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TESTIMONIO-SEMINARIO INTERNACIONAL-SOLIDARIDAD.

 Acepté la honrosa invitación de los organizadores de este S. I.S. por la misma razón que  en décadas anteriores he denunciado la fragrante violación de los Derechos del Hombre.

            Es decir, porque creo en el Dios de Jesucristo, el Dios de la Vida, el Dios solidario  con la vida digna  de todo ser humano

Soy discípulo de Jesucristo , Señor de la Historia Humana, quién en todo instante de su vida histórica, mostró que para Dios lo que cuenta es el Hombre y que la gloria de Dios consiste en  que todo ser humano viva en dignidad.

            En razón de la brevedad, me voy a centrar en unas pocas líneas del Evangelio de Jesús que sintetiza admirablemente el tema de la solidaridad en el marco de la vigencia siempre actual de los Derechos Humanos. Es la parábola del Samaritano. Hay que advertir que los Samaritanos y los Judíos en tiempo de Jesús eran dos pueblos irreconciliablemente enemigos. En esta parábola Jesús comenta que un judío asaltado en el camino yace mal herido en la cuneta. Pasa un Levita –representante de la Ley y a pesar de ver a su compatriota tirado en la cuneta. sigue su camino. Luego un sacerdote-representante del Culto y sigue de largo a cumplir su sagrada función…Pasa un Samaritano y al observar al judío herido, de inmediato se detiene, baja de su cabalgadura y sube en su propia montura a su enemigo para llevarlo a la posada más próxima. Allí  lo encomienda al posadero con la recomendación que termine su curación corriendo con todos los gastos. Con esta lección, Jesús ha dejado estampado que  no se puede  pretender ser su discípulo- hoy decimos cristiano- si no se es solidario con el otro ser humano  cuya vida personal esté  amenazada, o deteriorada. Y por eso remata su enseñanza transgrediendo la ley curando en sábado y afirmando que la ley para el hombre y no el hombre para la ley Así, la solidaridad, en clave cristiana, tiene como fundamento la premisa básica de la Declaración “Universal de los Derechos Humanos” al afirmar  en el primer párrafo del  prólogo que  “el reconocimiento de la dignidad innata de todos los miembros de la familia humana, así como la igualdad e inalienabilidad de sus derechos es el fundamento de la libertad, de la justicia y de la paz en el mundo”

Es que, la  vida humana tiene  valor  absoluto. Es el primer  y fundamental derecho humano en torno al cual como en racimo se agrupan todos los demás derechos de la persona humana. Por la misma razón, tales derechos se refieren a todas las fases de la existencia y en cualquier contexto polìtico,social, económico, cultural, religioso.De ahí, la primera instancia de la solidaridad, es la defensa y  promoción de la vida humana desde  su concepción en el seno materno hasta su desaparición natural  con la muerte. Jamás se  puede mediatizar  a la persona humana por un supuesto bien superior.

POR ESTA RAZÓN y fortalecido por la Fe Cristiana que ve en cada persona reconoce  a alguien sagrado- templo vivo de Dios,  cuando de labios de altos jefes militares escuché que la tortura era el único medio para extirpar la violencia guerrillera denuncié, arriesgando, vida personal y fama,  el crimen sacrílego de la tortura física o psicológica. Ahora, cuando  escucho a altos funcionarios  del actual gobierno  hablar de aborto y eutanasia  como medidas saludables para la población, temo que se vuelva a caer en la cultura de la muerte que hemos padecido y se  vuelva a legalizar un  horrendo genocidio en higiénicos quirófanos.  Y cuando, desde  el poder político- de modo programático a partir de lo años 90, se toma el sistema de promocionar la macro economía con desmedro de  la micro economía familiar, denuncio por razón de solidaridad fraterna- todo ser humano es mi hermano- la violencia de la extrema pobreza y el hambre, falta de atención de la salud ó de vivienda digna así como la difusión criminal de drogas y daños insensatos al ambiente natural.- En fin, hago mía  la  definición de solidaridad  de Juan Pablo II en su visita a la Patagonia en  la ciudad de Viedma: “Si hay un hombre o una mujer, un niño, un joven o un anciano, necesitado, un cristiano no puede vivir tranquilo”    

                                                           Teatro Gral. San Martín – Buenos Aires- 8 III 2007,

                                               Miguel Esteban Hesayne Obispo

 

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