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Homilía de Mons. Miguel Esteban Hesayne,
 Obispo Emérito de Viedma

Domingo 15.10.06
 

¿Cuál es la Iglesia que sirve?

 

Puede ser que, tras las sucesivas homilías de este año, se haya perdido el objetivo central que se ha buscado: lograr una Iglesia centrada en su misión de anunciar la “buena noticia” del Reinado de Dios en la Sociedad humana. No para someterla sino para liberarla. Porque cada bautizado, desde su propio rol  en la sociedad a la que pertenece, está llamado a expresar el proyecto de humanidad que lo haga feliz y coopere a la felicidad de los demás, entre quiénes  vive su vida ciudadana y de FE cristiana.

            Por eso, una y otra vez,  he repetido que Jesús es el Señor de la Iglesia y de la Historia; que  el desafío cristiano es ofrecer a la sociedad la “buena noticia” de una convivencia social-política equitativamente justa y fraterna. Porque  en el centro de la Fe cristiana encontramos el compromiso primordial de allanar todos los caminos posibles para erradicar la pobreza-miseria, la marginación, la exclusión. Es un axioma cristiano que el problema material del otro es un problema espiritual  para el creyente en Jesús, muerto y resucitado. Este axioma, se ha perdido en diversas corrientes de espiritualidades que han venido surgiendo en la historia de la Iglesia. Algunas perduran, vigorosamente vigentes,  en el hoy de la Iglesia, no obstante las varias décadas del Vaticano II que denunció el radical pecado de la separación de FE y Vida.

            Es preciso insistir que la Fe Cristiana es un poner al creyente en relación personal con Jesús y no un cúmulo de verdades presentadas en un conocimiento abstracto y meramente nocional. La “buena nueva” de la FE es una “nueva realidad

            Para la revelación bíblica, tener fe, es no sólo encontrarse con Jesús en un “rato de oración” sino además adherirse a El, es vincular la propia existencia a la suya,  asumir sus criterios, actitudes y destino. “La Fe es comunidad de vida y destino con Aquel que ha aceptado al creyente y al que, a su vez, el creyente ha recibido en la Fe. Se va en pos de Él y se está allí donde está Él[1] No es el encuentro con “algo”, sino  el encuentro con “alguien”. (Jn.12, 25 s. / 10,4s 27/ 21,19-24 entre otros muchos pasajes.)

            Para lograr una estructura personal de la Fe cristiana, hemos de disipar no pocos errores y revisar, aún, cierta catequesis meramente nocional que presenta la Fe Cristiana equivalente a “doctrina” o “normas morales”. Para esto, se ha de esclarecer que el verbo “conocer” en la cultura actual equivale a “saber” y en la Biblia: el “conocimiento” equivale a comunión de vida y destino entre el creyente y Jesús.

            A la hora, entonces, de analizar lo qué significa y exige la Fe Cristiana en nuestra sociedad humana, la Iglesia- Comunidad de creyentes en Jesús, muerto y resucitado- ha de evaluar también la organización de la transmisión de la Fe. Es decir, la estructura eclesiástica, que se va dando en las diversas épocas. En grandes concurrencias de fieles no es posible confrontarse personalmente y menos aún percibir la resonancia de adhesión a Jesús  en la vivencia de la situación- social política en la que debe finalizar la Fe cristiana orientando y animando a la Sociedad. Por eso, siguiendo los documentos oficiales sobre la “nueva evangelización” concluye  Juan Pablo II que se ha promover “nuevas expresiones” de la Fe…nuevas estructuras eclesiásticas para que  la Fe en Jesús a través de su  Evangelio anime y oriente  a la ciudadanía. Las estructuras parroquiales actuales encerradas en ceremonias religiosas a tal punto que  la misma Eucaristía “centro y cumbre de vida”, difícilmente finaliza en la comunión de la vida social-política. “Hay que volver a las fuentes”, fue el reclamo de Juan XXIII que logró el Concilio Vat.II- La versión actual de este clamor es la Comunidad Eclesial de Base, estructura que posibilita que la Fe Cristiana anime, oriente  a la ciudadanía escuchando la Palabra de Dios, celebrando los Sacramentos, compartiendo la vida  personal, social y política del momento actual. La Iglesia así no cae en la tentación de transformarse en factor de poder y cumple su misión de luz, sal y levadura de la sociedad a la cual debe servir. Solamente así surge la Iglesia como signo e instrumento del Reino y la evangelización se realiza desde los pobres a todos. De lo contrario, se seguirá con la ambigüedad de la misión de la Iglesia de Jesús.

 

Miguel Esteban Hesayne

Obispo


 

[1] Cfr,”La Fe según la Sagrada Escritura” de J.Pfammatter en Mist. Sal. 1/2.

 

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