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Homilía Mons. Frassia en el 10º Aniversario del
P. Pizzariello


Queridos hermanos:

Para mí es un motivo muy fuerte, emocionante, por distintas razones que brevemente voy a enumerar. En primer lugar, me han invitado porque soy Obispo miembro de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones, y es un honor honrar la memoria del P. Marcos Pizzariello que tanto tuvo que ver, como pionero y también con el esfuerzo de su trabajo, su tesón, a través de la radio y la televisión.

En segundo lugar, quiero compartir con ustedes que, desde chico, cuando lo escuchaba, lo buscaba porque admiraba en él su sencillez, las pocas palabras, pero la profundidad  en los contenidos, en los mensajes y en la enseñanza. Este hombre  no perdía el tiempo; decía lo que tenía que decir y estaba convencido. Yo chico trataba de "pescarlo" porque me hacía bien al alma.

En tercer lugar, y con vergüenza lo digo, es la primera vez que vengo a celebrar aquí, a esta Iglesia Regina Martyrum, como Obispo, porque mi familia vive a cinco cuadras de aquí y cuando era chico venía siempre a Misa. Después iba al colegio secundario, el San Martín. Venía, hablaba con
0el Padre Vignolis, me confesaba, y "volando" iba al colegio para no llegar tarde. Estaba muy cerca de los Jesuitas, del P. Vignolis -que creo que falleció en el confesionario- del P. Vicente Ramos y tantos otros.

Estas tres cosas para mí son muy fuertes en esta celebración.

Pero lo que nosotros tenemos que acentuar es que para comunicar, para anunciar, para llevar la Palabra de Dios, la doctrina y la ética en el comportamiento humano, hay que estar convencido. Quien está convencido, sirve para esta misión. Quien no está convencido, va a perder el tiempo en
0esta misión.

Creo que el mundo necesita de personas convencidas, que no pongan el acento en la elocuencia de las palabras, sino en la profundidad del convencimiento, de la fe y de que el Señor obra y está presente.

La Iglesia necesita de nosotros. La Iglesia necesitó del Padre Pizzariello para que, a través de sus años, de la perseverancia y, ni siquiera puedo imaginar, todas las dificultades que tuvo que atravesar para poder perseverar en los medios. Y sin embargo, las cosas queridas, bien dichas y comunicadas, llegan a nuestros hermanos.

Muchos de ustedes, que por distintos motivos también están atraídos, estimulados y comprometidos en los medios, es fundamental pedirle hoy a Dios la convicción. Y cuando uno está convencido de la Palabra de Dios y de su fuerza, se hace testigo del Verbo en medio de nuestros hermanos.

Hay algo que también nos llama de los medios: nos muestran una cierta universalidad, una cierta catolicidad. El mensaje es para todos. El mensaje es local pero también es para los demás. Para todos aquellos que pueden escuchar y que nosotros no nos daremos cuenta jamás de quien escucha.

Pero la fuerza del mensaje tiene una comunicación extraordinaria y nosotros tenemos que tener esa capacidad para trabajar con responsabilidad, con convencimiento, creativamente y, sobre todo, superar una dificultad. Esa dificultad puede ser, a veces, un egoísmo. A veces, las particularidades, los protagonismos.  A veces, las presencias personales.

Queridos hermanos, tenemos que decir como San Pablo "¡ay de mí si no evangelizara!" Pobre de mí si no anunciara el Evangelio; sería el hombre o la mujer más infeliz si esto que creo no lo doy a conocer, a comunicar. El Padre Pizzariello, convencido de Jesucristo, decía "creo en Jesucristo y ha venido para que el Señor salve -en el lenguaje de aquella época- las almas, la vida de las personas."

¡Pobre mundo!

¡Pobre Iglesia!

¡Cuántas carencias está teniendo!

¡Necesitamos tener la fuerza del Espíritu!

¡Necesitamos el coraje de aquellos que están convencidos y que nada ni nadie los va a hacer callar!

¡Necesitamos gritar el Evangelio desde los pecados, desde las leyes, desde los medios, desde la familia personalmente!

Hoy le pedimos al Señor para que este ejemplo del Padre Marcos Pizzariello, también nos ayude, no a apropiarnos pero si a tomar la antorcha; y que esta antorcha siga iluminando, dé calor y dé sentido a tantos hermanos y a tantos pueblos que quizás andan en oscuridad. Se necesita la luz para iluminar.

Que Dios nos ilumine y que nunca nos cansemos de anunciar gratuitamente, porque lo hemos recibido y si lo recibimos gratuitamente, con alegría con generosidad y con apertura tenemos que compartirlo con todos los demás.

Que el Padre Pizzariello, siga viendo la Gloria de Dios y que nosotros amasemos acá lo que vamos a vivir allá.

Que seamos buenos comunicadores del Evangelio.

Que así sea.

Mons. Rubén O. Frassia

Obispo de Avellaneda-Lanús

 

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