Oficina de Prensa

prensa@cea.org.ar

Todas las Noticias

HOME PRENSA

HOME CEA

La voz de los pastores

Documentos

Agenda CEA

Otras oficinas de Prensa

Vínculos

Contacto

 

Pentecostés: desafío de identidad cristiana

- 4 de junio de 2006 -

 

En el calendario litúrgico leemos, “hoy concluye el tiempo pascual”. Esta afirmación es un elemento más para confundir Festividades  con Celebraciones. A  nivel de festividad la conmemoración pascual finaliza con la festividad de Pentecostés. Sin embargo a nivel de “celebración” es la vivencia pascual ofrecida  a la humanidad.

          Precisamente, en la Festividad de Pentecostés anual, celebramos el inicio de la Iglesia entendida como el Nuevo Pueblo de Dios en cuanto  comunidad creyente  en Jesús muerto y resucitado, integrada por los seguidores del Judío condenado por los hombres,  exaltado con nueva vida por el Padre-Dios mediante el Espíritu Dios. Y así creer en el crucificado-resucitado es iniciar un proceso de transformación de sus existencias personales animadas por el mismísimo Espíritu Santo que resucitó a Jesús. Un proceso de pasar de un mundo de pecado a un mundo de gracia. Un proceso de ser esclavos del Maligno a ser  hijos de Dios en  verdadera adopción. Un proceso de un vivir como persona aislada en soledad existencial a una  transformación antropológica de lograrse como persona comunitaria. Un proceso de corazones cerrados buscando su propio interés a corazones unidos en solidaridad creativa por  efusión y vivencia del Espíritu de adopción divina para  gozar la ternura de un mismo Padre-Dios.

 Pentecostés es efusión del Espíritu Santo a los creyentes en Jesús Resucitado y entrar en un largo  proceso de formación de lo que hoy llamamos Iglesia. Entonces la Iglesia no antecede a la FE en Jesús. Es el proceso de Fe en Jesús y su Evangelio que emprende un grupo humano como una aventura de una nueva vida.

Pentecostés es un desafío a   la  identidad de Fe cristiana y sacude el ritualismo de los bautizados. Jesús no dejó ninguna organización de Iglesia. Eligió entre sus seguidores a algunos como los principales servidores del grupo de  testigos de sus dichos y hechos, testigos que El es Enviado del Padre- Dios para la salvación del género humano. Sí, les ordenó que esa tarea no la emprendieran sin antes reunirse para esperar al Espíritu Santo que El, junto a su Padre Celestial les enviaría “para que les recordara lo que les había enseñado y les iría enseñando lo que debían ir haciendo”.  Así lo hicieron y aconteció lo que hoy llamamos Pentecostés: Pedro en nombre propio y de todos los creyentes en Jesús muerto y resucitado - motivados y animados  por el Espíritu Santo – comenzó a proclamar la gran noticia: Jesús el nazareno crucificado, Dios lo resucitó… Los que escucharon semejante anuncio algunos creyeron y de inmediato preguntaron “¿qué tenemos que  hacer?”… Los apóstoles los invitaron a reunirse para escuchar lo que Jesús les había enseñado sobre  Dios y su proyecto para la humanidad: Dios es Amor, un Padre lleno de ternura para con cada persona que viene a este mundo y con la pretensión de que   la humanidad entera viva en fraterna igualdad de familia. Y de inmediato el grupo de los primeros oyentes se lanzaron a vivir esa pretensión divina creyendo  cuanto iban escuchando y poniendo en práctica cuanto Jesús había ordenado  practicar en actitud orante para con Dios y en  mutuas relaciones fraternas en convivencia ciudadana. Lucas, uno de los primeros creyentes en la enseñanza apostólica, sintetiza este proceso de cambio de hombres y mujeres movilizados por el Espíritu Santo en un escrito llamado “Hechos de los Apóstoles” en donde encontramos el paradigma de la Iglesia que Jesús ha pretendido. Por eso, la festividad de Pentecostés  urge a todos los miembros de Iglesia  a preguntarnos qué tenemos que hacer, aquí y ahora, para vivir con fidelidad la pretensión de Jesús. Urge vivir la vida cristiana animada por el Espíritu,  en comunidad fraterna-testigo de Dios-Amor. Urge  renovar por el Espíritu estructuras eclesiásticas para  anunciar el Evangelio en lenguaje actual. Porque pertenecer a la Iglesia -signo del Reino anunciado por Jesús, es entrar en un  proceso de cambio dinamizado por el Espíritu Santo.
 

*Datos Bíblicos: Hch.2, 1-11;  2, 42;    Jn.15, 26-27;  16, 12-15  
 

Miguel Esteban Hesayne

Obispo
 

 

          Si desea recibir nuestro servicio de noticias, envíenos un mail a :

prensa@cea.org.ar