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Homilía de Mons. Miguel Esteban Hesayne,
Obispo Emérito de Viedma

18-06-06

LA FIESTA DEL CORPUS Y LA GLOBALIZACIÓN

 

Los Sacramentos de la Iglesia son signos… significan… A través de cosas materiales nos llevan a percibir realidades existentes pero que no se perciben naturalmente. Se requiere FE para captar esa realidad significada. La Fe en el poder de Dios para trasmitirnos tal o tal realidad a través de tal o tal signo. La Fe que Jesús en sus correrías palestinas exigía a quiénes le pedían alguna sanación de alguna enfermedad. Fe en El que era un hombre más entre sus contemporáneos. Fe que a través de su palabra o gesto intervenía el mismo Dios para curar milagrosamente.

Esta Fe es la que se requiere para celebrar la llamada Fiesta de “Corpus” con su tradicional Procesión. Se inició en épocas en la que algunos cristianos negaban la presencia real de Jesús en las Hostias consagradas que se reservaban para enfermos o impedidos de ir al Templo o en los Sagrarios para su debida y provechosa adoración.

Hoy, que la pérdida de la Fe Cristiana va más allá, a tal punto que incluso para la mayoría de los bautizados en la Iglesia Católica poco o nada les significa la Eucaristía (Misa) y si asisten no la proyectan a la existencia cotidiana, la Fiesta de Corpus ha de ser una oportunidad para anunciar la profunda significación de la Eucaristía para con la existencia de la humanidad entera. Instalada como está la <palabrita> globalización se impone hablar de la repercusión globalizante de lo que acontece en cada Misa.- Por eso, el Concilio Vaticano II, cuyo objetivo fue la renovación, de la Iglesia Universal destacó a la Eucaristía como Centro y Cumbre de la Vida Cristiana.

No hay Iglesia sin Eucaristía porque no hay Vida Cristiana sin Eucaristía Pero, seamos claro: hay auténtica Iglesia de Jesús donde la Comunidad Cristiana hace presente a Jesús para hacer presente lo que dijo e hizo Jesús. Y no hay Iglesia de Jesús allí donde eso falla, por la razón que sea. Por eso, en la Plegaria Eucarística se dice antes de la Consagración del Pan y el Vino: Jesús nos reúne para hacer lo que Jesús hizo en la última Cena…Y la mayoría de los asistentes se quedan en silencio piadoso escuchando las palabras que se pronuncian en nombre de Jesús. Se adora a Jesús misteriosamente presente en el Altar y el grupo con más Fe en su presencia real lo recibe en el rito de la Comunión. Y la inmensa mayoría de los comulgantes concluida la ceremonia ritual sale religiosamente satisfecha sin otra preocupación que la de sus propios compromisos. La FE de esos comulgantes no llegó a la hondura existencial de lo que le está significando la comunión en relación con la intención de Jesús muerto y resucitado Cada Misa compromete a cada comulgante desde lo profundo de su corazón con el Mundo entero que es la preocupación de Jesús. Jesús lo advirtió cuando afirmó que era el Pan de la Vida para el Mundo Esto significa que los concurrentes a Misa han de salir con la misma preocupación de Jesús si es que pretenden comulgar con Jesús. Por eso, en concreto, el test infalible de haber comulgado bien en la Misa es comprobar si se va amando más y más a hombres y mujeres que se va encontrando y con preferencia a los que más sufren, los más necesitados y excluidos. Esta preferencia la estableció en forma explícita e inequívoca el mismo Jesús, desde el momento, que se identificó preferentemente con ellos.(Mt.25,31)- Es que lo determinante en todo el Evangelio es el comportamiento del hombre con el hombre. No es cuestión de ser piadoso en Misa y desentenderse de los millones que mueren a causa del hambre en este momento que se produce el diez por ciento más de los alimentos que se necesitan para dar de comer sobradamente a todos los habitantes del planeta? Lo más negativo para la situación global de los pobres es pensar que a “otros” les compete la solución y no principalmente a quién participa de la Eucaristía. En próximas homilías desarrollaré el compromiso eucarístico para alcanzar la globalización, en clave cristiana, en cumplimiento del proyecto del Papito-Dios al enviar a su Hijo al mundo.

 

Miguel Esteban Hesayne
Obispo
 

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