los profesionales con respecto a la cultura y a la ética; con respecto a la medicina y a las leyes. También con respecto al Gobierno y la representatividad. Así mismo los docentes, los maestros. Cada uno tiene que ir ejerciendo en esta tierra, aquí y ahora, estas responsabilidades.

Saber que vamos a ir al cielo no nos excusa de cruzarnos de brazos y no hacer nada. ¡Al contrario! Porque quiero ir al cielo, lo tengo que amasar aquí en la tierra. Dando testimonio, siendo signo y entrega de lo que creo. No podemos permitir que algunos pretendan que la Iglesia sea reducida a un ámbito privado, a un ámbito de sacristía. Como el Señor es Señor de la Historia y de la Vida, la fe tiene que incidir en todos los ámbitos.

En la ética, tiene que incidir. No discriminamos a nadie, pero el matrimonio es entre un hombre y una mujer. Lo siento mucho, pero no es entre dos personas del mismo sexo o del mismo género. Lo siento muchísimo. ¿Qué existe? Sí, pero la Iglesia va a decir aquello que cree.

Algunos dicen “la Iglesia no puede hablar de derecho natural, porque el derecho natural no existe; existe el derecho positivo.” Lo siento, pero también es importante hablar del derecho natural porque es anterior al Estado, es lo más importante y nadie lo puede regular.

Es importante pensar. Hay que pensar, ¿filosofía?, ¿metafísica? Sí es importante pensar porque algunos pretenden que no pensemos para que, en el fondo, uno sea reducido y amordazado en su boca.

Pidamos al Señor que esta Fiesta nos dé el convencimiento de la victoria de Cristo y que tengamos la fuerza de la convicción en el cumplimiento de nuestra misión personal, familiar, social y eclesial.

Que Dios los bendiga.

 

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