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Homilía de Mons. Miguel E. Hesayne

EL DESAFÍO DE LOS “POBRES” A LOS CATÓLICOS

- 27.08.06 -


¿Por qué después de 2000 años es tan inoperante el anuncio de Jesús y su Evangelio? ¿Por qué no arrebata el entusiasmo de la juventud de suerte que ponga su vigor en la construcción de un Mundo Nuevo? ¿Por qué el entusiasmo juvenil que aparece como fuegos artificiales en el Mundial de Fútbol, en recitales de rock y también, en los grandes eventos religiosos, no logra el Mundo Nuevo que ansía?

Porque el Mundo Nuevo, al estar por las noticias de todos los días, queda en un iluso slogan. Es un hecho que si bien se ha progresado en forma admirable en un sentido (en la técnica por caso) en otro aspecto se vive una deshumanización atroz (injusticias-guerras- hambrunas –inseguridad).

Ante esta realidad hay dos visiones que llevan a dos posiciones alienantes, las dos: la de muchos católicos -generalmente muy piadosos- que se consuelan pensando y enseñando que el Mundo Nuevo queda para la Vida Eterna… para el “más allá” y los pragmáticos materialistas que piensan que la vida es de cada uno, en forma tan individual, que cada uno construye su mundo propio, que se cierra en esta historia y como todo termina con la muerte de cada uno y cada uno ha de vivir en la competitividad feroz del “sálvese quién pueda”…

Frente a estas dos posiciones, la Fe en Jesucristo y su Evangelio es sumamente realista, esperanzadora y solidaria. El “más allá” se construye desde el “mas acá” con las luces y energías de Jesucristo y su Evangelio, en una larga y ardua tarea existencial personal y comunitaria.

Ante una realidad agónica de la época actual, se necesita una visión razonablemente esperanzadora, que ofrezca un gran deseo de un sentido de la vida humana en un bienestar real, alcanzable en un “ya” existencial actual.

Lo cual significa que jamás podemos hablar de Dios, ni siquiera pensar en Dios, sino hablamos y pensamos para dar un sentido real a la tarea de cada día, dando respuesta a las cuestiones más determinantes que los hombres y mujeres, de este mundo concreto, se ven obligados a afrontar todos los días.

Ante todo: vivir. Y vivir dignamente. Luego, no vivir encadenados o aplastados, o sea vivir libremente y en fin, vivir con esperanza ante el futuro, con ilusión, con la mirada puesta en algo mejor cubriendo las necesidades básicas para vivir feliz.

Si anunciamos a un Dios-Padre de todos, como lo es el Dios de Jesús, lo hemos de anunciar en la dirección pastoral que tomó Jesús: desde los pobres a todos. Porque nunca podremos olvidar que Dios en Jesucristo se ha revelado el Dios de la Vida, el Dios de la Libertad, el Dios de la Esperanza, que siempre promete un futuro mejor. Por eso, Jesús-Palabra histórica de Dios, anuncia el reinado de Dios desde los pobres, los débiles y excluidos. Ellos son los que tienen que soportar la vida más precaria, los que ven cada día su libertad más recortada, los que tienen el futuro más preocupante. Por eso, son los que ven la vida, la libertad, y la esperanza desde planteamientos básicos, necesarios y urgentes. Es la vida, la libertad y la esperanza que falta al pueblo querido por el Dios de Jesús. Y Dios por medio de la historia concreta de la vida, la libertad y la esperanza de un hombre, Jesús de Nazaret, nos señala el Camino para que todos los hombres y mujeres de este mundo y desde este mundo vayan alcanzando las aspiraciones más profundas de cada ser humano.-Aspiraciones que se inician en la historia y se plenifican en la Vida Eterna.-La Vida del Cielo se conquista en la vida de la tierra…

En consecuencia, si intentamos una Iglesia Católica que responda al desafío de nuevas generaciones buscando un Mundo Nuevo, se ha de repensar la vida católica desde los pobres a todos. Porque, hasta tanto los pobres (excluidos) no sean los protagonistas de la Iglesia buscando Vida-Libertad-Esperanza, la Iglesia-Comunidad no será coherente con la Revelación que Dios ha hecho en Jesús de Nazaret.
 

Miguel Esteban Hesayne
Obispo
 

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