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Homilía de Mons. Miguel Esteban Hesayne,
Obispo Emérito de Viedma

- Domingo 17.09.06 -

 

La Iglesia de Jesús es
la que se juega por la vida humana

 

Es un hecho que la sociedad argentina es una sociedad silenciosamente suicida. Porque no se organiza a favor de la vida, porque no protege, seriamente la vida, porque no promueve, eficazmente, la vida. Para una mayoría de ciudadanas y ciudadanos la injusticia social que mata, la droga que mata, el aborto que mata, es un problema lejano a su preocupación personal, inmediata y urgente. Es tema de noticieros más o menos sensacionalistas o discusiones a nivel profesional o charlas informales.  Sin embargo, es un problema acuciante. Se mata, silenciosamente, en mayor número e impunidad que las muertes registradas y publicitadas a causa de la inseguridad o de las muertes que se denuncian causadas por el terrorismo de Estado de época reciente o la Guerrilla cruel.

            ¿Qué está pasando en la Argentina de hoy? Hemos sido una Nación que volaba muy alto y a todo nivel. Sin embargo hemos entrado en picada, a tal punto que lo que a principio de siglo pasado, eran signos de sociedades  subdesarrolladas,  hoy, acontece en nuestro rico país. Numerosas familias siguen comiendo de los tachos de basura y mujeres barriendo las calles transitadas por lujosos automóviles.  Porque no hubo amor a la vida, hubo torturados y desaparecidos; porque no hay amor a la vida, crece una generación físicamente endémica y mentalmente enfermiza, por falta de alimento; porque no hay dinero para pan, se lo ofrece para vender droga;  los hospitales públicos  se han transformado de casa de salud para el pueblo,  en antesala de muerte de inocentes (aborto); no hay presupuesto para medicamentos para los enfermos carenciados y lo hay, fácilmente, para matar la vida interrumpiéndola en pleno proceso.

Y al  Nuevo Pueblo de Dios - que es lo que llamamos Iglesia- Comunidad de los creyentes en Jesús muerto y resucitado- le concierne esta situación de la Argentina de hoy. Es un Pueblo, la Iglesia, convocado por el Dios de Jesús que,  por ser lo que es ¡¡¡Amor!!!, se siente infinitamente ofendido cuando se maltrata, tanto más cuando se mata, la vida humana. Cuando se tortura  a una persona, Dios se “siente” torturado… Cuando se mata a un ser humano, Dios “se siente”  hondamente ofendido.  Rompe su silencio y busca al asesino. No para vengarse… Es Amor y lo busca para que reconozca de alguna manera la vida. Y así clama a Caín ¿dónde está tu hermano? Y ante el temor de Caín de que lo maten, Dios le promete la defensa de su propia vida. Y al fin, para terminar con la muerte de la vida humana, envía a su propio Hijo que nacido de mujer, María de Nazaret, muere en la Cruz para matar de una vez para siempre la muerte humana. Es la victoria sobre la misma muerte que ofrece la Fe Cristiana.

Por lo tanto, para el Pueblo –Iglesia- que nace de Dios-Amor-para-el-hombre- su primera y central preocupación ha de ser que todo ser humano posea todo lo que le fuere necesario para desarrollarse como persona humana. "Nuestro antropocentrismo es teocéntrico”[1].  Amamos la vida humana porque amamos al Dios de Jesús tal cual se muestra en el Nuevo Testamento, particularmente, en los criterios y actitudes de Jesús.

El olvido o la tergiversación sobre el amor a la vida humana, en la espiritualidad cristiana, ha traído un envenenamiento de la idea de Dios, de la religión, del valor de lo humano. Hay quienes,  pretendiendo defender la “ortodoxia católica”, todavía, afirman: Jesús “no ha venido a salvar a gente de la pobreza, sino del pecado”. Esta obcecación teológica, la estamos pagando muy caro. La Iglesia pierde fuerza evangelizadora si no defiende la vida humana atacada. Olvidarse de los pobres excluidos es el gran pecado porque se niega -de hecho- al Dios de la Fe Cristiana. Por eso, la única recomendación que recibe S.Pablo en el  chequeo de su ortodoxia es que no deje de cuidar a los pobres[2]. Solamente asumiendo la opción por los pobres y de quienes más sufren en esta vida, se muestra -con hechos- el valor de la vida humana y el amor a Dios.  “Quien dice que ama a Dios y no ama al prójimo, miente[3] afirma S.Juan anunciando a Dios-Amor, que conoció de los mismísimos labios de su Maestro Jesús.

 

Miguel Esteban Hesayne

Obispo


[1] Paulo VI-Discurso Clausura C.V-II

[2] Gálatas 2, 10

[3] 1 Juan 4, 20

 

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