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Homilía de Mons. Miguel E. Hesayne,
Obispo Emérito de Viedma

13-08-06

DÍA DEL NIÑO Y LA CULTURA DE LA MUERTE


No nos engañemos. La sociedad argentina como tal ya no es cristiana. La vida de la mayoría de los bautizados está minada por la cultura del bienestar de unos pocos. Prueba de ello, es la magra canasta familiar para una mayoría y la sobreabundancia de la de unos pocos. La mayoría queda lejos de la mínima popular oficial ($ 800) mientras la canasta de una minoría ejecutiva asciende a $ 10.000… Y la cultura del bienestar así entendida es la cultura de la muerte para la mayoría sumida en la miseria, que sigue esperando la justicia social más declamada que realizada. Y a este desprecio por la vida humana, se suma un genocidio infantil en puertas… Digamos las cosas por su nombre. Se pretende lograr la “despenalización del aborto” en campaña hipócrita y desleal.

Hipócrita, porque se enarbola la bandera de la Democracia y hasta los “Derechos Humanos”, usando eufemismos como la “suspensión del embarazo” o reducción al derecho de la madre o del padre… Desleal, porque, con hábil estrategia, a favor del aborto se mueven sectores del actual Gobierno; Gobierno que, por otra parte, reafirma la promoción y defensa irrestricta de los Derechos Humanos… El tema del aborto no es originalmente tema religioso. Fundamentalmente, es antropológico. Por eso, interesa a la Iglesia como todo lo que se refiera al bien integral del Hombre. La prohibición legal de abortar está fundada en defender el derecho a la vida como el primer Derecho Humano. Por eso, la ONU en su Proclamación de los Derechos del Hombre (1948) declara: “TODO INDIVIDUO TIENE DERECHO A LA VIDA, A LA LIBERTAD Y A LA SEGURIDAD DE SU PERSONA” (Art. 3)

En consecuencia “el respeto a la vida humana” se impone desde que comienza el proceso embrionario de una determinada vida humana. Desde el momento en que se dé la fecundación del óvulo, se inicia una vida humana que no es ni del padre ni de la madre, sino de un nuevo ser humano que se desarrolla por si mismo. Por lo demás, nunca llegaría a ser humano, si no lo fuese ya desde aquel momento.

Por otra parte, desde la más elemental ética, aunque hubiera alguien que tuviese alguna duda sobre la cuestión de la concepción humana desde el principio, sería igual objetivamente un acto criminal atreverse a afrontar el riesgo de un homicidio, porque es ya un hombre aquél que está en camino de serlo” (Obispos-Río Negro 31-V-06). Legalizar el aborto es legalizar matar la vida del feto-vida humana- para salvar la vida de la madre. Es legalizar un crimen. Es un volver al principio del “Fin Justifica los Medios” que nos llevó al Terrorismo de Estado. Desde el Estado Terrorista se pretendió justificar salvar al País con torturas y muertes. La vida humana es un absoluto que bajo ningún motivo se puede mediatizar. Es preocupante que, muchos profesionales, dirigentes políticos o gubernamentales, sigan cayendo en la trampa del nefasto principio que sustentó el Terrorismo de Estado con la trágica consecuencia del genocidio argentino. Con la despenalización del aborto se abre la era del genocidio con guardapolvos blancos y quirófanos esterilizados para nuestra Argentina que, en vez, está necesitando nuevas generaciones educadas y vigorosas que construyan la Nación que soñaron los Padres de la Patria. Por eso, somos muchos los que aspiramos a que nuestros Legisladores no ocupen el tiempo en leyes para matar legalmente (aborto) sino como bajar los progresos de la macro-economía a la micro-economía familiar. Y entonces, con canasta familiar digna, las mamás y los papás no sufrirán la angustia de sus hijos desnutridos y mendigos. Gozarán la vida alegre de sus niños y niñas lejos de la cultura de la muerte. Los que queremos ser cristianos, de verdad, en la Argentina de hoy, hemos de re-tomar la conciencia de Pueblo de Dios con misión de fomentar una convivencia justa-solidaria- de suerte que lleguemos a que el argentino que tiene más comparta, en honesta y equitativa fraternidad, con el que tiene menos. Es la meta de Jesús para sus seguidores: “Sean generosos como su PADRE es generoso” (Lc. 6, 36).

Miguel Esteban Hesayne
Obispo
 

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